EVENTOS MILITARES DE LA NACION HONDUREÑA: PERÍODO INDEPENDISTA Y REPUBLICANO

Por: José Luis Núñez Bennett

I. HONDURAS EN EL ANÁLISIS GLOBAL DE LA CORRELACIÓN DE GUERRAS.

A. Las guerras de Honduras
Hablar de la guerra no es una tarea exclusiva de los militares. Desde desde el punto de vista del soldado se puede hablar sobre su intensidad, sus motivaciones, sus tragedias, sus desenlaces, actos de cobardía, de heroísmo, de sentimientos fraternales, de compañerismo, lealtad y tristeza, entre otros. Evaluar las guerras, clasificarlas, definir sus tipologías y determinar su severidad corresponde a los investigadores, científicos sociales, y matemáticos. A partir de los años 1950, por decenios, y luego del fin del gobierno del general Tiburcio Caría Andino (al que muchos admiran por haber traído la paz interior), se ha tratado de obviar o disminuir el historial guerrero de Honduras. Sin embargo, a lo largo de su historia nuestro país ha estado involucrado en varios conflictos y guerras, todas de diferentes tipos, escenarios y consecuencias. Según un estudio del Correlation of War Project1 Honduras ha participado en nueve guerras que se clasifican según su tipo: Guerra No Estatal (Guerra de la Confederación Centroamericana y la Gran Guerra Centroamericana con el filibustero William Walker)2, Guerra Extra Estatal Inter-Estatal (Guerra del Fútbol) y Guerra Intra-Estatal (rebeliones civiles). Para dar una idea de la valoración de estas guerras y su contexto en el análisis global queremos resaltar los niveles de severidad de estos conflictos, esto a los ojos de los expertos y evaluadores según las estadísticas disponibles. Los autores: Small, Melvin y Singer, J. David en su obra El Recurso a las armas: Guerras Internacionales y Civiles (Resort to Arms: International and Civil Wars), 1816-1980, publicado en 1982 por la editorial Beverly Hills. En esta obra hacen una valoración estadística de las guerras en el mundo y se registraban en la región, hasta 1980, un total de 44 conflictos, de los cuales Honduras había participado en 9 de ellos, ver cuadro numero 1:

En términos militares, entre las guerras más importantes, están la de 1907 y la de 1969.
Guerra de 1907. La más cruenta, trágica y sanguinaria, en términos de bajas de combate, es la guerra de 1907, cuyo vórtice fue la batalla de Namasigüe. Es importante resaltar esta conflagración y su batalla cumbre, ya que incluyó la guerra en todos los niveles conocidos a esa fecha (tierra y mar), así como el uso de nuevas armas y tecnologías que provocaron una carnicería entre las fuerzas hondureñas. En esta guerra, Honduras, aliada con El Salvador, se enfrentó a Nicaragua. Lo anterior producto de la pretensión de José Santos Zelaya (presidente de Nicaragua) de deponer a los presidentes de Honduras (Manuel Bonilla) y de El Salvador (Fernando Figueroa). Para esta guerra, el Ejército de Nicaragua se había preparado con asesores alemanes y chilenos, contaba con armamento moderno y en su inventario incluía el siguiente armamento: cañones Krupp, cañones de montaña de 42 mm sistema Hotchkiss; piezas de artillería de repetición de 37 mm, obús de 7.5 mm, cañones Skoda, rifles Remington, rifles Maxim, rifles Mauser, y ametralladoras Maxim, armas que fueron compradas por medio del ciudadano francés, Francisco Labreau4. La batalla decisiva se desarrolló entre 17 y el 23 de marzo de 1907 en territorio del actual departamento de Choluteca, en el marco de la guerra entre Nicaragua y los ejércitos combinados de Honduras y El Salvador, la batalla de Namasigüe se considera la acción militar más grande de ese conflicto.

Algunos cronistas describen esta batalla así:
“A mediados de marzo un ejército de 3000 hombres, bajo el mando del General Jose Dolores Preza, se unió a las fuerzas que Bonilla había enviado al Sur, y juntos se enfrentaron a los nicaragüenses en el poblado de Namasigüe. El presidente J. Zelaya habiendo recibido noticias, vía cable, desde Nueva Orleans, que en el norte de Honduras ya habían caído puerto Cortez y La Ceiba, bajo las fuerzas del General Juan J. Estrada. Zelaya decidió entonces utilizar todas sus fuerzas y reservas para ser usadas contra Honduras. La batalla de Namasigüe duró tres días, comenzando el domingo 17 de marzo, en horas de la tarde, con una fiera y continua barrera de fuego de artillería nicaragüense contra las tropas enemigas atrincheradas en las colinas y cerros cercanos al pueblo. El fuego de artillería duró hasta las 11:00 pm y se reinició a las 5:00 am. En el segundo día de la batalla las fuerzas hondureñas-salvadoreñas atacaron las posiciones nicaragüenses. Sin embargo, estos se habían atrincherado y se habían reforzado con nuevas tropas, hicieron uso sus ametralladoras Maxim (de tiro continuo) para establecer una barrera de fuego, tan mortal, que esta batalla de Namasigüe tiene el triste distintivo de ser en la historia, en términos numéricos, la más sangrienta en base a la cantidad de muertos en proporción al número de tropas empeñadas. Las pérdidas fueron tan escalofriantes que los nicaragüenses reportaron al final del día, haber matado más de 1000 hombres. Zelaya describió la carnicería así: –El número de muertos era tan grande que fuimos incapaces de enterrarlos a todos–. En medio de la batalla el 40% de las tropas Hondureñas dejaron atrás a sus aliados Salvadoreños y se lanzaron frontalmente contra las fuerzas Nicaragüenses”5
Esta batalla registra la más alta cantidad de Generales y Coroneles hondureños, muertos en combate, entre ellos los generales Florencio Tejeda, Pilar M. Martínez, Francisco Soriano, José María Valladares (muerto por heridas de guerra), asimismo el Ministro de Guerra del Gobierno de Manuel Bonilla el General Sotero Barahona, muerto en el combate de Lizapa, el 22 de marzo de 1907. Para el 24 de marzo las tropas nicaragüenses llegan a Tegucigalpa, donde el General Saturnino Medal, al mando de 600 hombres, ante la superioridad del enemigo y evitar más derramamiento de sangre de los capitalinos se rindió y entregó la plaza. Hoy día, en el Cementerio General de Tegucigalpa, se puede observar un monumento en honor a estos héroes de la guerra de 1907.
Para efectos académicos esta guerra merece un especial análisis, ya que, aun cuando hubo valor y heroísmo, también hubo fallos de apreciación estratégica, de tácticas de combate, de inteligencia, y de comunicaciones, entre otros.

Conflicto de 1957. Sucedido en la zona de La Mosquitia, sector del Mocorón, luego de que, en febrero de 1957, Honduras decretase la creación del Departamento de Gracias a Dios. Nicaragua, bajo el gobierno de Luis Somoza Debayle, mayo de 1957, acusó a Honduras de haber invadido territorios nicaragüenses en la zona de La Mosquitia y ordenó un despliegue de tropas hacia el sector de Mocorón. Honduras reaccionó de inmediato movilizando tropas del primer batallón de infantería en aeronaves de la Fuerza Aérea Hondureña hacia la Mosquitia y, luego, conteniendo en breves combates, las intenciones invasoras de Nicaragua. Por el bajo número de la participación de tropas en combate es clasificado como un conflicto y no como una guerra. Las lecciones aprendidas de este conflicto se aplicaron en la guerra de 1969, donde la fuerza aérea fue amo y señor del espacio aéreo.

Guerra de 1969. Mal llamada Guerra del Futbol. Este conflicto, que, aunque ha sido ampliamente estudiado aún guarda muchos secretos, particularmente cuando los historiadores y estudiosos aún no se ponen de acuerdo sobre las motivaciones y la cantidad de bajas reportadas por ambos contendores. En la obra “El Recurso a las armas: Guerras Internacionales y Civiles (Resort to Arms: International and Civil Wars), 1816-1980” a la que ya hicimos mención, se realiza un recuento de las bajas del conflicto de 1969, lo que se ve reflejado en la figura numero 2:

En este análisis se atribuyen unas 1200 bajas a Honduras y unas 700 a El Salvador, con una severidad de muerte por cada 10,000 habitantes, para Honduras de 6.3 y para El Salvador de 2.8, a esta guerra se le atribuye el número 175 desde que se lleva el recuento (1816).

La guerra de 1969 entre Honduras y El Salvador vino a fortalecer la identidad y unidad de la nación. Sobre nuestra capacidad de respuesta militar con el ejército de tierra, y los éxitos de la aviación en la lucha aérea, se ha escrito ávidamente, hay muchas cosas de las cuales no se ha escrito ni se ha investigado. Sin embargo, esta guerra aun hoy, es una fuente de estudio inagotable y nos sirve como referencia para no cometer los errores del pasado en las guerras del futuro.

La guerra aérea, liderada estratégicamente por nuestro Héroe Nacional el Cnel. Enrique Soto Cano y la acción del combate aéreo realizada por expertos pilotos, técnicos y auxiliares de apoyo en tierra, de la Fuerza Aérea de Honduras, asestaron duros golpes a instalaciones estratégicas y puertos de El Salvador. Pero la culminación de este desempeño exitoso se dio, el 17 de julio de 1969, cuando otro de nuestros Héroes, el entonces capitán de aviación Fernando Soto Henríquez, derribó, en un solo día tres aeronaves enemigas, doblegando con ello las pretensiones y aspiraciones de conquista de nuestro oponente, dando así pleno control del espacio aéreo a Honduras.

La batalla terrestre tuvo dos muros de contención liderados por dos de nuestros Héroes, el entonces Cnel. Policarpo Paz García, que, con su arrojo y valentía, liderando las tropas del Primer Batallón de Infantería y otras unidades del sector, evitó la caída en el Frente Sur (conocido como Teatro de Operaciones Sur); y la del entonces capitán José Matías Hernández, quien, al mando de tropas de la reserva (movilizada vía aérea al occidente del país) y otras unidades del sector, así como dos aeronaves de combate de la FAH piloteadas por el capitán Carlos Aguirre y el teniente Marco T. Rivera, escribieron con sangre de gloria las letras de nuestra historia militar, en la batalla de San Rafael de la Mataras, el 18 de julio de 1969, cuando asestaron al enemigo una cruenta derrota. Al día siguiente El Salvador aceptó someterse al cese de hostilidades.

Esta guerra, para recuento histórico, puede considerarse como la única que ha permitido la total movilización de nuestro esfuerzo de guerra (esto incluye hasta el despliegue de jóvenes cadetes, entonces alumnos de nuestra Escuela Militar, que fueron desplegados a los diferentes Teatros de Operaciones, dos de ellos (Novena Promoción) participaron en la Batalla de Las Mataras). Por otro lado, cientos de ciudadanos civiles y jóvenes, que ante el llamado de “En cada hondureño un Soldado y en cada Soldado un Héroe” se presentaron a filas, listos para defender la Patria, muchos de ellos perecieron sin que su nombre quedara registrado para la historia. Hoy, la Patria ha creado un fondo especial para compensar a los veteranos de estas guerras y conflictos.

II. LOS MILITARES HONDUREÑOS A LOS OJOS DE LOS ESCRITORES EXTRANJEROS Y NACIONALES
El general Francisco Morazán, paladín de la Unión Centroamericana es nuestro máximo héroe y ha sido elogiado por varios escritores tanto nacionales como extranjeros. Así que en esta ocasión nos referiremos a las opiniones sobre otros militares representativos del soldado hondureño:

General JOSE TRINIDAD CABAÑAS:
Williams W. Wells (Página 184)
“Él es, hoy, de hecho una noble ruina de la virilidad, pero lleno de plácida dignidad… Cabañas está cubierto de muchas heridas recibidas en innumerables peleas, muchas de ellas perdidas en la historia, en la intimidad de los pequeños Teatros de Guerra en donde han ocurrido, pero casi increíbles con una sangrienta y salvaje furia del ajuste de cuentas”7

Pedro Zamora
(Tomo II, página 47)8
“Los Salvadoreños le dieron el título de Benemérito y el congreso de Honduras le dio el más hermoso nombre: <>.
Y aquel soldado ilustre, de hirsuta y poblada barba, fue verdaderamente un ejemplo de lo que valen el honor y la temeridad de hombres de esa talla cuya espada brilló en más de 20 acciones de guerra. Perseguido siempre por la adversidad, sus derrotas lo enaltecen y lo hacen digno del bronce y de la epopeya… el vencido puede caer así sobre su bandera, con el sable roto, pero con la mirada agónica muy alta, fija en el cielo azul de la patria”

General FLORENCIO XATRUCH:
Oscar Núñez Oliva. Escritor costarricense. (La Guerra Prometida. Página 326-327)
“El arribo a Granada del General Florencio Xatruch al frente de 200 soldados hondureños provocó un efímero entusiasmo…., la conocida bravura del general hondureño parecía ser el ingrediente que faltaba para una victoria rápida y aplastante”.9

General DOMINGO VÁSQUEZ:
Bustamente, Cnel. Gregorio. Historiador salvadoreño.
“El Proceder de dos Jefes Militares. En los primeros días del mes de marzo de 1894, cruzaba el río Goascorán (Departamento de La Unión) una pequeña columna de militares, comandada por el General don Domingo Vázquez, venían de la ciudad de Tegucigalpa de sostener una lucha titánica contra las fuerzas nicaragüenses mandadas por el General J. Anastasio Ortiz, y las falanges hondureñas encabezadas por el Dr. Policarpo Bonilla; lucha que duro 33 días, llena de episodios sangrientos y actos de heroísmo, que fueron la admiración de propios y extraños. Desde Tegucigalpa los seguían numerosas fuerzas atacándolos y tratando de cortar su retirada, cosa que parecía fácil por la lentitud de la marcha a causa de venir muchos heridos graves; pero esos bravos eran de los que no se rinden, que pelean hasta perder la vida; así, pues no era posible contenerlos. Cruzaba el río, como antes dije y era de ver la solicitud paternal del Jefe, General Vásquez, haciendo primero pasar a los heridos, después a la tropa y oficiales, y por último él, que, acompañado de sus fieles ayudantes defendía la retirada, haciendo los disparos de despedida a sus tenaces perseguidores”10.

Ramón Zelaya. (Escritor y Diplomático Costarricense, citado por Gregorio Bustamante):

“Bajo la dictadura de Manuel Bonilla, el Comandante Militar de un importante Departamento de Honduras, uno de tantos oficiales formados por (el Gral.) Vásquez, le escribió ofreciéndole entregar las fuerzas que comandaba. Y me consta que de Costa Rica le contestó el General: «He tenido siempre por ti la mayor estima, y me dolería mucho tener que retirártela por traidor; permanece fiel a tu Jefe». Y todo esto se lo decía y hacía con la naturalidad de quien da un consejo desinteresado en una causa ajena. Noble y generoso, le fue siempre un inmenso placer rendir servicio a todo el que tocaba a su puerta; y daba, sin contar amigos ni enemigos, con delicadeza de gesto, con discreción romántica, sin reclamar ni esperar la gratitud de los hombres, …. Su gratitud intensa hacia sus compañeros de armas en la cruenta campaña de 1893, en la cual hubo momentos en que luchó uno contra treinta. Se quejaba amargamente de la desmoralización en que las continuas revoluciones han sumido el espíritu militar de cuatro de las repúblicas centroamericanas, en donde a veces la traición sirve de peldaño glorioso al traidor, en vez de su patíbulo… «Esta es quizá la única página militar de ese hondureño ilustre; pero esa página es bella, por la dignidad de su gesto y la elocuencia de su enseñanza. Vivir siempre listo a sacrificar el todo por el todo, en aras del deber y del honor. Es uno de los distintivos del héroe latino; esa fue también una de las divisas del ex-Presidente de Honduras. No era don Domingo (Vásquez), hombre que se retirara ante la amenaza arbitraria de unos cuantos barcos de guerra o de algunos batallones de infantería extranjera. Él hubiera obligado al audaz provocador a desembarcar sus tropas, y no se hubiera retirado, sino después de haberle librado un par de combates y después de haber lavado el ultraje inferido a la Patria, regando el territorio nacional con un poco de sangre del invasor. ¡Quijotismo! gritarán algunos; mas sin un poco de quijotismo no puede haber verdadera grandeza en la historia.”11.

SOBRE EL SOLDADO HONDUREÑO:

Ramón Zelaya. (Escritor y Diplomático Costarricense, citado por Gregorio Bustamante):
“Pero cuando el hondureño está comandado por un Jefe que le inspire confianza, es el soldado más heroico que se pueda encontrar”12.

SOBRE EL CACIQUE LEMPIRA:
“Las operaciones militares se prolongaban así, y los sitiadores estaban cada día más aniquilados; enviaban a Lempira mensajeros de paz, y éste, aunque los recibía, no se rendía, porque estaba dispuesto a luchar hasta la muerte. Era firme como el peñón que ocupaba; su entereza es un ejemplo de lo que debe ser el patriotismo….Fue un héroe como Leónidas y Epaminondas”13. Gral. Pedro Zamora (guatemalteco).

SOBRE EL CACIQUE PICECURA O PIZACURA:
“Durante su ausencia (la de Pedro de Alvarado) notables acontecimientos militares habían tenido lugar en Centro América, sobre todo en Honduras, con motivo de la insurrección de los caudillos Picecura y Lempira…Picecura alarmó más de una vez a los españoles radicados en Trujillo”14. Gral. Pedro Zamora (guatemalteco).

SOBRE EL CORONEL FERNANDO SOTO HENRÍQUEZ:
“En el marco de la mal llamada «Guerra del Fútbol» ocurrida entre Honduras y El Salvador en Julio de 1969, sobresale la actuación del -entonces- Mayor Fernando Soto Henríquez, quien logró derribar tres aviones caza salvadoreños durante las misiones que constituyeron el «máximo esfuerzo» de las fuerzas armadas hondureñas para detener una invasión que parecía imparable. Esto ocurrió el día 17 de Julio de aquél año15”.

SOBRE EL COMPORTAMIENTO DEL SOLDADO HONDUREÑO:
“En campaña es otra cosa en cuanto a comportamiento. El hondureño es valiente hasta la temeridad, sufrido hasta el estoicismo, arrojado hasta la inconciencia: la muerte o el peligro no tienen para él significación concreta cuando de combatir llega la hora por una causa que abrace16” … Profesor Gustavo A. Castañeda, en su obra “El Combate de El Obrajuelo”

III. READECUAR LA HISTORIA MILITAR DE HONDURAS
a. Reescribir la Historia Militar y redescubrir la herencia militar de los líderes militares del pasado.
El general e historiador guatemalteco don Pedro Zamora, ilustra su obra con estos pensamientos:

“Es oprobio a cualquiera que pretende tener alguna ilustración ignorar la historia de su país. Quintana17.

Si todos los generales conocieran por lo menos, la historia militar de su país, es indudable que sus operaciones serían más acertadas”. Banus y Comas18

A este propósito debemos reencontrar y reconstruir los lazos históricos de nuestros batallones y brigadas que participaron en las diferentes guerras. La historia militar de Honduras es rica en ejemplos de coraje, valor, espíritu guerrero, nobleza militar, y liderazgo. La vida de cada uno de estos hombres debería ser estudiada y analizada en el contexto y entorno en el cual les tocó actuar, deberíamos recuperar sus grandes hechos y resaltar sus virtudes.

Nuestros estandartes militares han sido privados de lucir en las grandes galas, el pendón de las glorias de muchas batallas dentro y fuera del territorio nacional. Hasta ahora cada unidad militar y naval se concentra en resaltar su creación a los orígenes de la sexta década del s. XX, aunque cada año rememoramos el 11 de diciembre, como fecha de la creación del Ejercito Nacional en la Constitución de 1825. A pesar de lo anterior no existe unidad militar alguna que enlace y conecte su historia a esa época, aun cuando, desde la colonia se hablaba del primer batallón de milicias en Tegucigalpa (en el cual Morazán sirvió como teniente). Por otro lado, se habla de las acciones de guerra de buque navales desde el s. XIX, entre ellos el Tatumbla, pero no hemos hechos esfuerzos por recoger y enriquecer esa historia.

b. Fortalecer la identidad nacional.
El problema de Honduras para construir un imaginario nacional ha sido su poca integración y conexión territorial, aun hoy día cuando viajamos a lugares remotos como Palacios (Río Plátano), la Mosquitia o Roatán, sentimos que hay un sentimiento de poca identificación y poco respeto por la nacionalidad, como ejemplo, en las islas de la bahía aún se escucha decir: “allá en Honduras”

Tenemos que ayudar al isleño a reencontrar su valía en la forja y la defensa de la nacionalidad; que el misquito se reencuentre con sus glorias pasadas cuando combatía y era el señor de los ríos y mares de Centroamérica; que el garífuna redescubra su identidad en las guerras contra los españoles, los piratas, y su role en las luchas internas y guerras civiles. Asimismo, el resto de la nacionalidad debería reencontrarse con los orígenes de su raza indígena, ya mestiza, enriquecida por el europeo, el negro, el árabe y el asiático.

Como nación debemos buscar el reencuentro del mestizo, el negro y el indio, que se distinguieron por igual en las guerras de la federación y las guerras fratricidas buscando afanosamente la reivindicación de su propio ser, ya sea como héroes y próceres, modelos de patriotismo a seguir, o como simples ciudadanos para levantar y consolidar la mestización y reafirmación de que esta nueva nación está conformada por una nueva raza que representa una nueva Honduras.

Tenemos el orgullo y privilegio que ilustres militares hondureños prestaron servicios distinguidos a todas las naciones de la federación, es un mérito del cual todos debemos sentirnos orgullosos.

Tegucigalpa, agosto de 2019