La sequía que este año ha afectado a Honduras, con regiones en las que no llueve desde hace diez meses, tiene sedientos a muchos de sus habitantes, ha causado pérdidas en más del 50 por ciento de granos básicos como maíz y fríjol, mientras que en el oriental departamento de Olancho ya han muerto unas 1,000 cabezas de ganado.
«Aquí hay ganaderos que han perdido 80 reses, se ha hecho una evaluación y dicen que se han perdido 1,000 cabezas de ganado en todo el Valle de Agalta», contó a Álvaro Ramos, un pequeño ganadero del municipio de San Esteban, Olancho.
Las menos de 20 cabezas de ganado de carne y leche que tiene Ramos no han sufrido hambre, porque parte del alimento lo compra de regiones vecinas, mientras que a pocos metros de sus potreros cruza el río Tinto o Negro, al que lleva a sus animales a beber agua.
«Nosotros los ganaderos somos los que le hacemos más daño a la naturaleza», enfatizó Ramos al relatar que algunos llevan sus reses a pastar en las laderas de las montañas y están arruinando el valle de Agalta, una de las zonas donde más ganado ha muerto de hambre.
«Llevamos un poco más de diez meses y aquí hay lugares que nunca ha llovido, las milpas de maíz y fríjoles se han perdido», añadió.
La otra cara de la misma moneda en San Esteban, Olancho es Álvaro Méndez, quien alterna su profesión de médico con la de ganadero. «En la actualidad un dos por ciento de las personas le pueden decir que no han perdido ganado. El 98 por ciento ha perdido; yo, en lo particular, he perdido 25 cabezas», lamentó .
Añadió que ha parado «un poco la mortalidad» a un alto coste, que supera los 300.000 lempiras (unos 12.100 dólares) comprando comida para su ganado a base de un desecho de palma africana que es rico en proteínas; melaza, matas picadas de maíz y otras fuentes alternas.
Méndez aprovechó para denunciar la destrucción de los bosques, de los que en muchos ya no hay árboles; pues en Olancho es muy normal ver rastras cargadas con frondosos troncos de pino extraídos de las montañas y en el valle de Agalta.