La problemática política de Honduras

Por Mario E. Fumero

El caos y la división política que vive el país tienen sus raíces en varios factores históricos que trataré de describir brevemente. No soy hondureño, pero amo a Honduras, y no deseo que esta bella nación se hunda más de lo que está por la intransigencia e intolerancia de todos los factores políticos. Es bueno aclarar que el deterioro actual es el producto de muchas décadas de crisis, y degradación política, originada principalmente por la ambición humana.

Con las elecciones del 2006, quedó electo el presidente Manuel Zelaya Rosales, y ya se comentaba las fallas del sistema electoral existente.

Durante el período de la presidencia de Manuel Zelaya se avivó el deseo de una Constituyente que alargara el período presidencial más allá de los cuatro años, considerándose que cuatro años en la Presidencia no eran suficiente para hacer cambios profundos, y Zelaya proclamó la cuarta urna, que fue uno de los motivos que generó la crisis que culminó con un golpe de estado técnico, para evitar la cuarta urna que proponía la relección indefinida.

A partir de ahí el país quedó dividido, acentuándose la radicalización de las ideologías de izquierda y derecha de forma contundente. Posteriormente el país fue entrando en una vorágine de corrupción galopante, y las ambiciones políticas fueron aumentando, dando lugar al aparecimiento de nuevos partidos políticos.

Con la elección de Juan Orlando se desata en su periodo una persecución y ataque frontal a los grupos antisociales y narcotraficantes. Lo que revolvió el avispero de la violencia. En las siguientes elecciones, el Presidente Juan Orlando Hernández, usando un supuesto derecho, obtuvo el permiso para la reelección, violentando indirectamente la Constitución. Si el Presidente hubiera llevado a un plebiscito esta consulta de reelección, hubiera sido posible que la misma se hubiera aprobado, ya que tanto un partido, como otros, luchaban para el mismo objetivo, pues ese era uno de los puntos que se proponía en la nueva Constituyente.
La ineficiencia del sistema electoral, y las fallas existidas durante las elecciones, creó las consecuencias de un supuesto fraude, porque el sistema electoral existente es vulnerable y falló en el proceso, dando lugar a la especulación.

Desde entonces, la oposición se ha propuesto hacerle la vida imposible al gobierno, acudiendo a todo tipo de estrategias y manifestaciones, sin pensar en las consecuencias económicas para el país. Por otro lado, el Congreso de la nación se ha desmarcado de afrontar los cambios necesarios para mejorar el sistema electoral, y la situación del país es preocupante, aunque sí legislaron para aumentarse el sueldo y perder el tiempo en discusiones estériles, convirtiendo el Palacio Legislativo en un ring del boxeo y escándalos con supuestas protestas, y en vez de defender ideas y hacer propuestas para sanear la decadencia moral, hacen leyes para proteger a los corruptos que han malversado los fondos públicos.

Este es el momento historico de no permitir que los hechos del pasado se repitan en las próximas elecciones. Es el tiempo de pensar que con protestas callejeras, saqueos, obstrucción del tráfico y el no dejar circular a las personas y vehículos a quien le estamos haciendo daño no es al gobierno, sino a la economía nacional, por lo que se aumenta la pobreza, el desempleo, y se crean las condiciones para un caos social que nos llevará a todos a la ruina.

Es el momento de que todas las fuerzas políticas, echando a un lado las ambiciones y las heridas del pasado, busquen soluciones hacia un futuro mejor, y que no se repitan los mismos errores que nos han conducido a la triste situación actual, que ha afectado más a los pobres, dañando la educación y descompuesto la precaria situación de la salud del pueblo.

Los pastores y líderes religiosos deben de llamar a un diálogo concertado para dejar las pugnas y luchas internas, y poder buscar soluciones que estabilicen al país, para mejorar la salud, la educación y que disminuya la miseria y pobreza mediante un ataque frontal a la corrupción, que es la culpable de casi todos los males existentes. Recordemos que como líderes religiosos somos reconciliadores y proclamadores de la paz (Colosenses 1:20, Mateo 5:9).

Es necesario que se levanten nuevos líderes jóvenes, con una visión más clara de futuro y con menos ambiciones, porque la culpa de todo lo que está pasando a nivel mundial radica en la ambición humana, y en la falta de valores cristianos para poder llegar a una convivencia que nos lleve a vivir, como dice la palabra de Dios, en paz, honestidad y tranquilidad (1 Timoteo 2:2), sabiendo que el respeto al derecho ajeno es la paz.

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