“SE hace saber –suenan las alarmas del SANAA– que, debido a la falta de lluvias, los niveles de agua de los embalses Los Laureles, La Concepción y la Fuente La Tigra, se mantienen bajos y se están implementando medidas regulatorias de control del servicio de las reservas existentes”. Avisan –a propósito de las fiestas patrias– que, comenzando hoy lunes de esta semana, el servicio que depende de La Concepción y Los Laureles se ofrecerá “solo una vez a la semana”. Igual la distribución de la planta de El Picacho se mantiene por cada 7 días. Y todavía con esta crisis –lo que ha revuelto a los pobladores de la vecindad– no hay empacho en extender permisos de construcción de complejos residenciales en La Tigra. La otra mitad de la población que no cuenta con pegue al SANAA puede seguir cargando a tuto sobre sus doloridas espaldas las pesadas cubetas para llenarlas en los charcos contaminados, las escuálidas quebradas, los contados pozos, o esperar los carros cisterna si es que llegan una vez al mes. (Faltó decir en el comunicado que en el campo –de la agricultura rudimentaria, pese a que hace tiempos los que cosechan en el desierto descubrieron el riego por goteo– sigan rezándole a San Isidro Labrador).
¿Cuál sería el plan B ante la eventualidad de un agravamiento de las crisis? ¿Resignación cristiana? ¿Alegrarse que cada año salen con el mismo cuento de nuevas represas para la capital? El exgerente del SANAA y segundo a bordo de la Alcaldía Municipal se fue debiéndole al amable público capitalino las represas prometidas. Desapareció del radar hasta que sorpresivamente asomó el cacho en San Pedro Sula anunciando su candidatura a la alcaldía en la ‘Ciudad de los Zorzales’. Quizás haya un plan oculto para mandar agua que abunda en la costa norte a la capital, por medio de gigantescos acueductos que comuniquen ambas ciudades. Hoy, ante la emergencia y el inminente patatús del público capitalino deshidratado por falta de agua, ofrecemos la cronología del cuento viejo: 9 de enero del 2017: “Antes del mes de marzo, la alcaldía capitalina asumirá el manejo del acueducto metropolitano que está a cargo del SANAA”. “El jefe de Infraestructura de la comuna y gerente del SANAA, Roberto Zablah, confirmó que se trabaja en suplir la demanda a través de cuatro represas, una en el río Jiniguare, en Ojojona; otra en el río del Hombre, otra en el arroyo Sabacuante y una más en Tatumbla”. Transcurrió todo el año y nada. Dos años después. 18 diciembre, 2018: “Las autoridades municipales anunciaron que para febrero del 2019 se llevará a cabo la licitación para edificar dos nuevas represas y optimizar el servicio de agua potable en la capital”. “El gerente del SANAA confirmó que el financiamiento de las obras, será concesionado por 25 a 30 años, ante un oferente particular”.
Pasaron los meses. Febrero 11, 2019: “Autoridades de la AMDC prevén iniciar, en los próximos días, el proceso de licitación de dos proyectos, uno es el desvío de corrientes de agua hacia el embalse La Concepción y otro es la construcción de una nueva represa en la cuenca del río de Ojojona en Jiniguare”. El alcalde, Nasry “Tito” Asfura, adelantó que “los nuevos proyectos hídricos aportarán a la oferta actual un metro cúbico más para mejorar los sistemas de suministro del vital líquido en Tegucigalpa y Comayagüela”. 30 de agosto del 2019: “Sedienta de lluvia la capital”. “Solo hay agua para septiembre”. “Copeco pronostica lluvias que llenarán los embalses”. Nada. Sin embargo, que nadie vaya a sufrir taquicardia. Lo dijo el alcalde. “El 15 de noviembre abrirán las ofertas de la primera represa de La Tigra que dará 4 millones y medio de metros cúbicos”. Solo una advertencia técnica. “Los procesos de licitación, construcción e incorporación de nuevas fuentes de agua podrían tardar mínimo tres años”. Están avisados, entonces. Para que aguanten con paciencia franciscana y sin quejarse tanto, todo este tormento provocado por el colapso de las fuentes de vida del hormiguero capitalino. Los groseros racionamientos, para que sepan, continuarán hasta mayo del próximo año.