Libre y sus motines

Por Armando Cerrato 

El pasado 15 de septiembre se conmemoró el 198 aniversario de la independencia de Centroamérica de España y mientras miles de estudiantes de secundaria, bomberos, reservistas, cadetes de tresa academias y pelotones de Policía Militar y del Orden Público integraban el desfile oficial, la fuerza política opositora agrupada en el partido Libertad y Refundación (Libre), marchaba paralelamente, mientras sus participantes provocaban a las fuerzas antimotines que resguardaban puestos claves que daban acceso a la marcha cívica organizada por el gobierno.

La provocación degeneró en un enfrentamiento campal entre los de Libre y la Policía Militar y del Orden Público con saldo de varios heridos de ambos bandos y la afectación indirecta de transeúntes, vendedores ambulantes y el cierre de negocios a lo largo de la ruta trazada por los revoltosos y que comprendía el recorrido de varios kilómetros a lo largo del Bulevar Morazán hasta llegar a la Plaza Central de Tegucigalpa.

Los manifestantes fueron dispersos a puro gas lacrimógeno pero lograron su objetivo de reagruparse aunque mínimamente a un lado de la plazueleta central, donde armaron mitin en cuyo discurso especialmente del coordinador de Libre José Manuel Zelaya Rosales, se habló de mantener un estado de insurrección permanente contra el gobierno legítimamente establecido del nacionalista Juan Orlando Hernández Alvarado a quién él considera un dictador y usurpador.

Zelaya Rosales no abandona su posición de victima al haber sido defenestrado del poder el 28 de junio del 2009 a tan solo seis meses para terminar su mandato presidencial por el partido Liberal de Honduras, mismo que ahora él está empeñado en que desparezca de la palestra nacional tras haberlo dividido al formar Libre.
Comandos insurreccionales de Libre tomaron varios tramos carreteros obligando a los conductores de rastras a atravesar a lo ancho de la carretera sus pesados vehículos, mientras provocaban a las fuerzas enviadas para desalojarlos y despejar las vías y permitir el libre tránsito, factor fundamental para el funcionamiento integral formal y eficaz de la economía nacional.

Mientras tanto en el desfile oficial no hubo actos negativos que lamentar y el fervor cívico de los participantes se tradujo en una enorme demostración de identidad nacional, que demuestra que en la juventud hondureña aún existen valores morales y culturales que devuelven la confianza a la sociedad nacional de que el futuro de Honduras es prometedor y que puede llegar a inscribirse en el libro de las mejores sociedades del mundo.
Destacaron en el desfile las bandas marciales y de guerra, las palillonas, pomponeras, cuadros de excelencia académica, pelotones de estudiantes y muchos de ellos luciendo orgullosamente símbolos patrios tales como: guacamayas, orquídeas, la Bandera, el Escudo Nacional y leyendas alusivas a la paz, el orden y la justicia.
Los desfiles no solo se realizaron el 15 de septiembre, si no que comenzaron desde el uno de septiembre con la marcha muy distinguida de los niños de kínder y en días posteriores de los de pre-básica y luego los de los centros básicos, todos ellos auxiliados por las bandas de los institutos de segunda enseñanza, cuyos miembros parecen incansables y tuvieron una participación excelente en honor a la patria.

Las Fuerzas Armadas de Honduras realizaron actos internos en conmemoración, no solo a la independencia, sino también a la memoria del comandante del Ejército aliado protector de la ley que luchó por la unidad de las cinco provincias de América Central, el General hondureño José Francisco Morazán Quezada, quien tras una gesta heroica de varios años fue traicionado y fusilado en san José de Costa Rica un 15 de septiembre del 1842.
Sin los disturbios provocados por Libre las celebraciones cívicas hubiesen sido perfectas, pues la juventud hondureña, gusta de las mismas y las disfruta al máximo, correspondiendo al esfuerzo paterno que no solo es económico, sino también físico, puesto que desfila junto a sus vástagos para auxiliarlos en cualquier eventualidad y protegerlos de los muchos ociosos que nunca faltan en estas actividades y cuyas acciones siempre van dirigidas contra el sector femenino.

Las estaciones de televisión hicieron un gran esfuerzo por cubrir las actividades cívicas en todo el territorio nacional en una labor loable, pero que deberá perfeccionarse en un futuro no muy lejano, puesto que la transmisión no es para que se luzcan ni se exhiban los destacados a cubrirlas, interrumpiendo el desarrollo de la marcha para preguntar sandeces a los participantes y espectadores, pues los telespectadores en lo que están interesados es en el desfile mismo.

Licenciado en Periodismo