Revuelo en La Tigra

Por Mario E. Fumero

No cabe duda que el reclamo de todos los pobladores que circulan alrededor de la montaña de La Tigra, principalmente de las aldeas humildes, expresan su voz de protesta contra los poderes dominantes que económicamente quieren establecer una gran colonia en las faldas de dicha área protegida. Hemos visto cómo en el pasado se han incendiado zonas que después se han limpiado de forma premeditada, para después dar paso a urbanizaciones, afectando el ecosistema que rodea la capital de Tegucigalpa.

Lentamente hemos visto cómo la zona de El Picacho, que conecta hacia la montaña de La Tigra, se ha ido poblando, dejando la montaña desprovista de su vegetación de bosque, lo cual origina una serie de fenómenos ecológicos como son los deslaves, la falta de lluvias, el aumento de la temperatura y lo más terrible, la contaminación del aire, producida por los vehículos que circulan en la capital, ya que los árboles son los pulmones de la naturaleza que nos proveen de oxígeno.

Nuestro Proyecto Victoria se encuentra en la zona de Cofradía, al lado opuesto de La Tigra, y hemos visto cómo las fuentes de agua que abastecen todas esas aldeas han mermado notablemente. Uno de los factores que ha desencadenado la crisis es la destrucción de los bosques por el gorgojo, los incendios, que muchas veces son intencionados, y la tendencia a convertir la zona de bosques en colonias habitacionales para la gente pudiente.

Creo que es incorrecto el bloquear las calles, pero a la gente humilde no le queda más remedio que hacer sentir su voz, haciendo este tipo de presión no justificable, pero a veces necesaria, ya que de otra manera no se les escucha, porque no cabe duda que detrás de ese proyecto habitacional en las faldas de las montañas de La Tigra hay muchos intereses económicos poderosos, que sin pensar en el futuro de la gente humilde, pueden afectar el ecosistema y el abastecimiento de agua para la capital.

No se debe permitir bajo ningún criterio que las zonas pobladas de pinos se conviertan en colonia, y más bien, es de una imperiosa necesidad que se reforesten todas las montañas circundantes a la capital, para que así, los árboles llamen al agua y no padezcamos la tremenda sequía que actualmente confrontamos.

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