Por Nery Alexis Gaitán
Ya sabemos que negociar es “tratar asuntos públicos o privados procurando su mejor logro”. Es decir, que toda negociación lleva implícita la mejoría en el tema tratado. El ambiente democrático es propenso a establecer negociaciones entre las fuerzas políticas en aras de la mejoría de los sagrados intereses de las grandes mayorías.
Los políticos, sin importar el partido a que pertenezcan, deberían integrarse a negociaciones por el bien de la patria; ese debería ser su único cometido. Así el resultado impactaría en la calidad de vida de los más necesitados.
Pero, la costumbre por estos suelos patrios, es que cada quien entiende que negociar es solamente salirse con la suya y que le cumplan todas sus exigencias al máximo; nada de tomar en cuenta las demandas de los otros. Aquí, la intolerancia es la norma, solo lo que yo quiero es lo que importa.
El ámbito político, sobre todo desde la óptica de la oposición, implica atacar al gobierno a como dé lugar, y valiéndose de lo que sea porque todo lo que hace está mal. Solo lo que ellos plantean es lo correcto y hay que botar al cesto de la historia a la “narcodictadura”.
Así, los movimientos que se generan con el único fin de desestabilizar al gobierno, en ningún momento plantean negociar por el bien del país. Sembrar caos y violencia es su único objetivo porque creen que de ahí surgirá expedito su camino a casa presidencial. Absurdo sin pies ni cabeza; incendiar al país solamente multiplica la pobreza.
Veamos algunos ejemplos. La tal Plataforma por una mejor salud y educación, que empezó haciendo reclamos por mejorar ambos sistemas, en ningún momento quiso negociar con el gobierno y, de paso, tampoco presentó proyectos de mejoría en ambos temas. Su intolerancia evidenció que nunca estuvieron interesados en mejorar la salud y la educación del pueblo hondureño. Y que su única finalidad era crear caos para afectar al gobernante. Y han llegado al descaro de olvidar sus pretensiones originarias y establecer claramente que su intención es sacar al Presidente JOH del poder.
La ridícula “insurrección legislativa” que se tenían los diputados de Libre en el Congreso Nacional, que nos dieron un espectáculo pleno de mediocridad, al principio no planteaba ninguna negociación e interferían con el desarrollo normal de las sesiones; legislar a favor de los pobres nunca ha sido su finalidad.
Solo se dispusieron a retornar a las sesiones cuando se les ofreció su participación en los dos nuevos organismos electorales; pero ellos no ofrecieron nada a cambio. No hubo negociación, solo aprovechamiento en busca de cuota de poder; negociar para el bien de todos no está contemplado en su agenda política.
El presentador de televisión, que no entiende ni la o que es redonda en política, desconoce lo que es negociar por el bien del país. Encumbrado en su prepotencia sin límites, cree que es un ser divino al cual hay que rendirle pleitesía y que todo el país debe inclinarse ante sus exigencias. De momento está solo, sin partido político, despotricando incoherencias para variar.
Por lo general, la negociación tomando en cuenta el bienestar de todos, está ausente en los políticos que siempre dicen “actuar por el bien de los pobres”. Pero que en la realidad lo único que les interesa es actuar solamente a favor de sus intereses de partido, de grupo o personales. Y en eso no ceden ni un poquito y toda negociación es imposible.
Negociar, para el bien común y a favor de la democracia, está totalmente ausente en estos políticos que han traicionado el suelo que los vio nacer. Lo hondureños merecemos vivir en paz y en democracia, pero con estos personajes trasnochados que quieren instaurar el fracasado socialismo del siglo XXI es muy difícil.