La Subasta

Por Carlos Eduardo Reina Flores

El mes pasado pude alcanzar uno de mis anhelos. Matricularme en la “London School of Economics”. Me encantó la clase sobre la teoría de juegos. Una vertiente económica que estudia la toma de decisiones dentro del ámbito de factores que inciden en ellas. Qué hacer, digamos, tomando en cuenta qué podrían hacer los demás, mientras los demás actúan pensando en cuál podría ser nuestra actuación. Todo juego tiene su equilibrio. Un equilibrio que a primera vista no parece conveniente, pero es la mejor jugada para cada jugador sin importar el juego de los otros. En este estudio, precisamente, se le llama el equilibrio Nash. Un cuento, a manera de ilustración para que vayamos entendiéndonos.

Érase una vez, en la antigua URSS, para ser más preciso en el año 1952 de nuestro Señor. Un tren se dirigía de Leningrado a Moscú. Como pasajero un director de orquesta que en la ciudad capital conduciría una heroica interpretación para Iósif Stalin. Durante el viaje, en sus hojas musicales, copiaba partituras de Tchaikovsky. En ese mismo tren iban dos agentes de la KGB. Observaron la transcripción ininteligible y asumieron que lo que él hacía era escribir un código espía. Entonces lo apresan y lo interrogan. -“¿Qué haces?”- el director confiado que nada malo hacía les responde -“copiando una partitura de Tchaikovsky”-. Los agentes, intrigados por la respuesta, continúan es sus pesquisas hasta que logran detener a un hombre que rondaba por el sector, que respondía al nombre de Tchaikovsky.

Como solía acontecer en aquellos tiempos cuando de nadie se confiaba y de todos se sospechaban, los mandan al Gulag. De suerte tal que ninguno de los hombres se conoce, nunca se han visto y nunca se han platicado. Para la KGB no había duda alguna que se trata de socios y que tramaban una conspiración contra el estado soviético. Ya en el Gulag meten a los “conspiradores” en dos cuartos completamente separados, sin ninguna posibilidad de comunicación entre ellos. A cada uno se les dan dos opciones. Hablar o callar. La cartilla para esos casos es que, si ambos callan, solo pasan 1 año en el Gulag. Si los dos inventan algo y hablan, les toca permanecer 3 años en el Gulag.

Si los dos comparten las mismas respuestas y callan, casi no recibirían castigo, de modo que se produce un equilibrio. El juego se forma si cada jugador, en forma independiente, da respuestas diferentes. Digamos si el director habla y Tchaikovsky calla, el conductor sale libre de un solo y Tchaikovsky queda apresado en el Gulag por 10 años. Y viceversa.

Aquí es donde entra en juego la subasta de libertad. Lo ideal sería que ambos callen. Pero la cosa es que los dos son completos desconocidos, entonces no tienen base de confianza uno en el otro. A cada cual le convendría hablar y que el otro callara. Ese es el equilibrio Nash. A cada uno le conviene más inventar cosas que quedarse callados. A ver. Si uno se queda callado y el otro confiesa, se lo lleva judas, se queda por 10 años en el Gulag.

Esto es una subasta entre desconocidos. Uno tiene que buscar lo mejor para sí mismo. Sin importar lo que el otro elige. Si habla le tocarían entre 0 a 3 años de prisión. Si calla, con suerte, solo un año. Pero otra actitud puede significar quedar metido por 10 años. ¿Qué se escoge hacer cuando se juega con la vida?