Dr. Allan E. Castellanos R.
Odontólogo
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Se sobreentiende que cualquier empresa o actividad comercial, debe percibir utilidades o ganancias económicas que le garanticen su estabilidad, funcionamiento y finalidad; sin embargo, existen rubros muy sensibles, como el de los medicamentos, que por su naturaleza y destino final (el consumidor enfermo) deben ser tratados en una forma especial, más considerados, más aún cuando ese “consumidor final”, especialmente en nuestro país, por lo general carece de la solvencia económica necesaria para absorber los groseros y caprichosos como injustificados incrementos que con mucha frecuencia imponen droguerías y farmacias; (existen casos de personas enfermas que requieren de uno, dos y hasta diez medicamentos).
Es notorio por otra parte, el crecimiento y la expansión que han tenido las grandes “cadenas de farmacias” (gran negocio) en detrimento de pequeñas y antiguas farmacias o boticas, en base a intensas, como mentirosas campañas promocionales, que supuestamente tienden a favorecer a la población, el adulto mayor, etc., con descuentos ficticios del 35% ó 40%, más un 10% que ciertos médicos tratantes les asignan a las recetas de determinados medicamentos, con tal de que sean adquiridos en ciertas farmacias, dando la idea, que tienen una cuota o un compromiso que cumplir, a cambio de algún “beneficio”, traducido en un obsequio, el financiamiento a un congreso, etc., afortunadamente estos son casos excepcionales, porque el “gremio médico” generalmente, está conformado por profesionales éticos y con una conciencia social bien definida… Pero el tema es ¿cuál es el costo real de los medicamentos en Honduras? Es obvio que las droguerías y farmacias con “semejantes sacrificios” (descuentos) difícilmente podrían tener “pingües ganancias”. ¿O será que les incrementan valores exagerados previamente a las medicinas, para después presumir de “descuentos” aparentemente atractivos para el consumidor?
Ante la sensibilidad del tema, pensemos que el gobierno, a través de la Secretaría de Economía, se deviene en la obligación de hacer las verificaciones correspondientes, dado su compromiso constitucional de procurarle bienestar a la ciudadanía, o bien la misma “Plataforma” con esa sensibilidad que aparenta para velar por los intereses del pueblo hondureño, incluir en su “gran agenda sociopolítica” el tema aquí planteado.
Sin embargo, hay que reconocer que algunos intentos se hicieron en el pasado: que posiblemente por intereses poderosos, o fracasaron o simplemente no pudieron realizarse. En el PANI (Patronato Nacional de la Infancia) se fabricaban algunos medicamentos elementales.
En el efímero gobierno del Dr. Ramón Ernesto Cruz, y aún cuando el problema económico no era tan marcado, ya se hablaba de la creación de las “Farmacias Populares”.
Una sugerencia adicional: en México, desde hace algún tiempo funciona con buen suceso y aceptación un programa que se llama “Similares” con productos medicinales genéricos, de alta calidad, que incluye además la consulta médica y exámenes de laboratorio; su slogan es; “Lo mismo, pero más barato”. El programa mencionado se ha expandido a otros países como Guatemala, El Salvador, etc., desde hace ya algunos años, así es que, por lo menos debiésemos conocer otras alternativas que existen para beneficiar a la población.
Temas como este, siempre tendrán vigencia cuando se trate de redimir a un sufrido pueblo, que en su desesperación hasta cápsulas de harina ha consumido.