Por: Óscar Fernando Sierra, escritor y actor
APROXIMACIONES DE ALGUNOS APUNTES
Reloj de Arena, símbolo de símbolos en la exangüe concordancia existencial entre la eternidad y su relativismo con el tiempo, el sublime viaje subyacente en la plenitud del otro lado metafísico del espacio. Archi/múltiples viajes que se estelarizan en el vuelco de las verdades cósmicas, cada relato indica el puente hacia otras veredas galácticas cimentadas en la vida terrenal que está opacada por la robotización del hombre.
El tiempo emerge, corrosivo y abstracto, en los anaqueles lejanos del destiempo, el instante es fugaz diría Vladimir Yankelivich. Una mirada filosófica que conduce a las extrañas veredas y riberas de la resurrección ética y amorosa. Siempre, he pensado que la narrativa de Reloj de Arena, es tremendamente estética, por su filial forma de emplear recursos muy de moda en el estilo del siglo XXI, la fugacidad, la fragmentariedad, la ramificación ontológica y el juego del tiempo como tema.
No obstante, no quiero preguntar, dejándome llevar por ciertas disipaciones metafísicas, que en verdad soslayan el problema del “Ser”, porque si en realidad nos compete estudiar el alma, el espíritu, lo angelical, lo divino y lo sagrado como epítomes ocultos en la bisagras de cada texto narrativo.
Esto implica cuestionar el stadium particular que ha atrofiado la existencia del “Ser”, primero nos vamos a la referencia del “Objeto” o de la “Cosa” frente a la existencia y al “Sujeto”, estas relaciones derivan una variedad de implicaciones éticas que apuntan a conceptualizaciones divinas o mitologizaciones convertidas en definiciones marcadas en el “Ser en sí”. Desde ahí, la vida significa seguir el orden que establecen otros seres sin “Ser”, como lo expresa Ortega y Gasset: “La deshumanización, significa la pérdida de la existencia, es dejar que la vida navegue sola como un barco ante los desafíos de la historia, donde define “la teoría de la pérdida” por eso el Reloj de Arena, suelta su clepsidra para conducirnos sin arrogancias a la verdadera proeza de la vida: somos simples mortales.
El humano ha perdido “El Ser” como consecuencia de la dialecticidad entre la materialización del deseo desbordante que le ha exigido la “Realidad sintiente” que produce el sistema económico capitalista, por ello no me basta indicar que la narrativa de Reloj de Arena, no está impulsada por alguna baratija de ideologías, más bien, su única ideología es el bien del universo, el amor, la ternura y la eternidad. Congruencia que se visualiza en el estallido de imágenes de mucha fuerza poética y de realce filosófico.
Reloj de Arena, es un viaje de viajes, no es un regreso a Ítaca, es un viaje inmóvil al fondo del ser humano, de sí mismo. La vida tiene la facultad de la existencia. Pero aún así, la existencia tiene problemas ontológicos, porque es la ponderación de la conciencia sobre el objeto aprehendido, sobre el sujeto confrontado a los dos extremos viables, la vida y la muerte, eso es lo que nos relega el tiempo que subyace en el Reloj de Arena. Por lo que encontramos una lucha contra la angustia del ser.
El eje intermedio es la angustia como percepción primaria del ser humano frente al acto de “vivir- existir”. Me remito a la certeza axiomática expresada por Sartre y Heidegger sobre el ser humano y la conciencia. Sartre, “concibe a la existencia humana como existencia consciente”, eso lo encuentro en el basto dominio reflexivo/estilístico de Reloj de Arena de Nery Alexis Gaitán, un asidero que releva la vida para ascenderla a las más altas elevaciones que tienen su correlación ontológica con el cosmos. Por eso la narrativa de Gaitán, no está acomodada a lo facilesco, es una literatura compleja que conlleva a la incertidumbre como problema existencial eso es = a profundidad en el corolario temático, eso se muestra en el relato “Estación de la esperanza”.
Lo expresado anteriormente, conforta argumentar desde la perspectiva filosófica cómo el personaje Marell, se transforma en un arquetipo de corte cósmico/ficcional que hace de la figura del “tiempo” sea el leitmotiv que hace relevancia en los campos semánticos, para originar brío al relato cuando menciona “vacío sin tiempo”, “en la nebulosa del tiempo” y “ túnel del tiempo” entre otras frases que nos servirán de base epistémica para la interpretación filosófica y fenomenológica del libro narrativo “Reloj de Arena”.
El ser del hombre se distingue del ser de la cosa por ser consciente. La existencia humana es un fenómeno subjetivo, en el sentido de que es conciencia del mundo y conciencia de sí; en este punto se diferencia de Heidegger, quien deja fuera de juego a la conciencia.
Por eso nuestro punto de vista se orienta suspicazmente hacia la visión filosófica que se emana en cada frase, en cada párrafo. Como lo digo al inicio de este capítulo, la angustia es uno de los rasgos distintivos psicopatológicos y filosóficos que han aturdido al hombre moderno. Desde la aparición de la revolución industrial, hay una absoluta pérdida, lo que me lleva a pensar que el “Ser” evoluciona de acuerdo a los parámetros materialistas que circundan el mundo de los medios de producción; desde un capitalismo hegemónico hasta un capitalismo de servicios que ha bombardeado el “Ser”, ha derrumbado la conciencia, y ha automatizado al ser humano en alambres electrónicos, convirtiendo al hombre en un ser robotizado programado y manipulado por las estructuras económicas dominantes.
Es así que Reloj de Arena, es una juntura de relatos que apuesta por la otredad y por otra existencia después de la misma existencia terrenal, donde nos refleja semióticamente que solo somos pasajeros de este plano planetario y que el reloj va supeditando la arena sobre nuestros tejidos, sobre nuestros instantes. Reloj de Arena es la confirmación propicia de Nery Gaitán, como un narrador neonato, lleva el talento en el ADN.