Por: Juan Ramón Martínez
Después de “El Poder del Perro”, en que muere Raúl Barrera a manos de su hermano Adán, en un acto “humanitario” y caritativo, para que no siga sufriendo los balazos que le había inferido un cuerpo especial privado organizado y dirigido por la DEA, don Winslow, – posiblemente uno de los mejores autores de novela negra de estos tiempos– en su segunda novela de tres, “El Cartel”, nos introduce en un mundo en que después de cada página, cae la sangre a la tierra, en una lucha a muerte entre los diferentes carteles de la droga que, se disputan – palmo a palmo — el territorio de México. El Cartel del Golfo, el de Sinaloa, Los Zetas, Nueva Generación, la Familia de Michoacán y otros más, luchan palmo a palmo, en una pelea fiera, carnívora y despiadada, típica de combates en guerras regulares. Pero en la que no hay sensibilidad humana y respeto por el otro, o piedad; ni tregua alguna. Por ello es que, si en “El Poder del Perro”, la violencia es una constante, aquí en “El Cartel”, se trata de una verdadera guerra a muerte en la que los grupos organizan “ejércitos” formales, compran a la Policía Federal, a la municipal y al Ejército, y pagan a los periodistas, para defender o expulsar de los territorios en donde el narcomenudeo y la exportación de la droga a los Estados Unidos y Europa es el negocio más rentable de la tierra. Después del tráfico de armas, por supuesto. Y lo hacen sin compasión alguna, en un ejercicio sádico en que, por momentos, el lector tiene la tentación de dejar la lectura, avergonzado de tanta violencia y agobiado por la falta absoluta de respeto por la vida. Pero la prosa es brillante, la descripción es precisa y como tiene un sentido periodístico, – verdadera crónica, con datos puntuales y coincidencias con las noticias internacionales que recibimos — el lector vence las debilidades y los ascos; y llega, cansado pero satisfecho, con un poco de vergüenza por haber sentido gusto por la violencia, a la última página. Winslow es un gran escritor, uno de los mejores narradores de este tipo de obras. Y muy informado sobre el tema, en razón de lo cual ha recibido premios en la especialidad de la novela negra. Son cerca de setecientas páginas, de un tamaño mayor que “El Poder del Perro”, con información puntual, periodística tipo reportaje, con acciones ubicadas en lugares conocidos y con personajes que se mueven en los extremos de la crueldad y el idealismo y la ternura que, estremecen también.
Igual que en la novela anterior, los dos personajes principales, son Adán Barrera y Artur Keller, luchando como fieras por momentos, y en otros, aliados de ocasión para eliminar carteles a cambio de ciertas condiciones de complicidad para operar, dentro de una paz regulada y en la que, no hay competencia, sino que complacencia a cambio de eliminar a los enemigos.
Barrera es capturado y enjuiciado en Estados Unidos, pero sus abogados logran que pueda ser trasladado a una cárcel mexicana, a terminar de cumplir su pena, de donde se fuga y reconstruye, sobre mejores bases, su entramado delincuencial, aumentando sus negocios y mejorando los mecanismos de ingreso de la droga a los Estados Unidos, en donde ansiosos y suicidas compradores, pagan muchos millones de dólares diariamente por el beneficio de una “felicidad” ficticia que produce su consumo. Keller que se ha retirado a un convento benedictino en donde se dedica a manejar las abejas de un colmenar, es descubierto por los seguidores de Barrera en el ánimo de cobrarle por haberle capturado. Keller sabe que no puede dejar la lucha y se incorpora de nuevo a la DEA en donde, sin dejar de ser el lobo solitario de siempre, empieza a mostrar señales de obediencia a las reglas y a las órdenes de sus superiores. Señales que, solo son indicativas de cambios en la búsqueda de vengarse de Barrera, porque es el responsable de la muerte de Bernie Hidalgo. Y eso no lo olvida jamás.
Pero además, en el curso de la novela, uno puede ver espantado, como van cambiando los mecanismos estratégicos de lucha de los Estados Unidos y el gobierno de México que, convencidos que después que capturan y encarcelan a un jefe del cartel, inmediatamente vienen los sucesores que con más ímpetu, incluso aumentan las cantidades de droga que introducen a los Estados Unidos y estimulan a la producción en Colombia especialmente, modifican su estrategia: en vez de capturar a los jefes, la metodología es la supresión física, la muerte de los líderes de los carteles, bien en forma directa, o por medio de la contratación de soldados de fortuna que, al no estar vinculados con las acciones oficiales, actúan sobre el terreno sin dejar rastro alguno. De forma que aquí, como en una guerra regular de posiciones, cada grupo cuenta los muertos del enemigo, como fórmula de conocimiento de hasta donde lo está debilitando. Y con el cambio de gobierno en México, – entre Fox y Calderón– se logra una modificación de la calidad de los recursos humanos empleados en la lucha, menos vulnerables a la corrupción como hasta entonces había sido el comportamiento de los policías municipales, y federales. E incluso, entre los principales miembros de la oficina nacional de lucha en contra de la droga. La solución es la militarización de la lucha, haciendo responsables a los miembros de la Marina, menos vulnerables a la compra y la manipulación, del eje central de la accion.
En esta lucha a muerte, no hay límites. Un niño de once años, destaca por su frialdad para matar. Justificando las muertes incluso con citas bíblicas y cultos surrealistas como el de a la “Santa Muerte”. Caen madres inocentes en el mismo velatorio de sus hijos, soldados caídos en la lucha en contra de los carteles que de este modo, se vengan por la muerte de los suyos. Los periodistas, enfrentados en la ciudad de Juárez y El Paso, que son los escenarios principales de la bárbara lucha entre carteles, no pueden ser neutrales, porque los compran; o los matan. O una médico rural que por idealismo, no deja a sus pacientes en una comunidad extrarradio de Juárez y es víctima de un atentado del cual sobrevive apenas, maltrecha con sus capacidades digestivas limitadas y eliminada su capacidad para ser madre. Y que, en forma coincidente, es el amor de Artur Keller, que desbocado, se ha transformado de meticuloso y vengativo, en un verdadero asesino que, en efecto, honra su apodo de “Killer” (asesino) Keller. Pero este amor, que sobrevive a la violencia más cruda, es apenas un fulgor breve de esperanza, en una lucha en que es imposible llevar la cuenta de los muertos.
Al final, en la lucha se enfrentan a una suerte de empate entre Los Zetas y Adán Barrera que se ha aliado con los Estados Unidos y con México. Y con el fin de eliminar a los primeros, montan Keller y un grupo privado, un falso acuerdo en Guatemala, entre los Zetas y Adán Barrera. Pero como aquellos no confían en este, inician un ataque en el cual, buscan eliminar a Barrera que, apenas sobrevive al ataque, y huye a la selva guatemalteca. Hacia donde lo busca Keller, el que al encontrarlo, en vez de ayudarlo, le dispara dos balazos en la cara y lo deja tirado para que los buitres y otros animales de carroña se encarguen de sus restos.
La duda entre los familiares sobre el destino de Barrera, alimenta los mitos y las leyendas. Se dice que ha fingido su muerte. En tanto que la DEA, que “oficialmente” no ha participado en la muerte de Barrera, admite no poder confirmar ninguno de los extremos. En las carreteras, aparecen letreros ¡Adán Vive¡ y los sucesores provisionales, mantienen operando el negocio de la droga cada vez con más eficiencia y ganando más dinero. Al final de la novela, Keller logra trasladarse a su país, los Estados Unidos, en donde huye con su novia, con la cual se casa y parece iniciar una vida de hombre tranquilo retirado de su batallar, a quien las nostalgias de las viejas luchas no lo dejan tranquilo. Mientras los lectores, al final de “El Cartel”, nos damos cuenta que no se quedará tranquilo. Y que don Winslow nos tiene preparada en “La Frontera”, otra salida de Keller a la lucha, esta vez en su país los Estados Unidos, para luchar en contra de los traficantes y los consumidores de la droga que, mata más personas que en cualquiera de las otras guerras en las que ha participado los Estados Unidos. Una novela, en donde los hechos, dolorosamente, se parecen, mucho, muchísimo, a la realidad. Y en algunos casos, como ocurre con “El Cartel”, la novela supera tal la realidad, porque la presenta más condensada y ordenada.