¿POR QUÉ NOS CONCIERNE?

NOS concierne lo que le suceda al vecino. Tanto como muestra de la fragilidad de estos gobiernos –de simulada estabilidad hasta que un acontecimiento inesperado desencadena una crisis política a partir de la cual todo lo que aparentaba ser se viene abajo, se arruina la economía y la marcha del país se descompone– como porque era con el único mercado con el cual Honduras mantenía superávit comercial. El comercio se ha estancado sin perspectiva de mejorar ya que los daños sufridos por la parálisis de las actividades económicas son de larga duración. Mientras dure el desasosiego, incluso por los efectos negativos imposibles de revertir, aunque encontraran alguna salida a la encrucijada, no vuelven a la normalidad en el cercano futuro. Con los demás vecinos en la región tenemos déficit en balanza de pagos.

Si agregan a lo anterior el efecto perverso al bienestar general que pueda tener la ralentización que ya experimenta acá la economía y los signos recesivos en las economías de las potencias del mundo, complicadas por las guerras arancelarias, mayores motivos de intranquilidad. Revisemos, entonces, qué novedades hay a la vuelta de la esquina. El diálogo entre el gobierno y los opositores se marchitó sin que lograran acuerdos. El informe leído en el plenario por el tupamaro designado por la OEA a mediar entre las partes para arreglarlos, fue recibido con duras críticas por la oposición nicaragüense. “El texto leído por el Sr. Rosadilla está lejos de la realidad de Nicaragua”. “Se olvidó de 134 presos políticos, de la confiscación de derechos y libertades, de la represión y los incumplimientos de acuerdos del régimen de Ortega”, reprochó la exguerrillera sandinista y opositora, Dora María Téllez. “También cuestionaron que en el texto no se mencionaran a las víctimas de la crisis: 325 muertos, más 2,000 heridos y casi 80,000 exiliados, además de las 700 personas encarceladas por ejercer su derecho a la protesta”. La oposición también reaccionó con alarma por la intención del régimen sandinista de negociar un paquete de reformas electorales solamente con la OEA y no mediante una negociación con la Alianza Cívica”. “Toda reforma electoral de maquillaje para lavarle la cara a Ortega será rechazada y desconocida pues no resolverá la profunda crisis en Nicaragua. Toda negociación legítima debe contar con negociadores legítimos”.

La OEA designó una nueva delegación, para gestión de buenos oficios –como preámbulo a activar lo contemplando en la Carta Democrática– que vaya a explorar Nicaragua. Sin embargo no mengua el escepticismo. “Qué distante está de la realidad tan dolorosa del pueblo nicaragüense, el estilo lento, retórico y hasta ambiguo de la diplomacia internacional”, se lamentó en Twitter el obispo auxiliar de Managua, Silvio Báez.

Y no deja de tener razón. Si en la OEA los gobiernos de izquierda tienen aliados que impiden la mayoría calificada para que les apliquen el castigo de la suspensión. (De esto, en época reciente, solo a Honduras le tocó el real del mandado). La manada vota solidaria a sus socios o se abstiene. México y Uruguay se han declarado neutrales. El grupo de Lima –donde están los grandotes que no ocupan padrinos y los pintorescos países acabados de la derecha, que a veces sirven de carne de cañón; que si algún día quedan en alas de cucaracha, se quedan solos, sin apoyo de sus supuestos aliados– se ha ido diluyendo, en lo que concierne a la presión que el imperio busca ejercer sobre Nicolás. Allá los resignados simpatizantes del autoproclamado, desde que fracasó la intentona contra Nicolás, no volvieron a salir a las calles. Así que es cuesta arriba tumbar una autocracia sin escrúpulos, a no ser que descubran una forma creativa que supere el apoyo de los generales obedientes fieles a Nicolás. Mientras nada de eso suceda, hay que rogar que ningún otro de estos pintorescos paisajes acabados se contagie de ese virus desestabilizador que termina emponzoñando el organismo.