Por: Mario Hernán Ramírez
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Fueron aproximadamente veinte años los que duró este deporte en Honduras, especialmente en Tegucigalpa y San Pedro Sula, donde nacieron grandes equipos de baloncesto que compitieron a nivel internacional, desapareciendo misteriosamente los gimnasios en los que se practicaba este apasionante deporte que tan agradables recuerdos dejó en la mente de quienes tuvimos la oportunidad de disfrutar de sus grandes desafíos, que llenaban los coliseos de aquel tiempo.
En Tegucigalpa existía el gimnasio 15 de marzo, después llamado Rubén Callejas Valentine, el cuál fue víctima de un pavoroso incendio y posteriormente arrasado por la furia del Mitch, ya que quedaba a orillas del Río Grande.
Pero, lo sensacional, lo emocionante, lo grandioso de estos desafíos, lo protagonizaban los colegios de educación media de las dos décadas aludidas de 1940 a 1960, cuando por las noches se desarrollaban los grandes encuentros de tipo colegial entre los formidables sextetos de los colegios San Miguel, Honduras, San Francisco y Central de varones y de señoritas, la siempre invicta Escuela Normal, el Central, María Auxiliadora y Moderno; el Liceo Hondureño no participaba porque las monjas no permitían que sus muchachas fueran a mostrar sus piernas.
Esos encuentros eran algo extraordinario, ya que el gimnasio que tenía capacidad para albergar cinco mil personas, en aquella época no se daba abasto para la gran fanaticada que noche a noche abarrotaba el mencionado gimnasio, para admirar y aplaudir al equipo favorito. Los campeones en sector masculino, casi siempre fueron el San Miguel, Honduras y San Francisco; en el área femenina, la Normal de Señoritas, María Auxiliadora y el Central.
Pero también había equipos profesionales, que cruzaron las fronteras patrias defendiendo los colores nacionales, como el Rápido, el Olimpia y el Honduras que de momento recordamos.
En cierta oportunidad llegó a Tegucigalpa, como parte de su visita a la mayoría de las capitales del mundo, un formidable equipo de baloncesto, procedente de la ciudad de Nueva York, el cual malabarísticamente, hizo micos y pericos, con una destreza que dejó perplejos a los que tuvimos la oportunidad de admirarlos, ya que sus componentes eran unos gigantes de más de dos metros de estatura, todos de la raza negra, que deslumbraron al público capitalino, pues no había equipo alrededor del globo que compitiera con ellos.
El basquetbol al igual que el béisbol fue perdiendo su categoría hasta el punto de quedar prácticamente en el olvido, algunos de sus jugadores aún viviendo solamente del recuerdo y con nostálgicos suspiros añoran aquellos días de gloria llenos de vítores y aplausos que disfrutaron en los centros deportivos construidos para tal efecto. Hoy día, el gran deporte, el deporte rey en Honduras y en una gran cantidad de países, es el fútbol o balón pié, que organiza toda clase de eventos y construye a menudo enormes estadios a cual más sofisticados y con enorme capacidad para albergar al público fanático de este deporte insigne, en los que se invierten toneladas de millones de dólares, los que son reintegrados a sus arcas, pues el fanatismo hacia el fútbol no tiene parangón en la historia de los deportes, desde que en la Grecia antigua se jugaron los primeros partidos.
Lo anterior obedece al deseo de hacer énfasis, en que, el deporte ha servido a través de los siglos para unir a los hombres y mujeres que lo han venido practicando, pero jamás de los jamases para provocar disturbios tan bochornosos, más bien vergonzosos como el protagonizado en Tegucigalpa recientemente, entre los equipos supuestamente de mayor antigüedad que por años habían venido liderando el balompié en Honduras con éxito rotundo, pues sus fanáticos eran eso, fanáticos, pero no enemigos como parece que ahora lo son, al extremo de provocar muertes, heridos y disturbios al por mayor.
Ese bochornoso suceso que desgraciadamente viene a sumarse a los muchos más que nos ponen en la picota del mundo entero, debe desaparecer, y son sus dirigentes los llamados a confraternizar, mediante el diálogo, charlas y talleres que sobre el comportamiento de los públicos debe reportarse en los estadios o cualquier otro lugar donde se escenifiquen juegos de esta naturaleza.
Volviendo al baloncesto, deporte que practicaron magistralmente jóvenes de ambos sexos de las décadas aludidas líneas arriba, lamentablemente solo el recuerdo va quedando, pues no dan señales por ningún lado la construcción de un nuevo gimnasio que antaño no solo servía para el juego de básquetbol sino también para presentaciones circenses, baletistas, malabaristas y una inmensa variedad de espectáculos que las nuevas generaciones no pueden disfrutar, precisamente por la falta de espacios de esparcimiento como fue el Gimnasio Nacional Rubén Callejas Valentine, es cierto, por allí a inmediaciones del anillo periférico funciona el llamado Coliseo y parece que la UNAH también hace su parte con el Palacio de los Deportes, sin embargo, ni el Coliseo ni el Palacio de los Deportes durante los últimos años han ofrecido algo así como el ballet sobre el hielo que alguna vez nos envió el gobierno de Alemania o las maravillosas escenas protagonizadas por artistas chinos de Taiwán, que con su arte milenario extasiaron y embelesaron nuestro espíritu y nuestra mente en un pasado ya días transcurrido.
“Mente sana en cuerpo sano”, practicando cualquier deporte, es el lema de los que financian esta actividad recreativa.