Educación y desarrollo

Benjamín Santos

Sobre el titular de este artículo se han escrito toneladas de papel en revistas y libros sobre todo en el siglo recién pasado. Los resultados sobre todo en nuestro país han sido muy pobres. En otros países, en cambio, esa interrelación se ha producido, el ejemplo más cercano es Costa Rica, pero también en América del Sur podemos mencionar a Chile y Uruguay. Y es que depende mucho de lo que se entienda por educación y por desarrollo.
Si se entiende la educación como acumulación de conocimientos haciendo énfasis en los aspectos cuantitativos, el resultado será a la larga la formación de enciclopedias vivientes y la evalaución del proceso se centrará en el aumento de la matrícula y de la cobertura en número de instituciones educativas. Habrá mucha cantidad, pero poca calidad. La mejor manera de evaluar los resultados de la educación en el seno de la sociedad es evaluando la calidad del producto no solo en cantidad de conocimientos, sino sobre todo en su ubicación en el proceso de desarrollo.

Ambos procesos son continuos: se avanza o se retrocede. Ambos procesos deben ser integrales, así como la educación no debe centrase solo en aspectos cuantitativos, el desarrollo no solo debe medirse en términos de los avances de carácter material lo que en algún tiempo se llamó desarrollismo. La educación es un componente indispensable del desarrollo. Así lo vieron Morazán y Valle, entre otros. En ese sentido la influencia de don Andrés Bello en América Latina es innegable.

No hay educación sin desarrollo y tampoco hay desarrollo sin educación. Son dos procesos que deben marchar en forma simultánea, ambos centrados en la persona humana en su dimensión individual y colectiva. Sería imposible pensar una persona educada que viva en condiciones infrahumanas, aunque sí hay personas sin educación que viven con todas las comodidades, es lo que nuestros antepasados llamaban burros cargados de pisto. No es lo ideal, pero se dan casos cada vez menos frecuentes.

¿Qué pasa en Honduras? Por lo que conocemos de historia y por los largos años de experiencia personal puedo decir que ambos procesos nunca han ido de la mano, pese a que ambos son conducidos por el Estado. Durante mucho tiempo se hizo hincapié en desarrollar la memoria. La frase que más se repetía era fulanito de tal, diga la lección y la lección podía ser de español, historia, grografía o de lo que fuera. A los estudiantes bien podría habérseles aplicado la frase con que empieza la poesía de Quevedo: érase un hombre a una nariz pecado si se cambia la nariz por la memoria. Las otras facultades seguían en estado virginal, el razonamiento y la imaginación.

Tuvo que pasar mucho tiempo para que se se le diera a la educando un trato personalizado como una unidad bio-psicosocial y espiritual, es decir con un enfoque integral. Y lo mismo pasó con el desarrollo. Durante mucho tiempo se llamó desarrollado al país que había alcanzado algún avance material. Todavía recuerdo a mi maestro de primer grado que empezaba la clase con una canción que decía: chiqui, chiqui, chiqui, chaca, que ligero corre el tren, porque el tren es el progreso, corre corre sin cesar. Hubo que esperar hasta los años 60 del siglo 20 para que se introdujera el concepto de desarrollo integral y un poco más para que el proceso incluyera la relación con la conservación del medio ambiente.

En nuestro caso en vez de avanzar hemos retrocedido en el proceso educativo y el desarrollo ha vuelto a evaluarse solo por sus aspectos económicos y materiales. En los últimos meses se ha vuelto una moda a que para mejorar la educación y la salud hay que abandonar las aulas y a los enfermos para lanzarse a la calle a quemar llantas, obstruir el tráfico y a apedrear a la Policía cuyas actuaciones también dejan mucho que desear. Hay una crisis de autoridad a nivel de toda la sociedad y así como se irrespeta a la Policía se hace lo mismo con los padres y con los maestros. Dicen que eso es luchar por la educación. No hay educación sin desarrollo ni viceversa. Adiós.