“Queridos mami y papi”

Tomás Monge
Consultor educativo y catedrático UPNFM

“Aunque yo sé que muchos otros niños inician su año escolar en febrero, yo estoy comenzando mi año justo ahora y ¡estoy muy emocionado! No les puedo describir lo motivante que es para mí saber que voy a otro grado, que compramos todos los materiales, que muchos de mis maestros serán nuevos y que incluso ustedes están muy emocionados por mi primer día de clases, me toman muchas fotos, me publican en sus redes sociales y hasta pidieron el día en sus trabajos para irme a dejar a la escuela ustedes mismos.

Les escribo esta carta para pedirles que por favor me apoyen todos los días de este nuevo año, que me ayuden a manejar mi agenda de tareas, a marcar puntualmente mis rutinas diarias de estudio, que me provean un espacio en casa donde esté lejos del televisor y de cualquier otro aparato electrónico o juguete que me distraiga, pero sobre todo, que me tengan paciencia cuando no le entiendo a algo o cuando estoy “insoportable”, ya que solo soy un niño y me es muy difícil entender ciertas cosas que ustedes comenzaron a entender en la universidad o incluso ya siendo adultos.

Además, quiero que sepan que yo de verdad aprecio que ustedes quieran darme todo lo mejor, porque quizás ustedes no lo tuvieron y no quieren que yo pase por lo que ustedes pasaron a mi edad, ni que me falte lo que a ustedes les faltó. De igual forma sé que su objetivo principal es que yo llegue mucho más lejos de lo que ustedes han llegado, que aprenda todo lo que ustedes no pudieron y que sea todo lo que ustedes probablemente quisieron ser.

En mi corazón ustedes son los mejores padres, los amo muchísimo, agradezco todo lo que hacen por mí y admiro lo mucho que trabajan para darme todo lo que me dan; pero, al estar tan pequeño, creo que a veces entiendo mal el mensaje de tener todo y de que no me falte nada. Siento que los excesos me dan ideas erróneas de competitividad con mis compañeros, con quienes he peleado por tener las mejores cosas y por tenerlas primero, cuando en realidad yo los quiero mucho porque con ellos he crecido, con ellos me divierto y, realmente, cuando estamos juntos, poco o nada importa la marca de nuestra ropa o el destino de nuestras vacaciones.

Por ejemplo, ustedes me cuentan que cuando eran niños tenían solo uno o dos juguetes, los cuales eran sus favoritos, no porque eran caros, sino porque sabían que no recibirían muchos otros en mucho tiempo, por lo que los cuidaban mucho, al punto que si se les rompía o dañaba, lloraban y hasta buscaban la forma de repararlo. Yo, por el contrario, recibo juguetes a cada momento y muchos son muy caros, por lo que la novedad solo me dura uno o dos días, luego me aburro de ellos y, honestamente, poco me importa si los rompo o pierdo, ni siquiera sé si tengo un “juguete favorito”, ya que una vez que los presumo con mis amigos, ya no me divierten mucho.

De ningún modo me estoy quejando de sus buenas intenciones, ni mucho menos quiero sonar mal agradecido ni renegar por que procuren mi bienestar a toda costa; por el contrario, quiero que sepan que creo que se estresan y trabajan demasiado para obtener la mayor cantidad de dinero, como si estuviéramos compitiendo con alguien o necesitáramos llegar a algún lugar específico. Hoy solo quiero decirles que no es necesario que me paguen las clases de francés, ni alemán, ni mandarín. Si me voy a una universidad donde se hable uno de esos idiomas, ellos ofrecen cursos intensivos de un año al comenzar la carrera; y si no me voy, pues realmente no los necesito, ya inglés es suficiente. Tampoco necesito aprender varios deportes y varios instrumentos musicales; si me dejan enfocarme y especializarme en una sola cosa seré mucho más feliz; sobre todo si soy yo quien lo elijo y no son ustedes quienes me obligan. Ya es bastante difícil llegar a casa hasta las 4:00 p.m. todos los días y no tener tiempo para ser niño.

Mejor lleguemos todos temprano a casa, olvidemos nuestros electrónicos, jueguen y rían conmigo, cuéntenme sus historias de niñez, cocinemos, lavemos ropa, reparemos cosas, veamos películas, cantemos, gritemos, lloremos de felicidad, tomemos una siesta, hagamos repostería, licuados y chucherías; llenémonos de pintura, remodelemos nuestros cuartos, construyamos estantes, mesitas, banquitos, hagamos tiendas de campaña con sofás y sábanas, léanme mucho, abrácenme y bésenme mucho más, pero sobre todo, disfrútenme a cada minuto, porque un día alzaré vuelo y me iré a construir mis sueños y a formar mi propia familia; pero no me quiero ir con el corazón vacío de recuerdos y solamente la cabeza llena de cosas y los bolsillos llenos de dinero”.

Atte.
-Su bebé que ya está creciendo