Tabla Periódica

Por Carolina Alduvín

Nos la presentaron en los lejanos días del colegio, figuraba en la lista de útiles del bachillerato, a veces, venía incluida en las pastas de los cuadernos multimaterias y no, no había que memorizarla, pero sí aprender a utilizar los datos consignados para cada uno de los átomos conocidos en el planeta. Contiene, todos los elementos químicos, naturales o sintéticos que, libres o combinados, forman parte de todo lo material; dispuestos en hileras y columnas, de menor a mayor peso y de acuerdo a sus propiedades reactivas. El arreglo se atribuye al genio del químico ruso Dimitri Mendeléiev, quien en 1869 publicó el sistema que ordena y clasifica los conocidos en su tiempo y predice la existencia y ubicación de los que quedaban por caracterizar.

Este 2019, ha sido designado por la UNESCO, Año de la Tabla Periódica, al conmemorarse 150 años de su creación. Muchos otros, entre ellos algunas damas, contribuyeron desde entonces a colocar en las casillas que quedaron vacantes las sustancias que presentan las cualidades predichas conforme al sistema. Por ejemplo, los gases nobles, o sea, con nula reactividad; los elementos radiactivos, las variantes isotópicas (correspondientes al mismo lugar) de los ya conocidos, las llamadas tierras raras y los que se han creado en laboratorios desde la segunda mitad del siglo XIX.

Diferentes instituciones científicas de todo el mundo han organizado exposiciones artísticas sobre el tema, ciclos de conferencias y otros eventos para divulgar la importancia que esta obra de síntesis de conocimientos representa para el progreso científico e industrial de las últimas décadas. Por ejemplo, los ventanales de la Facultad de Química de la UNAM, se han decorado con una gigantesca réplica de la tabla, que la hacen visible desde varios puntos de la extensa ciudad de México.

Para completar los datos que contiene, es preciso hacer notar que, demostrar la existencia de un elemento no antes consignado no es tarea fácil. Hay que detectar actividad inusual, comportamiento químico o propiedades físicas no correspondientes a algún elemento ya conocido. Luego, aislar el nuevo elemento, o uno de sus compuestos, en cantidades suficientes para estudiar sus propiedades y convencer a la comunidad científica de su existencia. A continuación, algunos de los que han participado.

Marie Curie, única científica en obtener Nobel en 2 diferentes ramas, en 1897 no buscaba nuevos elementos, sino que estudiaba la radioactividad, descubierta un año antes de que ella iniciara su tesis doctoral sobre los “rayos del uranio”; así, descubrió el radio y el polonio. Julia Lermontova, primera mujer en doctorarse en química en Alemania en 1874, a propuesta del propio Mendeléiev, logró separar los metales del grupo del platino: rutenio, rodio, paladio, osmio, iridio y platino, como paso previo a su ordenación por pesos. Julia trabajó bajo la tutoría de Robert Bunsen, descubridor de los metales cesio y rubidio junto con Gustav Kirchoff, usando el espectroscopio que acababan de inventar.

En 1918, Lise Meitner y Otto Hahn, descubrieron el protactinio, durante el curso de la investigación de una “sustancia madre” de la serie correspondiente a la desintegración del actinio. En 1925, Ida y Walter Noddack, junto con Otto Berg descubrieron el renio, uno de los elementos más raros de la Tierra, no radiactivo y nombrado en honor al río Rhin. Los Noddack también clamaron descubrir el mausurio, que no lograron caracterizar por los métodos convencionales de la época, por lo que tuvieron que sintetizarlo en 1937, lo bautizaron finalmente como tecnecio.

El francio, último elemento natural en ser descubierto, se atribuye a Marguerite Perey en 1939, trabajando bajo la dirección de Irene Joliot-Curie y André Debierne. Dawn Shaughnessy, desde finales del siglo XX, es la investigadora principal en un proyecto sobre elementos pesados en el Laboratorio Nacional Lawrence Livermore en California, donde se han descubierto seis elementos, los últimos de la tabla, con los números del 113 al 118. En estos ejemplos, las mujeres han trabajado a la sombra y hecho los descubrimientos de quienes firman las investigaciones. Es esencial en este aniversario, reconocer los esfuerzos de todos los que le han dado forma.