Caprichos electorales

Por Denis Castro Bobadilla

Doctor y abogado
II Vicepresidente del Congreso Nacional

Avanzaba don Quijote, pensativo, por las revueltas calles de Macondo, cabalgando a “Café”, cuando de pronto, le dijo Sancho:

-Mi señor don Quijote, ¿por qué hay caos en las calles de esta tierra de la vida mejor?

-No solo en las calles, Sancho -respondió don Quijote-, también en las casas, parques, campos, en los corazones y hasta en el Congreso Nacional… ¡La división impera en esta tierra!

-¿Por qué, mi señor? -lo interrumpió el escudero.

-A causa de las ambiciones personales, la avaricia de poder, la corrupción siniestra, la impunidad, la incapacidad de los que deben arreglar las cosas y a causa de la política empírica, sucia, vengativa, corruptora y corruptible.
Sancho calló.

-¿Y los padres de la patria? -preguntó.

-¡Ay, Sancho! Más que padres, son padrastros grotescos, lobos que se comen unos a otros y que solo velan por los intereses de sus titiriteros…

Sancho suspiró. Don Quijote agregó:

-¿Cómo desfacer este entuerto armado por algunos malos hondureños?

-Algo hay que hacer.

-A los héroes se los tragó la historia, Sancho; se los comió el olvido. Solo quedan politiqueros que se presentan como mesías pero que son parte de la corrupción que desangra al país.

-El poder nace del pueblo, por el pueblo y para el pueblo…

-Aquí no, Sancho; aquí, el poder nace del dinero, de la violación a las leyes, de la compra de conciencias y voluntades, de la manipulación electrónica de los votos y del robo de elecciones

Sancho reflexionó; luego, dijo:

-Insisto en que el poder nace del pueblo, y la representación del pueblo está en el Congreso.

La decepción marcó la cara angulosa de don Quijote, y suspiró tristemente.

-¿Has visto, acaso Sancho amigo, lo que los caprichos han hecho del Congreso Nacional?

-Sí, mi señor, pero tengo fe…

-¿Fe? Es bueno tenerla, pero, en medio de las pitoretas, el humo, los petardos, los gritos, los insultos y los golpes, ¿qué fe podemos tener en estos niños grandotes?

-Luchan por las reformas electorales…

-¿Reformas? -interrumpió don Quijote-. Ya se aprobaron; se creó un Consejo Supremo y un Tribunal de Justicia Electoral, se publicó en La Gaceta y son una realidad. El relajo en el Congreso es porque el dueño de este caballo quiere poner a su muchachita y a su muchachito, el todopoderoso a su consentido privado, los que van camino a la extinción no tienen candidato y los fetos políticos quieren su tajada… Y, mientras tanto, Sancho amigo, la insurrección sigue, no por reformas electorales, sino por caprichos electorales, o por cargos electoreros. Allí no se defiende el derecho del pueblo a que se respete su voto.

-¿Entonces, o son apátridas, son avariciosos o están locos?

-Son todo esto, Sancho, con mucho de Judas… No olvides que de la abundancia del corazón habla la boca, y que de la boca de la mayoría de padres de Macondo salen sapos y culebras… Jamás han hecho una propuesta, jamás han conseguido algo positivo para el pueblo; lo que mejor han hecho es incentivar el caos para dañar al todopoderoso, y a este, las tomas, los saqueos, las marchas y las llantas quemadas no le dan ni frío ni calor…

-Entonces, mi señor, ¿qué hacer?

-Escapar, Sancho… Volver a “Rocinante” y dejar a “Café” para que su Calígula lo nombre cónsul, diputado o magistrado del Tribunal de Justicia Electoral…

-La historia de Honduras se puede escribir en una lágrima.

-No, Sancho amigo, la historia de Honduras se escribe cada día con lágrimas, sangre, luto y con la avaricia de los incapaces que deben darle lo mejor a su país, y lo que le dan a diario es el caos…

-Los pueblos tienen los líderes que merecen…

-No, Sancho amigo; estos líderes no merecen al pueblo que los eligió; este es un pueblo noble, que aún tiene la esperanza de una vida mejor…

Sancho suspiró…

La Tegucigalpa de barro de Juana Pavón quedó atrás, mientras los jinetes del apocalipsis desataban el caos…