El periodismo en el mundo de hoy

Por Ernesto Paz Aguilar

Este escrito se inspira en una entrevista de la periodista italiana María Nadotti al famoso periodista y laureado escritor polaco Ryszard Kapuscinsky (1932-2007) contenido en el libro “Los cínicos no sirven para este oficio”.
El personaje. Ryszard Kapuscinsky, un hombre fuera de serie. Viajó por el mundo como corresponsal de la Agencia Polaca de Noticias durante más de 30 años. Fue una de las figuras intelectuales más originales y complejas del panorama internacional de la actualidad. Autor de memorables obras de historia contemporánea, a caballo entre el reportaje periodístico y la gran literatura.

Una anécdota personal, una de sus obras más célebres “La guerra del fútbol y otros reportajes” permaneció por años confinada en un rincón de mi librero, como castigo producto de mi intolerancia por el título de este. Lo consideré, en cierto momento, una imperdonable falta de respeto.

La brújula. Para entender para donde vamos, “no hace falta fijarse en la política, sino en el arte. Siempre ha sido el arte el que, con gran anticipación y claridad, ha indicado qué rumbo estaba tomando el mundo y las grandes transformaciones en curso”.

Los periodistas. “En general, los periodistas se dividen en dos grandes categorías. La de los siervos de la gleba y la de los directores. Estos últimos son nuestros patronos, los que dictan las reglas, son los reyes, deciden. La mayoría de los directores y de los presidentes de los grandes grupos de comunicación no son, en modo alguno, periodistas. Son grandes ejecutivos”. Quedaron atrás, muy atrás, los tiempos de los generales-periodistas de las guerras fratricidas “que defendían con sangre lo que escribían con tinta”.

Lo único permanente es el cambio. “La situación comenzó a cambiar en el momento en que el mundo comprendió, no hace mucho tiempo, que la información es un gran negocio. Antaño, la información tenía dos caras. Podía centrarse en la búsqueda de la verdad y en informar a la gente de ello, intentando orientar la opinión pública. El segundo modo de concebir la información era tratarla como un instrumento de lucha política para descalificar o aplastar a los adversarios. Los periódicos, la radio, la televisión en sus inicios eran instrumentos de diversos partidos y fuerzas políticas en la defensa y promoción de sus intereses”. Hoy es cosa del pasado.

“En la segunda mitad del siglo XX, tras el fin de la Guerra Fría el mundo de los negocios descubrió, de repente, que la verdad no es importante y, que ni siquiera la lucha política es importante: lo que cuenta en la información es el espectáculo. Una vez que hemos creado esa información-espectáculo podemos venderla en cualquier parte. Creo que, para ejercer el periodismo, ante todo, hay que ser un buen hombre o una buena mujer: buenos seres humanos. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas. El buen periodismo es intensional, a saber: aquel que se fija un objetivo y que intenta provocar un tipo de cambio”.

Los cínicos no sirven para este oficio, porque un cínico es alguien que miente y defiende descaradamente algo que es desaprobado o repudiado por la gente. “Es necesario diferenciar: una cosa es ser escépticos, realistas, prudentes. Esto es absolutamente necesario. Algo muy distinto es ser cínicos, una actitud incompatible con la profesión de periodista. El cinismo es una actitud inhumana, que nos aleja automáticamente de nuestro oficio, al menos si uno lo concibe en forma seria”.