Uno de los recordados porteros del fútbol hondureño de la década de los setentas, Francisco Antonio “Pantera” Velásquez, vive en Georgia con muchos recuerdos de sus grandes momentos en equipos importantes como el Motagua, al que hizo campeón nacional en 1978 en el juego de vuelta de la gran final en San Pedro Sula, donde los “azules” la ganaron a domicilio al Real España 4-1 con hat trick de Luis “Chito” Reyes y otra anotación de Ramón “Primitivo” Maradiaga.
A pesar que sus inicios fueron en el Lempira Guaruma de la Lima, su etapa en el cuadro “mimado” marcó su carrera deportiva y su vida, hoy a sus 71 años recuerda los grandes momentos vividos en el fútbol nacional.
¿Qué hace?
Actualmente vivo en Calhoun, Georgia, tengo 27 años de estar aquí, me dedico a trabajar para sobrevivir, aunque ya estoy jubilado.
¿Qué significó ser futbolista profesional?
Para muchos jugadores de mi tiempo, prácticamente lo tomábamos como una diversión, teníamos que trabajar para sobrevivir, los equipos nos pagaban una miseria y así querían que solo nos dedicáramos a esto.
¿Desde cuándo futbolista?
En mi infancia nunca tuve un entrenador que me enseñara a jugar fútbol en ese tiempo. Realmente yo era delantero, vivíamos en las fincas bananeras donde había gran cantera de jugadores que después aparecieron en diversos equipos.
A mí me llevaron a prueba al Lempira de Guaruma, pero como delantero y fue allí que me descubrieron y me hicieron jugar en la posición de portero. Fue el “Bandido” Hernández el que me descubrió, un jugadorazo del Hibueras de La Lima.

¿Le gustaba ser portero?
La verdad es que de niño esa posición de portero nunca me llamó la atención, no me gustaba ni llegando de último a la potra, pues el que lo hacía era el guardameta, me decían que si quería jugar esa era la única opción.
¿Cómo vino el mote de “Pantera?
En La Lima cuando comencé a darme a conocer me decían “Chico Pantalla”, anteriormente me decían ‘Película’, ya que cuando me golpeaban los dedos y las manos, decían que yo solo era película para no jugar como portero.
Después empezó el apodo de “Pantera”, precisamente María España, la señora que era seguidora del equipo España, en una ocasión estábamos jugando contra su club y frente al narrador ella dijo que yo parecía una ‘pantera enjaulada’ cuando la pelota estaba en la otra área, ya que me paseaba por toda el área para estar en calentamiento, algo que hacemos todos los dedicados a este puesto.
Trayectoria en Liga Nacional
Inicié en el Lempira de Guaruma, de donde fui al Motagua, luego me prestaron al Broncos, pero de nuevo regresé a la casa azul, para luego ir al Federal, equipo que descendió. Nuevamente regresé al cuadro mimado para jugar la final de 1978, donde ya tenía 39 años y decido irme del fútbol, pero campeón.
¿Retiro definitivo?
Realmente no, es cierto que ya estaba resignado abandonar el fútbol, concordaba con lo que me decía mi amigo Alberto Jerónimo, se le acabó la fiesta al payaso, pero mire yo ya estaba jugando en la liga de veteranos cuando un día llegó “Mon” Rodríguez a invitarme a jugar con Marathón, lo hice aunque tenía más de un año de haberme retirado me llevó engañado, me dijo que solo me ocupaba para hacerle sombra a Albert Five, pero para mi sorpresa fue que yo salí jugando y sé que me mandé un partidazo, ni se cómo, sin entrenar, solo en la mente del loco de “Mon” y la mía pudimos hacer ese gran partido.
¿Se considera Motagua?
Tengo muchos recuerdos de mis compañeros en el club, soy Motagua y lo seré ya muerto, quiere mucho al club y a los que defendimos con amor al equipo.

¿Cómo recuerda esa época?
Motagua es una gran institución, estar en el club significó mucho, se sentía la diferencia vestir esa camisa, pesa mucho y hay que saber cargarla.
¿Qué dice de sus excompañeros?
Con mis excompañeros éramos como hermanos, el uno para el otro, se formó un equipazo inolvidable en los años 70s. Creo que el equipo que formó don Carlos Padilla del año 73 al 76 fue el mejor once de Motagua que yo he sabido apreciar.
¿Qué recuerda de la final de 1978?
Ya estaba escrito que esa final la jugaba yo, me había ido del equipo, estuve un buen tiempo fuera por actos de indisciplina, por eso Néstor Matamala me descartó, teniendo él la razón. En ese tiempo habíamos cuatro buenos arqueros: Orlin Banegas, Samuel Rivera, Alcides Morales y su servidor, pasó una lesión de Alcides, yo llegué, aunque estaban Samuel y Orlin, pero sucedió algo curioso, Samuel no quería jugar contra el España, por allí estaba la cocora de él, Julio “El Chino” Ortiz, lo goleaba hasta en la calle, solo tiraba al marco y de una vez se abrazaba.
Entonces quedamos Alcides y yo, en la ida de la final me tocaba salir jugando, pero no fue así, salió Alcides que recién se recuperaba y a los 8 minutos otra vez le volvió la lesión, entonces entre y lo hice bien.
Ya en San Pedro Sula, nadie me quitaba la final, yo era un mar de nervios, fue allí que me di cuenta que la camisa del Motagua pesa. En esa final el claro favorito era España y las indicaciones de Matamala me gustaron porque nos indicó que tocáramos el balón y nos ganarnos el público, aunque fuéramos perdiendo, lo que realmente sucedió porque el España bailó al son de nuestra música, por dicha ganamos el juego y mis errores no se notaron por el gane, aunque debo aclarar que el gol de ellos no fue mi culpa, fue de todos.

¿A quién admiraba en su puesto de portero?
Tuve gran admiración por el mejor potero del mundo en 1970, don Ladislao Mazurkiewicz, exarquero de Uruguay.
¿Fue alguna vez seleccionado nacional?
Fui seleccionado a un premundial para 1974 que se llevó a cabo en Trinidad y Tobago con Carlos Padilla.
Algún mensaje a sus excompañeros del Motagua
Como quisiera reunirme con todos esos excompañeros del club, ojalá algún día antes de morirme, no pierdo la esperanza, a todos los recuerdo con cariño.
