“YA VIENE EL CORTEJO”

LAS marchas triunfales del 15 de septiembre de cada año, se han vuelto una tradición en diferentes ciudades del país, especialmente en las proximidades del Estadio Nacional en Tegucigalpa, en donde las instituciones de educación secundaria lucen sus mejores galas desde todo punto de vista. Las bandas marciales, los vistosos uniformes, las palillonas, las pomponeras, las espadas relucientes, los grupos acrobáticos y las escenificaciones inesperadas, compiten por llamar la atención y colocarse en los primeros lugares.

Es imposible negar el deseo de los padres de familia por ver a sus hijos e hijas en los desfiles. De ser posible frente a las cámaras de televisión. O en los reportajes periodísticos del día siguiente. Pero por encima del deseo de los padres de familia se imponen los intereses de los hijos, especialmente del sexo femenino, en materia de lujos, extravagancias  y festejos. Y como si la cosa fuera poca, las academias policiales y militares también se pavonean de lo lindo frente a las multitudes. Inclusive en torno de las estatuas de algunos personajes históricos, ocupando el primerísimo lugar Francisco Morazán Quesada. A los desfiles se suman las acciones espectaculares de los paracaidistas, más los veintiún cañonazos de salvas en el cerro Juana Laínez.

Todo esto es parte del festejo de las fiestas patrias. Sin embargo, la mayor parte del pueblo hondureño, y de los mismos estudiantes, desconocen los sucesos reales que estamos conmemorando. Se ignora, por ejemplo, que los preparativos ocurrieron con dos meses de anticipación al 15 de septiembre de 1821. Las familias criollas más importantes y pudientes de la Capitanía General, estaban concretamente interesadas en promover un proceso independentista pacífico que las mantuviera en el poder. A tal grado que el 14 de septiembre por la noche, algunos de los jefes de aquellas familias anduvieron de casa en casa, bajo un aguacero, convocando a los habitantes para que al día siguiente llegaran a la plaza pública, frente al Palacio del Ayuntamiento, a calorizar la redacción del documento central y “la jura de Independencia”, tal como consta en los archivos documentales.
La reunión de los verdaderos próceres de la Independencia estuvo integrada por abogados, representantes de la jerarquía eclesiástica, autoridades de la Audiencia y del Ayuntamiento, algunos intelectuales y por el famoso Capitán General español. Cualquier cosa se puede decir en torno al contenido anodino del “Acta de Independencia”. Pero hay algo que quedó muy claro respecto del futuro inmediato y de largo plazo, y es que la Corona de España dejó de gobernar para siempre sobre estas provincias. Luego hay cinco puntos especiales (desde el segundo hasta el sexto) en donde se convoca a elección de diputados o representantes de las provincias, para organizar el Congreso, elaborar una ley y determinar la forma de gobierno que regiría los destinos patrios. La Junta Provisional Consultiva quedaría integrada, entre otras personalidades, por José Cecilio del Valle, como representante de Comayagua, razón por la cual podría afirmarse que desde aquel momento se estaba pensando en una forma republicana de gobierno, con algunos ingredientes de elección democrática, en tanto que el mismo documento de Independencia invitaba a los afrodescendientes a participar en las elecciones.
Que “los rostros de rosa” de las más bellas mujeres aludidas en la “Marcha Triunfal” de Rubén Darío, el gran poeta nicaragüense, no signifiquen ningún obstáculo para reflexionar en serio sobre los acontecimientos inolvidables del 15 de septiembre de 1821. Ni mucho menos sobre el “Decreto de Independencia Absoluta” del primero de julio de 1823.