Fracaso

Por: Abog. Octavio Pineda Espinoza(*)

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define el fracaso así: “Caída o ruina de una cosa con estrépito y rompimiento. Suceso lastimoso, inopinado y funesto. Malogro, resultado adverso de una empresa o un negocio”. De igual manera define al fracasado como: “Dícese de la persona desconceptuada a causa de los fracasos padecidos, en sus intentos o aspiraciones”. Y define fracasar como: “romperse, hacerse pedazos y desmenuzarse una cosa. Frustrarse una pretensión o un proyecto. Tener resultado adverso en un negocio”. Todo esto que definen los diccionarios se puede aplicar al reciente proceso de selección de los representantes partidarios a los organismos electorales del país, fracasaron rotunda y estrepitosamente todos aquellos que se presentaron como amigables componedores, o como los más vivos del proceso. Ahí cayeron los que nos gobiernan en los partidos, sus “conspicuos asesores diarios”, es decir, aquellos que no dejan respirar a las cabezas de los partidos en busca de sus mezquinas pretensiones en el día a día y en definitiva, aquellos que se creen vivos, cuando en la realidad, nunca han ganado ni una elección local, y se autonominan como las panaceas del saber y de la política, por cierto, ¡buena enseñanza para el que de verdad quiere aprender de política!, triste para los ilusos y los soberbios.

La dosis de humildad debe servir para algo, pero hay siempre personas que no quieren aprender, su soberbia, los palaciegos, los mapaches, no los dejan ver más allá de sus mezquinos intereses y en el proceso pagan todos los buenos liberales, los de ayer, los de hoy, los de mañana, simple y sencillamente porque no hay aprendizaje, la reflexión es exigua y las posiciones son fatuas, se llenan con sus propios comentarios, así como Hitler no aceptaba la derrota total en la caída final del Tercer Reich que había predestinado duraría por mil años, en los partidos el aparente poder formal solo dura cuatro, y una vez escogido el candidato dura menos, quizás tres años, esa lección tampoco la hemos aprendido, me refiero a mi partido, el Partido Liberal de Honduras, el constructor del alma y la poca riqueza nacional, el partido brújula en anteriores circunstancias, el partido eje, el partido báscula, el fiel de la balanza, siempre y cuando hayan personas pensantes e inteligentes en sus filas y sobre todo, en sus órganos superiores, no niños encaprichados con un juguete, ni vivos que quieran ver en la muerte política del actual presidente del CCEPLH, su propia razón o subsistencia política.

Mi padre era un hombre severo, acostumbrado a llamar al pan pan y al vino vino, estoy seguro que diría que lo que hicimos, y sobre todo lo que logramos como partido en esta coyuntura política fue un total y rotundo fracaso, que no tuvimos la visión cuando debimos tenerla, ni los cojones cuando eran necesarios, que nos dejamos llevar por nuestras más bajas emociones, cuando nuestras decisiones tuvieron que estar en los más altos niveles de nuestro cerebro, nos dedicamos a ver o a complacer a los mapaches de la política y no, a los verdaderos políticos, a los que entendemos que esto es una ciencia, que es ara y no pedestal, seguro es que quizás quienes debían tomar las decisiones decidieron escuchar a los más inexpertos, solo porque les gustaba el sonido de su voz, aunque el mensaje fuera vacío, de venganza, de desquite y no, de reconciliación.

Lo cierto es que al final, perdió Honduras, perdió el Partido Liberal, solo porque fallamos en atender las pretensiones de varios y acumularlas a las nuestras, y aunque algunos, los más ilusos quizás, digan que perdiendo se gana, posiblemente porque están pensando en sus propios intereses y no, en los del que sea ungido como candidato de nuestro histórico órgano, lo cierto y lo pragmático es que perder es perder y ganar es ganar, que eso no sirva para triunfar en un próximo proceso electoral es una premisa que también hay que probar, y que, el mayor perdedor es el pueblo hondureño, cansado y agobiado de las componendas, pero también de los extremos izquierdos y derechos de mentira, pues ambos son populismo puro, un pueblo inculto, sordo, miope y mudo, sin valor a levantarse, sin inteligencia para ordenarse en una coalición ciudadana amplia, sin deseos superiores que los de comer hoy y talvez mañana, sin la virtud de un ideal serio, sin líderes, pero también sin soldados, sin un plan real para devolverle el poder al pueblo que es soberano, pero que no entiende qué significa eso, lo cierto es que todo, lo bueno y lo malo, ha sido un rotundo y cardinal fracaso.

(*) Catedrático universitario. Srio. Gral. del Partido Liberal de Honduras.