La ira de los mansos

“… el pacífico, el dócil, el sumiso de pronto desaparece de escena y en su lugar, desconcertante e incomprensible para los que del alma humana suponen saberlo todo, surge el ímpetu ciego y arrasador de la ira de los mansos.

Lo más normal es que dure poco, pero da miedo cuando se manifiesta. Por eso, para mucha gente, el rezo más fervoroso, a la hora de irse a la cama, no es el consabido padrenuestro o la sempiterna avemaría, mas sí este: Líbranos, Señor, de todo mal y en particular de la ira de los mansos”.

Cuando leía esto se me vino a la mente, no sé por qué, el caso Nasralla. Aquel veterano presentador de programas de entretenimiento como “X-0”, que tranquilamente recorría la senda de su destino, preocupado tan solo por la planificación de sus narraciones de futbol y la selección de escenarios y modelos para sus programas dominicales.

De repente, a alguien se le ocurrió despertarle el gusanillo de la política y avivarle el gusto por las mieles del poder. Hubo quienes quisieron atraer su popularidad a su propio plan político para ganar elecciones y, ante su mansedumbre habitual, confiaban manejarlo fácilmente en un campo por él ignorado.

Al parecer el tiro les salió mal, y hoy habrán de preguntarse: ¿qué hemos hecho?

Supongo que es a ellos a los que Saramago se refiere cuando dice que antes de irse a la cama rezan, no el Padre Nuestro que ni lo saben, pero sí esto: “Líbranos, Señor, de todo mal y en particular de la ira de los mansos”.

Carlos E. Ayes
Tegucigalpa, M.D.C.