Recordando al león

Por: Abog. Octavio Pineda Espinoza(*)

El 18 de agosto de cada año se celebra el cumpleaños de mi padre, el Profesor (como era conocido) Rafael Pineda Ponce, desde el año 2014 cuando falleció ha sido una fecha agridulce para aquellos que le amamos y le recordamos por sus múltiples virtudes cívicas, públicas, personales y familiares por sus grandes consejos y ejemplos.

Nació en el signo del León y como tal, su accionar y defensa de sus principios, de la Democracia y de su partido, el Partido Liberal de Honduras, siempre se acondicionó y se asemejó a las acciones de tan noble animal, considerado como el rey de la selva; y fue en el campo del servicio público y de la política, en esa selva particular, donde desarrolló sus grandes cualidades de líder que le permitieron tener una vida amplia y fructífera en el mismo, y a pesar de esa fortaleza espiritual, intelectual y de sus firmes convicciones, también perfeccionó el arte de la negociación, de la tolerancia al contrario, la capacidad de encontrar caminos donde todos los demás solo miraban obstáculos, entuertos, objeciones y guerra, fue un agente de la paz, su pausada y educada forma de conversar y de construir sus argumentos para hacer ver a los demás las posibilidades de construir acuerdos en los que todos tuvieran algo que ganar, le granjeó el respeto y el afecto de correligionarios y adversarios, facultades que muchos de ellos recuerdan hoy en día y me señalan de tanto en tanto, hacen falta en los partidos políticos y en instituciones como el Congreso Nacional.

Sus vibrantes discursos llenos de la doctrina partidaria del Liberalismo Social lo convirtieron en uno de los oradores más exquisitos de su tiempo, luchador incansable de las causas del magisterio nacional lo hicieron referente en su gremio y entre los diputados y los gobernantes, su intenso cabildeo del Estatuto del Docente, ahora violentado por los que gobiernan ilegítimamente, permitieron su aprobación mayoritaria y su inclusión con puño y letra suyos en la Constitución de la República, su defensa inclaudicable de la idea que toda reforma educativa debe contar con el apoyo decidido y noble de los maestros de Honduras se ha probado en el transcurso del tiempo, ya que como siempre decía, “los maestros son los constructores del alma nacional”, y aunque dicho gremio le quedó a deber en su hora de mayor necesidad de apoyo, siempre les dedicó su tiempo, su decidida contribución y su leal apoyo.

Fue un permanente lector y escritor, sus opiniones, publicadas en los diarios de mayor circulación del país siempre tuvieron su impronta, su meridiano tacto y su profundidad cerebral, siempre enseñaban algo nuevo ya que nunca dejó de ser maestro, a pesar de haber escalado las más altas posiciones políticas del país, sus palabras en tiempos de convulsión fueron un bálsamo para sus seguidores, amigos, familiares y hasta para sus contrincantes, cultivó la amistad como el valor más elevado que existe, siempre me señaló que a la familia se le quiere porque son los vínculos de la sangre los que nos unen pero que, a los amigos, los unen los vínculos del corazón pues a estos uno los escoge sea que lo merezcan o no, siempre me recordó “trata a cada quien, según su rango, y déjalo que se arrepienta, si no lo merece”, esto lo aplicó con la amistad pero de igual forma con aquellos que representaban la autoridad fuera esta partidaria, gubernamental, local, departamental o nacional, siendo su idea fundamental que hay que respetar la investidura de las personas aunque las mismas no estén a la altura de las circunstancias.

Su acumulada experiencia en el servicio público de diferentes formas le permitió ser una de las voces más veneradas y escuchadas del Congreso Nacional al que dirigió magistralmente, con visión de país, con una agenda bien definida y con objetivos trascendentales para la nación, siempre colocó en la cúspide de sus aspiraciones al pueblo que señalaba le había dado tantos honores lo que resumió en su lema del período que gobernó el CN, “Una sola razón, Honduras”, siempre tuvo las puertas abiertas para recibir a sus colaboradores, seguidores y amigos, fuera esto en la llanura o en el poder, tuvo convicciones firmes y las defendió a capa y espada, en particular, aquellas apegadas a la doctrina liberal que nos inculcó a propios y extraños, fue un león en la defensa de las mismas, tanto en el Congreso Nacional como fuera de él, impulsó la formación político-partidaria con la creación del Instituto de Educación Política Popular y el Instituto de Estudios Económicos, Políticos y Sociales a los que apoyó para la producción de literatura liberal propia del país la que, todavía es utilizada a distintos niveles en el partido, él mismo publicó varios textos donde dejó aflorar su doctrina y su aspiración por la formación de las generaciones futuras.

Yo le llamaba de muchas formas, padre, señor diputado, maestro, líder, Presidente del CN, ideológo pero el título que más nos gustó a ambos y el que más y mejor cultivamos fue el de “amigos”, sus consejos siempre estuvieron y están presentes en mi vida, sus sueños, los que compartió conmigo en interminables pláticas son parte de mi Adn, su nobleza prestigió a nuestra familia, su incansable lucha, su trabajo permanente en busca de la perfección nos dejó un legado muy amplio y muy variado, su titánica sombra nos impuso metas altas siempre, su sinceridad y simpleza para aceptar que era humano y que, como todos, cometía errores, nos aleccionó en el camino que todos y cada uno de nosotros debe andar en este valle de lágrimas y alegrías efímeros que llamamos vida, su apego a Dios en todos sus momentos de luces y de sombras nos educó a hacer lo mismo día tras día.
Si, mi padre fue muchas cosas, maestro, escritor, poeta, ideólogo, político, funcionario, pensador, correligionario, modelo a seguir, amigo, padre, hijo, tío, hermano, fue grande en todos esos campos, fue y seguirá siendo para mí, el último gran líder del liberalismo, el león del congreso y por eso lo recuerdo y lo celebro hoy, y siempre.
(*) Catedrático Universitario. Secretario General del Partido Liberal de Honduras.