Haz lo que yo digo no lo que yo hago

Por Boris Zelaya Rubí

“Esta es una de las pocas frases en primera persona que se suele decir por la espalda, como un reproche inmenso a la hipocresía, la mentira y la desfachatez…”.

El encabezado de este escrito de opinión, ha sido aplicado por el vulgo a los que han ocupado un púlpito de iglesia católica o evangélica, por algunos malos “celebradores” de la palabra de Dios, que se han aprovechado para acumular dinero y cometer abusos sexuales. Nosotros lo adaptaremos a nuestros políticos y sus promesas de campaña, así como para señalamientos al partido contrario cuando está en el poder, al cual le achacan la culpa de todo lo malo que le ocurre al país.

Cuando en un gobierno se impone la ambición, cediendo ante las injustificadas presiones violentas de la oposición, está demostrando una fragilidad del mando que le otorgó el pueblo. Hay demagogos que justifican la acción alegando que es por tolerancia y sacrificio para la tranquilidad de los ciudadanos, tratando de ocultar su incapacidad de resolver los conflictos como lo señala la ley. Les falló la estrategia basados en el refrán popular que dice: “Tiradle un hueso a un perro y verás que ¡no muerde ni ladra!”

Las “negociaciones o repartincina”… perdón, la selección que realizaron los partidos políticos, se suponía que era el final de las moloteras y bochinches callejeros, llámense plataformas, asambleas informativas y marchas insurreccionales. Pero no fue así. “Todavía escuchamos voces, increíblemente, de aquellos que no reconocen a las instituciones, por lo que a quienes se encuentran en esta circunstancia de rechazo y no saber que estas son producto del esfuerzo de todos los gobiernos, debe aplicarse siempre la ley, porque esta debe estar por encima de caprichos personales y liderazgos que llevan al fracaso y al retroceso”.

Hemos escuchado a unos “pichones de buitres” incitar a los tirapiedras, para que participaran en las marchas de los días patrios, y de esta manera manchar la celebración e impedir el júbilo del evento. Son los que aprendieron de aquellos que con huelgas de hambre simuladas y tiendas de campaña, lograron llamar la atención y sin visitar las aldeas y caseríos de los municipios lograron diputaciones y colarse en organismos internacionales, con jugosos sueldos que ni que juren y perjuren, creeremos que comparten algo con los pobres que engatusaron. Pregonan como clásicos ñangaritas, que con ellos en el poder ¡se acabará la miseria! ¿Acaso se los enviarán a Trump? Desde ya los responsabilizamos por cualquier daño a las personas o los bienes que resulten producto de sus acciones vandálicas. El pueblo los repudiará.

Con los acuerdos pactados “democráticamente”, logrando que sus achichincles participen en los organismos electorales, nos preguntamos ¿a quién culparán por la futura derrota? Como consecuencia de ello, los guardianes del orden seguirán recibiendo turuncazos mientras estos, solo hacen toser a los vándalos pagados. Qué lástima que no existe la reencarnación ni la posesión, para volver a tener un héroe de la democracia como el general Gustavo Álvarez Martínez (Q.D.D.G.), pero la paciencia tiene un límite y la seguridad de los ciudadanos, es una de las principales tareas del gobierno.

En ocasión de las fiestas patrias, le pedimos al Gran Arquitecto del Universo, que cese el odio y la división de la familia hondureña. Que ningún candidato de partido político tratando de sumar prosélitos, culpe al Presidente hasta por la escasez de agua en la capital, y que a falta de los medios económicos para utilizarlos en su campaña política, lance llamaradas de rencor y señalamientos mentirosos como una fórmula mágica para seguir con la tarea heredada de hacer dinero fácil y sin riesgo, para disfrutar de la obediencia de sus súbditos como si fueran esclavos.

De rodillas solo para orar a Dios.