Visibilidad

Por Carolina Alduvín

La mayoría de las actividades humanas, en especial aquellas que forman parte de la dinámica económica de las sociedades, requieren de algún grado de visibilidad para lograr rentabilidad y permanencia en el tiempo. Antes de las redes sociales por internet, los mayores grados de visibilidad para el público general los otorgaba la prensa en sus diferentes secciones, donde se privilegia a la actividad política, los sucesos internacionales, las tendencias económicas, algunos deportes, las páginas sociales y la nota roja, aproximadamente en ese orden. Quedando casi sin cobertura las actividades culturales, la ciencia y la tecnología, a menos que, se trate de promocionar dispositivos electrónicos.

La cobertura para la actividad científica es coyuntural, los medios entrevistan a los investigadores guiados más que todo por epidemias o desastres naturales; a veces, al obtener algún reconocimiento a su trayectoria. Menos visible aún es la labor de las mujeres en este ámbito, cuando en muchos casos, son las que hacen la mayor parte del trabajo arduo en laboratorio o campo, y son sus jefes o tutores quienes publican los resultados con su nombre y un vago reconocimiento a los miembros de su equipo, en el mejor de los casos. Los ejemplos abundan, es hasta tiempos muy recientes que se ha reconocido a algunas de ellas, ser las colaboradoras silenciosas tras bambalinas de los complicados cálculos que hubo que efectuar para poner a algunos humanos en la luna y todos los esfuerzos precedentes o paralelos en otras disciplinas.

Al examinar algunas estadísticas básicas, por ejemplo, en los Premios Nobel, entre 1901 y 2014 fueron otorgados un total de 814, de los cuales solo 46 corresponden a mujeres; al desglosar, hay 197 en Física, solo 2 a mujeres; 196 en Medicina o Fisiología, 11 a ellas; 165 en Química, 4 a las damas; 97 en Literatura, 13 femeninos; 86 a la Paz, 15 a ellas y 73 en Economía con solo 1 mujer. Resumiendo, los correspondientes a ciencias naturales para mujeres son apenas 17 de 558, apenas el 3% en más de un siglo. Detrás de cada presea, hay una historia fascinante que merece ser contada, algunas han salido a la luz; otras, esperan ser divulgadas por buenos narradores que estén dispuestos a derribar algunos mitos en el proceso.

De cara al futuro, es preciso otorgar mayor visibilidad a la ciencia que, mediante esfuerzos integrados entre diferentes disciplinas, ha hecho posible el estilo de vida de nuestros días. Una visibilidad que facilite a quienes la desarrollan, los recursos necesarios para investigar, experimentar, obtener resultados, y que sus descubrimientos deriven en innovaciones que ayuden a resolver los grandes retos que plantea la explosión demográfica, el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, las hambrunas y epidemias que asolan a las poblaciones humanas, especialmente a las menos favorecidas económicamente.

También para que el número de vocaciones científicas aumente, o al menos, no sean acalladas bajo la incierta premisa que la ciencia, la tecnología y la innovación son actividades poco rentables. Es necesario hacer más visibles a hombres y mujeres de ciencia, explicar la importancia de su trabajo, tanto en el plano personal como de beneficio colectivo; motivar a los escolares desde sus primeros años para que la ciencia y su lenguaje –la matemática– dejen de verse como los grandes obstáculos para avanzar, sino como las herramientas para mejorar las condiciones vitales de todos. Existen numerosas iniciativas para orientar más vocaciones hacia los campos de ciencia, tecnología, ingenierías y matemática; especialmente para atraer a un mayor número de niñas, porque ellas siguen siendo minoritarias en esas carreras, sobre todo en las posiciones directivas en la academia, en las empresas, las fundaciones y en el gobierno.

Las Academia Nacional de Ciencias de Honduras juega un papel importante en la promoción de nuevas vocaciones; con ayuda de la Asociación Interamericana de Academias Nacionales de Ciencias (IANAS), genera actividades y publicaciones en programas como agua, energía, educación en ciencias, seguridad alimentaria y nutricional y mujeres para la ciencia. Tanto los directivos de IANAS como los delegados por cada país trabajan en forma voluntaria para visibilizar la labor propia y de sus colegas en el desarrollo nacional y el asesoramiento a sus respectivos gobiernos en la resolución en base a ciencia de los grandes retos del desarrollo.