Dentro del bicentenario

Por Juan Ramón Martínez

El anuncio que nos “acercamos al bicentenario”, solo es válido en términos cronológicos. Da la impresión como que el bicentenario fuese algo externo a los hondureños; que no tiene nada que ver con sus vidas. De repente, inconscientemente, muchos se imaginan fuera de la historia. Incluso, algunos sectores preteridos, se consideran, víctimas de la historia. En Olanchito, algunos profesores, –lectores incipientes del materialismo histórico–, nos enseñaban que la marcha de la historia era tan mecánica, fuera de nosotros y con rumbo determinado, que no teníamos otra alternativa que colgarnos de sus pescantes. O que nos arrollaría. Por ello es que muchos, con inocencia infantil, se preguntan si somos independientes o no. Pero, sin asumir responsabilidades. Y sin imaginar siquiera que la suma de los hondureños independientes, es lo que configura la Honduras, independiente, libre y soberana. El concepto correcto, tiene que hacer sentir a todos los hondureños, que somos nosotros sin excepción, los que dentro del tiempo histórico, hacemos historia. En consecuencia, el Bicentenario de la Independencia, es una celebración en la que compartimos, todos sin excepción, vergüenzas, alegrías y éxitos; hacemos cuentas de lo hecho –bueno o malo– por las generaciones del pasado y por nosotros, valorando el presente, encontrando en él, desde las coordenadas de lo logrado y lo dejado de hacer, las metas del futuro.

Con esta perspectiva incluyente, el bicentenario no será una celebración del Gobierno Central tan solo, sino que de todos los grupos y sectores integrantes de la comunidad nacional. Y que, por ello, en vez de empezar desde la capital, se originará en el municipio, con sus respectivas aldeas y caseríos, los que elegirán el comité departamental. Los 18 comités departamentales, elegirán el comité nacional que dirigirá la conmemoración del bicentenario. En los comités municipales, departamentales y nacionales, estará representada la sociedad civil, las autoridades locales y departamentales. Estos comités programarán las actividades con las cuales construir la memoria colectiva local, departamental y nacional y erigir aquellos monumentos y, edificios, con los cuales dejar constancia para las generaciones futuras, la forma cómo celebramos, el bicentenario de la independencia.

Del primer centenario de la independencia solo queda una obra física en todo el territorio nacional: El Obelisco, construido en el parque que lleva el mismo nombre en Comayagüela, que para entonces, era el límite de la ciudad. El Obelisco, que ha resistido los embates del tiempo, la desidia y falta de interés por su mantenimiento, se mantiene recto e invicto, retando los años, resistiendo los vientos y las agresiones. E incluso el pillaje de los irresponsables que han dañado los escudos de las repúblicas hermanas y el de Honduras, colocados en cada una de las caras del pentágono que le sirve de base. Solo en la memoria de algunos, queda el recuerdo que el 15 de septiembre de 1921, cuatro países (Honduras, Nicaragua, El Salvador y Guatemala) acordaron reconstruir la Federación Centroamericana y eligieron como capital de la misma, a Tegucigalpa. Un golpe militar en contra del presidente de Guatemala, echó por los suelos el más serio de los intentos de reconstruir la patria común, que los caudillos aldeanos destruyeron a finales de la década del treinta del siglo XIX.

Ahora, en esta oportunidad en que no hay condiciones para repetir el esfuerzo de los gobernantes centroamericanos de 1921, creemos que le debemos dar la oportunidad a los pueblos para que expresen sus sentimientos, compartan sus memorias colectivas y asuman, con orgullo, las responsabilidades de enjuiciar el presente y proyectar las metas del futuro. Para ello, aquí convocaremos a todos los gremios, universidades y colegios, desde los más encumbrados hasta el más humilde, tanto para hacer entender al pueblo que es el autor de su propia historia, como para forjar la unidad nacional, necesaria para que el país no se nos vaya de la mano y la patria común, la casa de todos, se convierta en un infierno que nos expulsa hacia otros territorios, en donde nos rechazan. Los únicos que no permitiremos, será a los políticos en campaña y a los sectarios expertos en dividirnos. Ellos estarán luchando por el poder, en las elecciones del 27 de noviembre de 2021. Nosotros, ante sus embates, mantendremos la unidad de Honduras, para que sus peleas no nos enfrenten como enemigos, los unos en contra de los otros.