Por Armando Cerrato
Septiembre se ha definido como el mes de la patria porque en él se conmemora y se celebra la gesta histórica que un 15 de septiembre de 1821, Honduras, como parte de las provincias de Centroamérica se independizó del Reino de España, siendo el redactor del acta de liberación el hondureño José Cecilio del Valle.
Sin embargo, Centroamérica se anexa al imperio mexicano dirigido por Agustín de Iturbide con el apoyo de Francia y es hasta el 23 de julio de 1823 que las provincias unidas del centro de América se separan definitiva y políticamente de la influencia de cualquier potencia de la época.
Posteriormente se da una larga lucha por mantener las provincias unidas, encabezada por el general José Francisco Morazán Quezada, quien funda para tal fin el Ejército Aliado Protector de la Ley.
Autodidacta en lo académico y militar, el general Morazán se destacó como estadista y llegó a ser presidente de Centroamérica, contando en su contra con fuerzas conservadoras y la Iglesia Católica que le acusó siempre de ser masón y se declaró su enemigo porque en uno de sus actos, más juicioso separó la iglesia del Estado, eliminó el diezmo obligatorio y fracasó en su lucha unitaria al ser traicionado en Costa Rica y ser llevado al paredón de fusilamiento un 15 de septiembre de 1842.
Las repúblicas centroamericanas se disgregaron y se convirtieron en 5 estados que han sobrevivido hasta hoy tormentosamente entre pleitos internos y de uno contra otro por cuestiones territoriales, fase que, a pesar de juicios internacionales que han definido las fronteras, aún no se supera y en la región se mantiene un tácito clima de temor a que viejos conflictos armados puedan resurgir en cualquier momento, lo que ha llevado a una carrera armamentista y de fortalecimiento militar impresionante, tanto que, hay armamento ofensivo y defensivo de primera generación, incluso en Costa Rica que se ufana de no tener ejército.
Nuestra historia, con las distancias del caso, es bastante similar a la de algunos estados del medio oriente creados por asentamientos humanos de un solo origen étnico y en territorios que históricamente les pertenecieron y del que por diversas circunstancias habían sido desplazados.
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial se creó la Organización de Naciones Unidas (ONU), que respaldó la organización de los estados comenzando por Israel, que hubo de luchar militarmente con fuertes respaldos de los Estados Unidos de América por sobrevivir contra 5 naciones árabes que lo rodean.
Los israelíes, además de ser grandes guerreros y estrategas militares, cuentan con una industria militar impresionante, al grado de llegar a ser una potencia atómica, y hasta estar intentando incursiones espaciales.
Los israelíes construyen sus propios tanques, aviones, cañones, misiles, barcos, y todo israelí o extranjero radicado en su territorio, de ambos géneros, en edad militar, debe prestar servicio.
Desde su fundación, el estado de Israel, ha reclamado la ciudad santa de Jerusalén, como la sede oficial de su capital, que originalmente fue Tel Avid.
En Jerusalén, confluyen las 3 religiones monoteístas: islamismo, judaísmo y cristianismo. Por mucho tiempo se mantuvo como una zona neutral aunque en poder político irreal del estado de Israel.
Este año, Estados Unidos y Guatemala, decidieron abrir embajadas en Jerusalén, reconociendo así, a la denominada ciudad santa como la capital del estado hebreo.
Con mucha visión política y en pro del bienestar del Estado de Honduras, indiscutiblemente el aliado predilecto de Israel en Centroamérica, especialmente en el campo militar, el Presidente hondureño, Juan Orlando Hernández Alvarado, tomó la decisión política de abrir una oficina de negocios extensiva de la Embajada de Honduras en Jerusalén y con miras a que en un futuro no muy lejano la representación diplomática completa pase de Tel Avid a la ciudad santa, en un reconocimiento que ha despertado toda una revolica doctrinaria, política, religiosa y filosófica en la región centroamericana, especialmente porque en esta nación centroamericana el desarrollo económico está mayoritariamente en manos de inmigrantes, árabes (sirio-libaneses), aunque existe también una minoría judía.
El Estado hondureño, con su acto soberano e independiente se expone al riesgo de un ataque internacional de islamistas fundamentalistas que mantienen aterrorizadas a sociedades mucho más desarrolladas y hasta potencias militares mundiales con actos deleznables que se apresuran a reconocer como castigo a los que consideran infieles; pero los beneficios del reconocimiento político del derecho israelí a tener a Jerusalén como su capital, valen la pena y comienzan a anunciarse al tan solo aterrizar en Tegucigalpa el avión presidencial… esperemos que así sea.
Licenciado en Periodismo