Por: Benjamín Santos
Estamos conmemorando (no sé si celebrando) los 198 años de vida independiente. No es mucho. Es el tiempo de tres o cuatro personas longevas y, sin embargo, solo en mi familia vamos ya por la décima generación. En cuanto a la nación hondureña, después de los 300 años de ser colonia de España, dependimos por un corto tiempo del imperio mexicano, luego un tiempo un poquito más largo formamos parte de la Federación Centroamericana y al separarnos hemos vivido bajo el influjo de las potencias de turno, de Gran Bretaña y después del vecino del norte. En el mundo actual existe más la interdependencia que la independencia, incluso entre las grandes potencias dependen unas de otras no solo en el área económica, sino también en lo político y social
Concretémonos entonces a la conmemoración del hecho histórico que nos separó de España, realidad que nadie puede negar, aunque trece días después de ocurrido el hecho nos trajeron la noticia de que no éramos colonia de España. Los hoy llamados próceres, que indudablemente lo fueron, aprovecharon la coyuntura de que España estaba empeñada en evitar la independencia de otros territorios más importantes por su importancia económica y estratégica. Quizá por no habernos costado mucho, no hemos sabido valorar y consolidar nuestra independencia. Nos agrada, sin embargo, el carácter folclórico que ha adoptado la celebración del hecho desde que tenemos recuerdos.
Este aniversario nos sorprende en una situación muy difícil. Nos llega la noticia de que el presupuesto para el próximo año aumenta en 20 mil millones y que el nivel de la deuda externa crece, porque de otra manera no sería posible nuestra subsistencia como nación. Todo eso en un contexto socio-económico y político con grandes interrogantes. La pobreza aumenta, el nivel educativo ha bajado y todavía tenemos 700 mil analfabetos. Muchos de nuestros problemas podrían controlarse si hubieran fuentes trabajo, pero este salto va ligado al aumento de la inversión nacional y extranjera, pero esto último depende del grado de orden y seguridad que proyectemos al exterior. En conclusión es una cadena que depende de que tengamos buenos gobiernos que inspiren confianza, pero esto está vinculado al sistema de partidos políticos donde tenemos enorme insuficiencia. Y sin embargo siguen fundándose más, porque fundar partidos es más rentable que fundar empresas.
Encima y como sombrero nos caen los problemas del cambio climático. Nos golpea donde más nos duele, la falta de agua que a su vez golpea los procesos de producción agrícola. De nada nos sirve saber que es un un problema universal, común a todos los países por aquello de mal de muchos consuelo de tontos. Las últimas generaciones de hondureños hemos oído hasta el cansancio que vendrán problemas de escasez de gua y hemos oído el anuncio de los proyectos que iban a impulsarse para prever y solucionar en parte el problema. Ahora ya es tarde como dice la poesía de Daniel Laínez. Nos han anunciado que para el mes de octubre ya no hay agua ni para los servicios fundamentales. En 198 años de vida independiente no hemos podido crear una cultura de previsión y de respuesta colectiva a los problemas que nos afectan.
Nos queda por último la referencia a la delincuencia pública y privada. La corrupción ha creado un ambiente de incredulidad en las instancias políticas, en la actividad política. Mientras se combate la delincuencia organizada, la delincuencia común ha aumentado pese a la cantidad del presupuesto que se orienta a ese propósito. Aunque casi no se menciona, la complicidad de algunas autoridades con la delincuencia ya no se puede ocultar, porque se realiza a pleno día. Y es que la delincuencia es un negocio rentable para mucha gente.
Pero olvidémonos de todo lo que nos golpea donde más nos duele y disfrutemos de las fiestas patria y del feriado morazánico si es que todavía nos quedan fuentes de financiamiento sin comprometer el cercano futuro. Ya se ha vuelto una costumbre para muchos empeñar en este tiempo lo que compraron al crédito para celebrar la Navidad. Nos vemos.
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