Por Ángela Marieta Sosa
Especialista en derechos humanos
Al respecto, sobre el momento en el que llegamos a tener conciencia del derecho a tener derechos, Johanna “Hannah” Cohn Arendt, también conocida como Hannah Arendt Bluecher, fue una filósofa y teórica política germano-estadounidense, manifestó sobre este derecho lo siguiente: “Llegamos a ser conscientes de la existencia de un derecho a tener derechos (y esto significa vivir dentro de un marco donde uno es juzgado por las acciones y las opiniones propias) y de un derecho a pertenecer a algún tipo de comunidad organizada, solo cuando, aparecieron millones de personas que habían perdido y que no podían recobrar estos derechos por obra de la nueva situación política global”.
Honduras no es la excepción, a lo planteado por “Hannah”, ya que al ser parte de la internacionalización de los derechos humanos, en mil novecientos ochenta y dos creó una Carta Magna de corte humanista, la cual dice que la persona humana es el fin supremo de la sociedad y del Estado, y que todos tienen el deber de respetarla y protegerla…; sin embargo esta declaración expresa en la carta magna, está condicionada por nuestra concepción cultural y por el cumplimiento de nuestros deberes personales y sociales.
El derecho a tener otros derechos humanos es intrínseco a todo ser humano, sin embargo, esta exigencia encuentra su punto de equilibrio en el respeto al derecho de los demás, y es ahí donde el Estado a través de un sistema de leyes garantiza el goce de los DH, y establece el cumplimiento de los deberes ciudadanos, obedeciendo a la necesidad social caracterizada por la cultura de cada pueblo.
Desde nuestra niñez, exigimos por nuestra naturaleza humana, la atención de quienes nos garantizan vivir con calidad de vida, y son los jefes (as) de familia los que se encargan de generar condiciones de desarrollo integral de nuestra persona, sin embargo también se nos enseña que debemos cumplir deberes en el hogar, y actuar conforme a la escala de valores que se nos inculca para nuestro bien y al cumplir esos deberes y valores morales, podremos disfrutar de otros derechos que anhelamos, por ejemplo, el padre instruye al hijo y le dice: “pide disculpas a tu hermano, si lo haces, los llevaré juntos por la tarde al parque para que puedan compartir con respeto y aceptación”.
Consecuentemente, los hogares son las fábricas de las personalidades humanas, ahí está la base del pensar y accionar del humano al crecer, y posteriormente al ser ciudadanos (as) que serán sujetos de derechos y obligaciones, en todos los espacios en los que se desenvuelvan, como ser, la comunidad, la iglesia, el sistema educativo y demás escenarios que aportan a la construcción del tejido social.
Actualmente en Honduras, ante el fenómeno de la desintegración familiar, el cual ha despersonalizado parte de nuestra niñez y juventud, que se empoderó de una escala de valores invertida, se implementa desde el sistema educativo nacional la escuela para quienes son titulares de las jefaturas del hogar, cuya misión es recuperar los valores cívicos y morales en peligro de extinción, esta medida es una de las vías más efectivas para intervenir desde el gobierno, este serio problema.
Siendo así, las escuelas para jefes (as) de familia, debe ser un espacio de diagnóstico situacional de la comunidad, y de concientización de que no solo se trata de exigir garantía de derechos, sino de cumplimiento de nuestros deberes, claramente dentro de las posibilidades de cada hogar, este tipo de reuniones deben ser el semillero para conocer los límites jurídicos y fácticos de los derechos humanos, hasta dónde cada persona los puede realizar sin afectar a los demás, y cómo hacerlos realidad en cumplimiento del rol que desempeña cada persona en la familia, iglesia y ámbitos políticos, hasta en el desempeño laboral.
El derecho a poseer otros derechos humanos, se debe hacer valer en base a dos fundamentos, primero, debe ser legal y legítimo; segundo, debe ser posible, realizable progresivamente, y observar esa progresividad mediante sistemas de medición que puedan indicar los avances o retrocesos en el entendimiento verdadero y real de los DH, para solo así, construir una cultura de respeto al derecho ajeno y de paz.