GENERAL GREGORIO FERRERA (1880-1931)

Por: Víctor Manuel Ramos

Mi compañero de escuela y colegio, en Jesús de Otoro y en La Esperanza, condiscípulo de mi hermano Jorge Alberto y también primo lejano por la línea de mi abuelo Camilo Rivera Guevara, el historiador Jesús Evelio Inestroza Manzanárez, ha publicado otra de las obras fundamentales con que, su pluma, ha enriquecido la bibliografía de la historia nacional. Se trata de la biografía del general Gregorio Ferrera, guerrero que influyó en el curso de la vida catracha durante las primeras décadas de la historia de Honduras en el siglo XX. En una de las páginas me enterado de que mi abuelo Camilo Rivera Guevara fue el padrino de la boda del general.

La obra presenta un extraordinario profesionalismo y, me atrevo a firmar, que está escrita con las normas y doctrinas historiográficas modernas: “formarse en consecuencia al estudio comparativo que demuestre el progreso sucesivo de las ideas, la transformación de las doctrinas y los principios y experiencias que se han mantenido estables…” (R. A. Vallejo).

El relato biográfico está basado estrictamente en documentos. Para obtener toda la información, el autor recopiló innumerables documentos, hizo muchas entrevistas a personas que le sobrevivieron y que fueron partícipes de sus actividades guerreras, sociales y políticas, revisó la prensa escrita de la época. En este aspecto, Inestroza es fiel a los postulados del Dr. Antonio Ramón Vallejo, fundador de la historiografía nacional, cuando afirmó la necesidad de escribir la historia basada en “los documentos y estudiar los documentos desde su verdadero punto de vista.”

Inestroza incorpora los documentos que dan sustento a sus afirmaciones. Esto hace un poco más dura la lectura, pero ayuda a asegurarse, el autor, de que su discurso historiográfico y biográfico, está basado en la verdad. En esto también es fiel a la doctrina de Vallejo: “La frecuente reproducción de extensos documentos puede convertir la indagación en un proceso. Busco la verdad y necesito apoyarme en los mismos documentos oficiales. Si me limitara a citarlos, como la mayor parte se encuentran inéditos, no sería posible adquirir certidumbre y con ese fin no quiero omitirlos”… sacrifico las formas literarias a la evidencia de la prueba documentada…”

Inestroza no ha querido escribir una biografía a gusto de un determinado sector político de la colectividad nacional. No solo ha narrado los hechos, los que, como he dicho, están basados en los documentos, sino que también ha hecho interpretaciones importantes que son consecuencia de su apego a la narración de la verdad sustentada en bases de investigación historiográfica científica. “He buscado la verdad en el derecho histórico”, nos ha dejado escrito Vallejo. Y en esa senda se ha conducido Inestroza al escribir su biografía de Ferrara, cuyos acontecimientos, muy recientes, aún podrían provocar enconos en unos o satisfacciones en otros.

El libro caracteriza con mucha maestría la personalidad del biografiado general Ferrera, quien indudablemente dirigió su actividad política y guerrera para satisfacer su aspiración, nunca expresada, de alcanzar la presidencia de la República de Honduras. Su bravura, su habilidad como estratega, su liderazgo indiscutible entre los indígenas lencas de Intibucá y La Paz, le llevaron a pasos de satisfacer su gran aspiración, que no fue lograda porque siempre se interpusieron otras fuerzas que hicieron imposible su ascenso al poder. Sin embargo desempeñó importantísimos cargos, a nivel de ministro, en la administración pública. El enarbolaba la bandera del Partido Liberal, pero como su asesinato se produce en un gobierno liberal, los indios que le profesaban fidelidad incondicional y admiración en grado sumo, no lo pensaron dos veces para abandonar a los liberales y sumarse al nacionalismo para apoyar el ascenso a la presidencia de Carías Castillo, quien posteriormente se convertiría en un dictador que reprimió terriblemente a los indios y les mantuvo en el atraso atroz en que muchas comunidades aún se encuentran.

Ferrera no era indio, pues sus padres eran ladinos terratenientes de la aldea de San Jerónimo, en el municipio de Jesús de Otoro. Sin embargo era ampliamente conocido como el Indio Ferrera. El general no renegó de que se le considera un indígena, por el contrario le satisfacía que le consideraran indio porque era una de las maneras de acercarse a los indígenas, para quienes, también planteaba reivindicaciones, como objetivo de su lucha guerrera y política. Con su tropa de indígenas intibucanos recorría en pocos días el territorio nacional por lo que era muy difícil perseguirlo. Un día estaba en La Esperanza, pero al siguiente se encontraba en Santa Rosa de Copán, luego de un par de días en San Pedro Sula y más tarde en Olancho. Admirable la capacidad de los indígenas de caminar sin descanso. Refiriéndose a ellos, Vallejo escribió: “El indio, a quien se ha supuesto indolente y perezoso, es activo y capaz de los trabajos más duros. Sus brazos son los que rompen las montañas y pulverizan peñas para sacar el oro y la plata que exporta el comercio…”

Inestroza no solo nos muestra al guerrero y político, sino también al hombre común, dedicado a su mujer (doña Luisa de Ferrera, matrona a quien yo conocí en La esperanza) y a sus hijos y negocios. Realmente, el que le tomaran en cuenta para deciciones trascendentales –la guerra o la paz- en la vieja La Esperanza de Intibucá, se debió a que era un comerciante próspero en esa comunidad del altiplano de Eramaní.

En el subtítulo de la obra, Inestroza hace una pregunta fundamental: ¿era Ferrera un auténtico caudillo indigenista o era una pieza del tinglado de las compañías bananeras que dominaron la vida política de Honduras durante el siglo XX? Al final de su vida, Ferrera se había establecido en la Costa Norte y la Compañía bananera, la United Frui Co le adjudicó una finca para trabajar como finquero independiente. Había logrado prosperidad, pero la United pretendía más concesiones, sobre todo desembarazarse del impuesto que el gobierno había creado para el pago del agua utilizada en la irrigación de las fincas. El último levantamiento de Ferrera, quien gozaba de cierto bienestar económico y social, fue incentivado y sostenido económicamente por la United para quitarse el impuesto, razón por la cual la insurrección de Ferrera, que terminó con su asesinato, se conoció como la Revuelta de las Aguas. Con la lectura de este interesante libro, también podemos confirmar el antipatriotismo y sometimiento de nuestros mandatarios a los dictados de la United Fruit Company y al departamento de Estado de Los Estado Unidos, que despojaron al país, con el consentimiento antipatriótico de nuestros gobiernos, de la ribera oriental del río Motagua, cuyo caudal era la frontera con Guatemala.

Inestroza, nacido en Jesús de Otoro, no toma partido por ninguno de los dos caudillos otoreños que fueron protagonistas de las tres primeras décadas del siglo XX: Gregorio Ferrera y Vicente Tosta. Ambos participaron, juntos, en algunas de las revueltas que derrocaron gobiernos, pero también se profesaban mutua desconfianza; en el caso de Ferrera, debe haber sentido alguna envidia porque Tosta llega al ejercicio de la presidencia y a él la suerte le fue adversa.

Al leer los documentos suscritos por Ferrera no cabe la menor duda de que se trataba de un hombre con una sólida ilustración. Había estudiado la secundaria y obtenido el grado de Tenedor de Libros, carrera que más tarde se conoció como Perito Mercantil. Sus documentos están redactados con un lenguaje y una gramática correctísimos que nos lo presentan como un hombre conocedor del idioma. Por otra parte, sus pronunciamientos no son los de un levantisco como nos lo han querido presentar, sino que hay en ellos proyectos de Estado que siguen con vigencia porque no hemos logrado la satisfacción de las necesidades populares y los vicios de la burocracia y la corrupción que vio el general Ferrera. Leamos unos párrafos de uno de sus pronunciamientos: “El período álgido porque venía atravesando la República, de la dilapidación del Tesoro Nacional, de grandes peculados y de una política estrecha y personalista, que para el logro de fines personales, pisotea la ley, conculca el derecho y burla la voluntad soberana del pueblo,….” Al estar acaudillando los poderosos huestes de la revolución, nadie podrá acusarme de estar animado por ruinas ambiciones.” Deseo aclarar enfáticamente, que al triunfar la causa del pueblo hondureño, como triunfará Dios mediante, la norma constante del nuevo gobierno que surja será: el respeto a los Tratados y Convenios existentes, y el cultivo de las mejores relaciones con todos los gobiernos que felizmente existen ya, y en especial con los hermanos de Centroamérica, a cuyos comunes destinos nos sentimos íntimamente ligados”. Vemos, al final de esta proclama, a un profesante centroamericanista.

Mi Madre me contaba que mi bisabuela, Narcisa Girón, liberal de cuna como se les conocía a los liberales que heredan de sus padres su filiación política, recibía con antelación el aviso del día en que Ferrera iba a atacar la plaza de La Esperanza. La bisabuela, una auténtica mujer de armas tomar, una coronela sin igual, preparaba cerdos, chicharrones, tamales, grandes ollas de frijoles y arroz, pan y tortillas para alimentar a los combatientes. Mi madre y sus hermanos acudían a casa de la bisabuela porque sabían que ahí no les pasaría nada.

Celebramos la aparición de este importantísimo libro que esclarece muchos de los hechos trascendentales que caracterizaron las montoneras en que se desenvolvió la historia de Honduras, de la que Rafael Heliodoro Valle decía que se podía escribir en una lágrima. Estoy plenamente seguro de que la crítica y los amantes de la historia acogerán la obra con entusiasmo por lo grandes aportes que hace, por la minuciosidad con que se han investigado todos los aspectos de la vida del general Ferrera, por la imparcialidad del relato y por los aportes en la interpretación de los hechos –no decir nada falso, ni omitir nada verdadero, como expresó Vallejo-. Evelio ha seguido la “revelación de los documentos”. Mis congratulaciones. Tegucigalpa, 1 de setiembre de 2019.