Texto y fotografías Elsa de Ramírez
El día es propicio para visitar la cocina de Luz ubicada casi al final de la primera entrada de la popular colonia Kennedy de esta capital, un pequeño rinconcito bien acondicionado como para unas 15 personas; ahí encontrará además de la delicia de los productos alimenticios que prepara con higiene y esmero Luz Aída Moncada de Velásquez, auxiliada por sus hijos Alexa y Juan José; su esposo Francisco y sus suegros doña Lidia y don César, sin dejar por fuera a la bellísima Jennifer Moncada (sobrina de Luz Aída) quienes en equipo realizan una gran labor de emprendedurismo ya que además se turnan para atender la clientela que llega de diferentes partes de la comunidad a realizar sus compras en el Mercadito Familiar de su propiedad.

El menú que prepara doña Luz -como cariñosamente la llaman sus clientes- es variado, comienza ofreciendo almuerzos de lunes a sábado, con un riquísimo menú para toda la semana; los viernes la exquisita sopa de res no puede faltar y los sábados la deliciosa carne asada acompañada con frijolitos fritos, queso, arroz, plátano, aguacate y chismol más los precios accesibles hacen que desde todas partes hagan los pedidos vía teléfono y en persona para consumir in situ o llevar; sin faltar las exquisitas golosinas de lunes a jueves en horario de 3:00 a 7:00 pm, hemos disfrutado de la yuca con chicharrones de pura carne, preparados por ella misma, enchiladas, tacos, empanadas, etc., porque Luz jamás expresa NO HAY… siempre recibe a sus clientes con una gran sonrisa y si le solicitan desayunos y cenas, también las prepara de inmediato y con mucho gusto.

Un poco de historia:
Luz Aída conoció a su padre el periodista e historiador Mario Hernán Ramírez cuando tenía 15 años; desde esa fecha decidió trasladarse a vivir al hogar de los Ramírez-Ramírez, hasta que contrajo nupcias con el caballero Francisco Velásquez, hijo de doña Lidia y don César Velásquez.
Luz es secretaria comercial ejecutiva y pasante de la carrera de Derecho de la UNAH, dejó todo atrás y decidió dedicarse por entero a las labores del hogar y no solo eso sirve a la comunidad católica como un modelo de conducta y abnegación, y junto a su esposo y familia está educando a sus hijos con enorme sacrificio, pero con honradez.

Al estampar estas líneas, sin lisonjas ni adulaciones, ceñidas estrictamente a la realidad de esta familia emprendedora, lo hacemos para estimularlos, porque el estímulo es la mejor recompensa que los seres humanos aceptamos con la mayor satisfacción.
Luz Aída y familia son catrachos cinco estrellas, un ejemplo a seguir, es por eso que hoy les dedicamos este comentario porque, honrar, honra.

