Por Nery Alexis Gaitán
Orlando Zelaya Medrano, totalmente desconocido hace algún tiempo, pasó a tener cierta notoriedad (y no una gran popularidad) cuando se le ofreció ser el candidato presidencial del Partido Liberal. En ese momento se pensó, que siendo un académico, con trayectoria universitaria, sería capaz de revitalizar al Partido Liberal.
Pero la realidad es que mostró un proceder desconocido hasta el momento, de cargar una prepotencia elevada al cuadrado, una intolerancia extrema y una total incapacidad para analizar y entender los pormenores de nuestra política. Su llegada al liberalismo marcó la ruta de la peor derrota que ese partido ha sufrido en los tiempos modernos.
Al creerse “el elegido celestial” empezó por desconocer la trayectoria de verdaderos líderes, puso a sus allegados en puestos clave y dictatorialmente empezó a ordenar lo que según él era lo correcto hacer para ganar las próximas elecciones. En síntesis, llegó a dividir al Partido y a crear molestias de todo tipo, sobre todo porque los desplazados gozaban de calor popular.
Su accionar como candidato se caracterizó por ir de torpeza en torpeza. Veamos algunos ejemplos. Se convirtió en caja de resonancia de la oposición izquierdista, apoyando su agenda política desestabilizadora. Pidió perdón por los acontecimientos del 28 de junio del 2009, como que si los liberales hubieran sido los culpables de haber defenestrado a Manuel Zelaya, quien según la Constitución ya había perdido la presidencia. No presentó ningún plan de gobierno que le interesara a la población. Ignoró a la juventud y no les presentó ninguna alternativa de incorporación al liberalismo.
Jamás ha entendido que el Partido Liberal es de tendencia democrática y que defender nuestro sistema de vida es una prioridad. Y que se deben respetar y reforzar las instituciones democráticas. Y que la violencia política, que él ha apoyado, solamente amarguras le produce al pueblo hondureño. Asimismo, querer que el Partido Liberal no tuviera representantes en los nuevos organismos electorales, solo deja entrever que no está interesado en el mejoramiento del proceso eleccionario y, por lo tanto, de Honduras.
Al ser un “académico” (así, entre comillas), se creyó que haría profundos análisis sobre la realidad política, económica y social del país. Pero, su desvinculación de la realidad, al no entender los entramados de la política vernácula, y no buscar asesorarse, solo evidencia una torpeza extrema. Nuestro pueblo diría, ante su evidente incapacidad profesional, que “le faltó pupitre”.
La vida pública o privada de cualquier líder político siempre es de interés nacional. Y sobre todo si es un candidato presidencial, así Orlando Zelaya debió ser prudente en su accionar familiar. Pero, que su propia madre lo denuncie porque la quiere dejar en la calle y quitarle los pocos bienes que le dejó su esposo, solo habla de alguien sin corazón misericordioso y de paso exageradamente avaro. Para que se asesore un poco sobre el tema le recomiendo lea mi libro de cuentos “Antología de la ingratitud”.
El rechazo que ha generado en el pueblo ha sido y es muy grande. Eso lo pudimos evidenciar en su deseo de congraciarse con los manifestantes de El Hatillo, que protestaban por un proyecto habitacional que a todas luces es nocivo para la ciudad. Dicho señor fue declarado “non grato”, lo abuchearon e insultaron y sus guardaespaldas lo tuvieron que sacar corriendo de ahí.
Los extravíos con sabor a traición hacia los hondureños y el sistema democrático, han sido la norma de este advenedizo en política que nunca ha entendido que se debe unir y no dividir. Sobre todo a un partido de amplia raigambre, tradición popular y democrática como es el Liberal.
Al haberse hecho acreedor de la mayor derrota que ha sufrido el liberalismo, lo justo, lo correcto, con sabor a dignidad, hubiera sido que renunciara inmediatamente al CCEPL. Pero ahí sigue, indignamente…