En el artículo del martes recién pasado nos referimos a que se nos quedaban en la descripción de viejos edificios como la Casa Ramón Rosa, la Biblioteca Nacional, el Cuartel de San Francisco, el Convento de La Merced, el Correo Nacional, la Casa Morazán y otros que todavía se mantienen como referentes del pasado arquitectónico de la capital.
Comenzaremos por la Casa Ramón Rosa o Casa de los Amigos un vetusto edificio que fue construido por el minero español don Francisco Venegas en el solar que la Alcaldía Mayor le cedió en el año de 1630. La hermosa casa que abarcaba desde la Calle de Los Naranjos (avenida Cervantes) hasta la Calle de la Amargura (avenida Paz Barahona) en el sector conocido como La Plazuela, don Francisco la destinó como residencia con espaciosos corredores en el interior, un patio que servía como caballeriza, sala, comedor y cinco hermosas habitaciones.
En 1875 el Dr. Ramón Rosa Soto se la compró a los herederos de la familia Venegas, le cambió la fachada, le colocó barrotes en los ventanales y al regresar de Guatemala acompañando a su primo el Dr. Marco Aurelio Soto Martínez la convirtió en su residencia destinando su espaciosa sala para las tertulias donde figuras como don Adolfo Zuniga, don José Joaquín Palma, don Luis Bográn y otros se reunían a la luz de los candiles para planificar las políticas orientadas a la constitución del gobierno de la Reforma Liberal.

La casa fue entonces llamada “La Casa de la Amistad” (foto 1) la que en 1882 el Dr. Rosa vendió al gobierno del Gral. Luis Bográn para que se instalara la Corte Suprema de Justicia, poder el Estado que con el señorío que le había dado el Dr. Rosa habilitó la sala como el Salón de Sesiones de la Corte y las otras habitaciones en las oficinas de los siete magistrados.
La Corte Suprema ocupó el histórico edificio hasta el año de la década de los ochenta en el gobierno del Dr. Suazo Córdova al concluirse el Palacio de Justicia y en el gobierno del presidente Reina Idiáquez se le dio en comodato a la Fundación del Museo del Hombre Hondureño que por espacio de más de veinte años conservó bajo su cuidado hasta su destrucción por un voraz incendio en el año 2017 y para recuperarlo como un Monumento Nacional no se ha podido encontrar apoyo manteniéndose en esta lamentable situación (foto 2).
Otro inmueble que guarda historia en Tegucigalpa es el que hoy conocemos como la Biblioteca Nacional. Lo mandó a construir en 1780 el alcalde mayor de la Villa don Luis de Rivera Idiáquez encargándole los trabajos al maestro constructor don Migue Quiñones Borjas para destinarlo a la llamada “Casa de los Rescates” (foto 3) lugar donde se llevaba el registro de las actividades mineras del poblado. En 1827 se le habilitó como presidio temporal y en sus celdas guardó prisión en octubre de ese año el General Francisco Morazán, en 1859 cuando gobernaba el país el general José Santos Guardiola el edificio pasó a ser la sede una guarnición militar, en el gobierno del Dr. Marco Aurelio Soto se le efectuaron restauraciones y las reformas y ampliaciones que se le hicieron sirvieron para que operara la “Casa de la Moneda” y los talleres de la Tipografía Nacional (FOTO 4)
Otra reliquia tegucigalpense es el antiguo convento de los mercedarios San Pedro de Nolasco, la iglesia de Nuestra Señora del Rosario que nosotros conocemos como “La Merced” (foto 5).

Los frailes que se encontraban en Santa Lucía obtuvieron el permiso real para instalarse en Tegucigalpa, se les otorgó por parte del Cabildo un terreno al final de la Cuesta del Río y construyeron en 1650 el Convento y un pequeño templo dejando al frente una pequeña plaza.
En 1701 los frailes le dieron permiso a la Señora María de Mendoza piadosa criolla de buenas familias del Real de Minas para instalar en los claustros un hospitalito donde se atendían a los enfermos pobres del poblado. Para ser justos en la historia se puede decir que ese fue el primer hospital de Tegucigalpa, duró poco tiempo por razones económicas.
Cuando en 1829 el general Morazán decretó el cierre de los conventos el edificio quedó abandonado por muchos años y en sus patios se instalaron las galleras lugar donde se practicaban a fines de semana las peleas de gallo.

En 1867 siendo alcalde de Tegucigalpa el Dr. Hipólito Matute cedió el lugar para instalar la Academia Literaria génesis de nuestra Universidad que se había fundado en el Convento de San Diego y en 1881 el presidente Soto traspasó el inmueble a la Universidad y en su segunda planta se instalaron las aulas de la Escuela de Derecho y el salón de actos que se le dio el nombre del Paraninfo de la Universidad y en la planta de abajo se fundó un 13 de agosto de 1876 el primer Colegio Nacional de Segunda Enseñanza llamado el Instituto Normal Central de Varones, hoy Instituto Vicente Cáceres.
Este monumento histórico de la capital hondureña al salirse el Central a Tiloarque quedó en el abandono hasta que en 1996 la virtuosa dama rumana apoyada por círculos culturales de la ciudad logró que el gobierno le otorgara el permiso para instalar la Galería de Arte, proyecto que por falta de apoyo desapareció hace unos años a pesar de los esfuerzos de Rosa María Prats.
En la próxima entrega las historias el Cuartel San Francisco, el Correo Nacional y la Casa Morazán.

Hasta la próxima semana.