Sin la genética de lenca puro, el “indio” Márquez se perfila como el sucesor de los caudillos políticos intibucanos del pasado: Desde Ferrera en los años 30, hasta Óscar Mejía Arellano en los 80. Y de ahí a los Del Cid, Bueso Peñalba, Gámez, Rivas Vargas y los Vásquez, todos ellos, con una huella social, pero no lo suficiente para ponerle fin a la exclusión histórica al departamento con mayor identidad nacional. Como diputado y ahora, como ministro director de Ideocas, uno de los brazos ejecutores del gobierno, Márquez tiene la oportunidad de devolverle un poco de justicia social a su gente.
Como las dos ciudades están juntas ¿usted es de Intibucá o de La Esperanza?
Nací en el municipio de Intibucá, pero estudié en la escuela de La Esperanza porque las dos ciudades son como una sola, la única diferencia es donde se pagan los impuestos.
¿Cuál es la historia sobre la división de las dos ciudades?
Según la historia, los españoles marcaron una línea divisoria donde vivían ellos y donde vivían los indígenas, pero casualmente la iglesia donde los indígenas se congregaban estaba en La Esperanza y muy cerca también la de los Españoles. La iglesia de Intibucá queda en territorio de La Esperanza como muchos otros monumentos.
¿Incide esa división en la vida cotidiana de los vecinos?
Al final, uno es indiferente a esa línea divisoria y hoy en día está mezclada y uno se da cuenta en qué municipio vive hasta que paga los impuestos o cuando nos toca votar.
¿Se han querido unir ambas ciudades?
No, porque si bien es cierto que están mezcladas, pero tienen diferente idiosincrasia. Intibucá es el municipio del departamento con más de 90 aldeas y La Esperanza, aunque es la cabecera, es el séptimo municipio en extensión con unas seis aldeas.
Como muchos políticos intibucanos ¿tiene ramalazo lenca?
Sí, orgullosamente lenca, no tanto por la genética, sino más bien por la identidad.
¿Nunca niega sus raíces?
Nunca, más bien es de lo que me siento más orgulloso. Casualmente, adonde voy, la gente que me tiene confianza me dice indio.
¿Cómo son los lencas?
Primero, un lenca es muy respetuoso, por tradición, el lenca está siempre dispuesto a servir, se entrega al trabajo, dedicado a sus cultivos, aparte, es muy devoto y celoso de su cultura.
¿Conservan su lengua nativa?
No, se está haciendo un esfuerzo por recuperarla.
¿Es un pueblo abandonado o muchas ONG los victimizan para hacer beneficios de donantes internacionales?
Históricamente, Intibucá fue el último departamento donde llegó la energía eléctrica y una carretera pavimentada, hacia la cabecera. Y hasta en este gobierno se pavimentó hacia la frontera con El Salvador. Tuvo que pasar la guerra con El Salvador para que pudiéramos volver la vista a los municipios fronterizos abriéndoles una brecha como camino, cuando todo el país estaba conectado.
¿Cómo está actualmente?
Hay un despegue interesante. En infraestructura, se puede ir por Marcala o por Siguetepque y en carretera pavimentada hasta Gracias. Hace 4 años ir a Gracias era una odisea, ahora vamos en una hora aunque todavía falta mucho.
¿Persisten los pleitos de tenencia de la tierra?
Se ha avanzado, hay sectores donde la tierra es comunal, por ejemplo, en el municipio de San Francisco de Opalaca, que fue declarado por el Congreso Nacional como territorio comunal, ahí, nadie puede vender ni comprar, el pueblo decide la forma de adjudicar la tierra.
¿Hay alcaldes lencas?
Este momento, más de la mitad son de origen lenca y para los que genéticamente no lo son, por costumbre, lo son y cada bien lo expresa a su manera.
¿Cuáles son las ventajas que tiene Intibucá con respecto a otros departamentos?
Muchas ventajas, somos el único departamento donde usted puede cultivar todo el año, lo que sea, porque tenemos todo los tipos de clima: Cálidos húmedos, media alta, hasta la zona del clima frío como en La Esperanza, Intibucá y Yamaranguila.
¿Se están aprovechando estas bondades?
En lo turístico, solo explotamos un 30 por ciento como las ruinas sin explorar en el valle de Jesús de Otoro; el bosque petrificado en San Miguelito, el único bosque enano de Honduras y parte de América Latina, que son árboles con más de cien años, pero que no pasan de medir un metro de altura; el cerro Los Hoyos, enigmático, que nadie sabe quién los abrió, además de zonas verdes todo el año.
¿Usted ha bailado el guancasco?
No, pero sí mucha danza folklórica, porque tenemos muy buenos cuadros folklóricos como: Oro Lenca, Intercala, con representación nacional. Tenemos a los mejores folcloristas como Yojan Cerén, Augusto Manzanares, Manuel Castillo Girón, autor de la canción de la selección nacional “La Jelipita” y la “La Sucia”, entre otras.
¿Es el Copin un movimiento real en defensa del pueblo lenca?
En Intibucá hay como once organizaciones, como Onil, Fundil, Mil, todas ellas buscando proteger la cultura y las etnias, con sus propias formas de trabajo y pensamiento político que se manifiestan de manera agresiva, pero el conjunto de todas esas ideas nos ha permitido tener una cultura fuerte como etnia lenca. Nadie es dueño de la verdad y mucha gente lleva agua a su molino en nombre de los lencas, aprovechando esos espacios, pero la misma etnia lenca ha ido discriminando a los buenos de los malos.
¿Qué tanto los gobiernos nacionalistas han atendido los reclamos lenca?
En mucho y de muchas maneras. Como diputado presentamos la iniciativa para reglamentar el convenio 169 de la OIT en el punto principal que nos interesa que es la consulta previa, libre y informada de los pueblos originarios, en todos aquellos proyectos en nuestros territorios. El proyecto ya está listo en el Congreso y la idea es que se le consulte a la gente por cada proyecto, ya que por muy bueno que sea no sirve si no es la prioridad de la gente.
¿Usted confía en la capacidad de las comunidades para ejecutar estos proyectos?
Sí, porque en primer lugar buscan ahorrar el máximo posible. Históricamente, los principales conflictos que se han dado en los pueblos lencas es porque se tomaron decisiones sin consultarle a la gente.
¿El conflicto que derivó en el crimen de Berta Cáceres es un ejemplo de este tipo de conflictos?
Ahí se da una combinación de varias situaciones: primero, nunca debió suceder el crimen de Bertita, a cuya familia aprecio, su mamá, Bertitha, es una de las más queridas del pueblo.
¿Usted la trató?
Desde niño, mi esposa vino al mundo de las manos de Bertitha, quién no la conoce, es la partera del pueblo, el 80 por ciento de las mujeres de esa época fue asistida por Bertitha Flores, madre de Berta Céceres.
¿Usted fue asistido por ella?
No, yo nací en una clínica porque se complicó el parto, ya que yo era muy cabezón y no me podían sacar.
A su juicio, ¿fue genuina la lucha de Berta Cáceres?
Yo creo que sí, Berta fue una mujer que honró siempre lo que habló, aguerrida por sus ideas, no significa que compartía la forma que reclamaba sus derechos y defender los derechos de nuestra gente, eso es muy correcto sin ofender a terceros.
¿En qué disentía con ella?
Más bien en la forma de protesta, a veces era muy agresiva en protestar, no digo que es malo, yo prefiero dialogar y tampoco niego que su lucha le ayudó a avanzar porque históricamente hubo personas que se han aprovechado de los pueblos lencas.
¿Qué piensa del crimen?
Creo que ha seguido un proceso en el Poder Judicial contra los culpables, pero sigue existiendo la sensación y el paladar de que hay personas que no están enjuiciados.
¿Los intelectuales?
Correcto, yo no soy juez, ni abogado, ni fiscal, para poder definirlo, pero la sensación que existen en el ambiente es que hay más personas que deberían ser enjuiciadas. Yo creo que Honduras merece, no solo en el caso de Berta, tener la tranquilidad que cualquier persona que cometa un delito será enjuiciada, incluyendo a los autores intelectuales.
¿Cuántos proyectos sobre agua se están haciendo en Intibucá?
Algunos se pararon y otros se asignaron con consenso con la gente. De manera muy responsable, el gobierno ha venido siendo muy cuidadoso al asignar proyectos para la producción de energía eléctrica, aunque es una necesidad como país.
¿Cómo se enroló en política?
Desde niño fui dirigente estudiantil hasta la universidad, diputado infantil en el primer congreso que se nombró en Honduras, coordinador de juventud nacionalista en el 2006, coordinador de las mesas electorales y gerente de campaña en el primer período del abogado Juan Orlando Hernández.
¿Cómo le fue con los “votos rurales”?
Sacamos más del doble que cualquier otro candidato presidencial, gracias a nuestros orgullosos votos rurales. Nadie sacó en Intibucá ni la mitad de lo que sacó el Presidente Hernández.
La oposición dice que los “votos rurales” fue un fraude, ¿qué les responde?
Cada quien puede pensar lo que quiera, pero yo sí me siento orgulloso de ser un voto rural, más allá de que algunos con saco y corbata nos llaman de manera despectiva; yo soy indio y rural y lo voy hacer toda la vida.
Óscar Mejía Arellano, Natanael Del Cid, Rumualdo Bueso Peñalba, Miguel Ángel Gámez y Elden Vásquez, son algunos políticos famosos de su departamento ¿será usted el caudillo sucesor?
Se le quedan otros como Antonio Rivas Vargas, el profesor Amílcar Aguilar Claros, José Morales y el profesor Hugo Vásquez. Con respecto a mí, sigo trabajando porque la gente espera resultados. Estamos llegando a rincones donde nunca se había llegado, los intibucanos hemos sido descuidados y somos agradecidos con quienes nos tienden la mano y por eso el Presidente Hernández sacó muchos votos.
¿Qué iniciativas presentó como diputado?
Varias, pero de índole nacional me tocó dictaminar la Ley de Control de Armas, que en diez años no se había tomado la decisión de aprobarla. Y varias iniciativas de infraestructura, lo que ahora permite tener las carreteras secundarias en buen estado una vez al año y que ahora nos coloca en un cruce obligatorio para el turismo de todos lados.
¿Qué instrucciones trae a Idecoas?
Trabajar sin distinción política, no descansar hasta que el último niño o niña tenga un espacio digno para recibir clases, tenemos que llegar a los 298 municipios. Vamos a seguir apoyando en las cosechas de agua y paneles solares para la generación de energía eléctrica. Un equipo de trabajo se dirige a La Mosquitia para instalar los panales solares y construir centros educativos de primer nivel.
¿Cómo halló la oficina en presupuesto?
Con las mejores referencias. Como el año está por concluir y los proyectos ya están asignados, estamos preparando el nuevo plan operativo anual y el nuevo presupuesto del 2020.
Dicen también que ahora ser nacionalista es sinónimo de narco y corrupto.
La oposición va a atacar a quien esté gobernando, pero a mí nadie me va decir que en los gobiernos anteriores no había corrupción, pero tapaban el sol con un dedo y no se perseguía a los corruptos, hoy, con Juan Orlando Hernández se marca un precedente, no importa caiga quien caiga.
Pero los que caen son nacionalistas ¿cómo explica eso?
Todos los nacionalistas involucrados han dado la cara valientemente y no andan huyendo a diferencia de los acusados en los otros partidos que alegan persecución política, como exfuncionarios del gobierno de Zelaya que andan huyendo. Otros se amparan en acuerdos políticos y han sabido colocar algunas piezas para que los protejan.
¿Qué siente cuando le gritan “fuera JOH”?
Casi no me gritan, estoy claro que hay un sector de la población que quiere ver a JOH fuera, es lógico, normal, pero a mí nadie me grita “fuera JOH” y como yo vivo en Intibucá, todos los intibucanos queremos a JOH.
Mauricio, “Papi a la Orden”, Ricardo Álvarez ¿En qué barco se va a subir?
Todos son muy buenos, pero ahorita, el candidato del partido es la unidad granítica.
¿Hay división?
Muchos dicen que estamos divididos, pero no, señores, estamos unidos, tenemos un partido disciplinado y solo va a ganar uno, pero después siempre somos nacionalistas.
Se rumora que JOH va a seguir ¿sabe algo?
Yo creo que no, el Presidente Hernández ha cumplido una tarea importante en Honduras, la sigue cumpliendo y nos ha instruido en seguir trabajando.
