EL problema del desempleo crónico se relaciona, en una de sus facetas, con la ausencia de industrias y de comercio intenso. Para eso es menester localizar algunos puntos que sean estratégicos, sopesando las cosas factibles en el mediano y en el largo plazos. Uno de esos puntos, según estudios, es la llanura costera, comparativamente árida, del departamento de Valle, por la frecuencia comercial que se registra en esa subregión que es fronteriza con El Salvador, próxima a Nicaragua y con playas directas en el Golfo de Fonseca. Naturalmente que dentro de esta visión estratégica habría que añadir al rico departamento de Choluteca y a la Isla del Tigre.
En tiempos de tranquilidad regional el tránsito comercial en el departamento de Valle es estadísticamente tan alto, que bien se puede reanalizar y reactualizar el tema de la creación de una zona franca para diversos tipos de industria y de comercio. Esto significaría replantear, nuevamente, la construcción concesional de un largo puente de cuatro o seis carriles que comunique al puerto de Amapala con tierra firme. Un proyecto de tal envergadura le convendría a Honduras, El Salvador y Nicaragua, dentro de una concepción integracionista honesta, sin resquemores fronterizos de ningún tipo, habida cuenta de los sucesos históricos negativos ocurridos en los últimos cuarenta años del siglo próximo pasado.
Como corolario preliminar de todo lo anterior, habría que sumar el hecho concreto que el famoso canal seco está a punto de ser finalizado, para ventaja de los tres países aludidos, en lo que concierne al transporte terrestre rápido de costa a costa. Sin embargo, existe la contrapartida que los salvadoreños construyan, quizás con ayuda china, una “zona especial de desarrollo” en la ciudad-puerto de La Unión, adelantándose a cualquier proyecto hondureño, que se ha retrasado por los “eternos” prejuicios provincianos internos en relación con las zonas francas para la industria, las finanzas y el comercio. Habría que añadir que el posible proyecto salvadoreño carecería de sentido en tanto que el canal seco hondureño va a estar a disposición, con desregulaciones arancelarias incluidas, para los tres países aludidos, incluyendo tal vez a Costa Rica.
Siguiendo con esta lógica la zona del Trifinio que incluye a Honduras, El Salvador y Guatemala, también es estratégica desde todo punto de vista, destacando la parte comercial que no ha sido suficientemente aprovechada por los hondureños, en tanto que el departamento de Ocotepeque permanece aislado de las arterias principales de comunicación nacional interna. Hace algunas décadas los nativos de Ocotepeque podían realizar vuelos en avión hasta Tegucigalpa y viceversa. No sabemos por qué se echó a perder esta posibilidad de los vuelos aéreos con el extremo occidental de nuestro país.
Aparte de la viabilidad y agilidad terrestre del canal seco, valdría la pena lanzar una mirada estratégica sobre el territorio de Honduras desde otros puntos de vista. Digamos, para empezar, que Tegucigalpa y sus pequeños municipios circunvecinos conservan una ventaja topográfica en materia de seguridad estatal. Lo mismo que el valle de Siria. A la par de la consideración ligada a la seguridad estratégica del departamento de Francisco Morazán, habría que detenernos a ponderar el prometedor renglón turístico, con detalles interesantísimos como el que se relaciona con un punto específico en que desde una curva cerrada de la carretera del sur, a la altura de la insigne meseta del “Cerro de Hule”, en días despejados se puede contemplar, a simple vista, sin binoculares, el maravilloso Golfo de Fonseca con todas sus islas y paisajes. Es extraño que poca gente se haya detenido a observar este panorama espléndido que se contemplaba, o se contempla, desde la vieja carretera sureña.