Destrucción de bosques en Honduras y América Latina

(Parte 1)

Por José Rolando Sarmiento Rosales

Siendo nuestro país Honduras de vocación forestal, es importante que conozcamos más a fondo de esta materia por su importancia para la vida nacional y de los que aquí convivimos, por ello acudimos a informaciones de organismos especializados que nos hablan de esta materia, en el sector del planeta en que nos ubicamos, donde los bosques comprenden un 46.4 por ciento de América Latina y el Caribe. En total hay allí 935.5 millones de hectáreas de bosques y selvas, un 22 por ciento del área boscosa total del planeta, de acuerdo con cifras de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en su informe “El estado de los bosques”, de 2018. Según ese informe, Latinoamérica es una de las tres regiones del mundo donde más avanza la deforestación. Entre 1990 y 2015, la superficie forestal de la región perdió 96.9 millones de hectáreas. La principal causa de la pérdida de bosques en la región es la actividad maderera y la agropecuaria.

Y a propósito de la amenaza de los incendios en esta parte del mundo y lo que ocurre en varios países suramericanos, incendios en la Amazonía “no son nada nuevo”, a pesar de que los incendios en la Amazonía aumentaron un 85 por ciento, como tampoco lo son en el Cerrado brasileño ni en la región del Chaco. “Este año no se dio un pico máximo histórico de fuegos en la Amazonía. En otros años se produjeron más fuegos y más deforestación”, explica Ignacio Gasparri, investigador argentino del Instituto de Ecología Regional del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas. “Lo que pasa es que se está revirtiendo la tendencia de Brasil”, que estaba reduciendo su tasa de deforestación a pesar de aumentar su producción agroganadera. El dilema de los bosques latinoamericanos sigue siendo el mismo, apunta: por un lado, proveen de recursos al hombre, pero su explotación extrema los está haciendo desaparecer.

Pero la deforestación afecta no solo a la Amazonía, sino también a la ecorregión chaqueña, de 1.1 millones de km2, que se extiende desde el noroeste de Argentina hacia Paraguay, Bolivia y una pequeña porción de Brasil. En Bolivia, los incendios acabaron con la vegetación de cerca de 1.5 millones de hectáreas, 900,000 de ellas en zonas protegidas de bosques. En Paraguay, se deforestaron cerca de 62,000 hectáreas entre agosto de 2017 y agosto de 2018 debido al aumento de la actividad ganadera para producir carne de exportación. Recientemente, los fuegos hicieron desaparecer más de 350,000 hectáreas en la zona cercana a la frontera con Bolivia. En Argentina se da un fenómeno similar al de Paraguay, ya que hubo a partir de los años 90 “un gran incentivo para deforestar” con la llegada de los cultivos transgénicos. La Secretaría de Ambiente argentina estima en 300,000 hectáreas anuales en promedio las pérdidas de los últimos 15 años.

Según datos de Global Forest Watch, los bosques secos del Chaco perdieron casi 10 millones de hectáreas de cobertura arbórea entre 2001 y 2017. “En este momento en el que todo el mundo se enfoca en el Amazonas, es importante recordar que hay otros ecosistemas, lindantes con este, que son muy extensos, como el Chaco y el Cerrado, y que allí hay menos territorios protegidos que en la Amazonía, por lo cual el desmonte avanza mucho más rápido. Ambas regiones boscosas son muy importantes, en especial en lo referente a la biodiversidad y al C02 que almacenan”, subraya en entrevista con DW el profesor Tobias Kuemmerle, de la Universidad Humboldt de Berlín, quien lidera el proyecto PASANOA, que se ocupa de estudiar a través de imágenes satelitales los cambios en los bosques de la región chaqueña y sus efectos en la conservación de especies y la biodiversidad, con la participación del Conicet de Argentina. “Mientras las tierras planas en Sudamérica, e incluso bosques no tropicales y húmedos, sufren por una expansión de la agricultura y la ganadería, los bosques andinos, por el contrario, están viviendo un proceso de recuperación. Eso está vinculado a cambios en la economía y a la migración rural y urbana”, añade, por su parte, Ignacio Gasparri.

Áreas boscosas que ya han sido taladas son más vulnerables a los incendios. En Bolivia, muchos de estos se produjeron luego de que el presidente Evo Morales promoviera una legislación que autorizaba la producción agrícola de tala y quema: parcelas boscosas son deforestadas para abrir espacio a nuevos terrenos cultivables. Morales fue acusado de lentitud en la reacción para contener los incendios.