POLÍTICOS CURTIDOS

ESTE domingo 11 de agosto los guatemaltecos van a la segunda tanda de sus elecciones generales. La primera vuelta la ganó Sandra Torres, la señora del expresidente que en la contienda pasada optó por divorciarse para esquivar la inhabilitación. De nada le sirvió, ya que las antorchas y los twitters de la embajada, se encargaron de enterrar a los políticos tradicionales.

Ello ocurrió después que le dieron volantín al general “mano dura” –el mismo que gracias a la CICIG purga delitos de corrupción en la cárcel– pavimentando el camino del éxito al comediante y “outsider” Jimmy Morales. El “apolítico” corrió bajo el grito de campaña “no soy corrupto”. Los primeros meses fueron de luna de miel con la CICIG hasta que le cayó encima a él y a su familia el temible fiscal colombiano. Como estos ocupan lucir grandes medallas en el pecho –que les agencian aplausos de la afición local y de la comunidad internacional– le han agarrado ojeriza a todos los gobernantes. No hay uno que sirva. Así que desde hace mucho tiempo el gobierno guatemalteco funciona en piloto automático.

Jimmy, en defensa propia y antes que se lo enjaularan, optó por mandar la CICIG y a todo su elenco a echar pulgas a otro lado. Funciona, en lo que le queda de vida, en el sótano de la oficina del Secretario General de la ONU. Con costo inmenso a su imagen –despreciado por la opinión pública– que de todos modos ya tenía empañada. No es que el “outsider” carezca de instintos. Fue el primero en ofrecerle a Washington el traslado de su embajada a Jerusalén. La última negociación, ha sido suscribir con la Casa Blanca un convenio que convierte a Guatemala en “tercer país seguro”.

Los peregrinos con rumbo a los Estados Unidos en procura de asilo, tienen que obtenerlo primero en Guatemala. Si se lo dan, esperar allí pacientemente para trámites en los Estados Unidos. Aún cuando la mayor parte de las solicitudes, tarde o temprano, son denegadas. Ambos candidatos presidenciales lo han criticado por la medida. Él se la juega complaciendo al imperio. Descarga contra los magistrados de la Corte Constitucional insinuando que no saben de leyes. Molesto cuando le impidieron ir al Salón Oval a firmar el trato con POTUS, los acusa de hacerle daño al país. “Sean serios, hombre –regañó a los candidatos que le exigían que esa decisión le corresponde tomarla al próximo gobierno– si todavía me quedan 6 meses de gestión”.

Dudamos que quien llegue vaya a revertir el convenio. Si AMLO no pudo con las amenazas de POTUS del castigo arancelario, menos para que aguante cualquiera que gane las elecciones en Guatemala. Esta vez la contienda es entre políticos curtidos ya que con todo lo sucedido a lo largo de este último período, los electores quedaron curados con los “outsider”.

Muchos, incluso, tan decepcionados, que ni siquiera quieren ir a votar. Pero con los que vayan habrá nuevo gobierno. Las encuestas dan resultados contradictorios. La empresa OPol Consultores en alianza con Consumer Media Intelligence, en un sondeo realizado entre el 24 al 26 de julio, revela que la candidata de UNE tiene intención de voto del 53.3% y el candidato de Vamos 47.7%. Ahora, en la encuesta elaborada por ProDatos para Prensa Libre, el resultado es a la inversa. Quitando los votos en blanco y las abstenciones, Giammattei obtendría la victoria con el 61.1 por ciento, mientras que Torres perdería con el 38.9 por ciento.

Otro estudio de la Fundación Libertad y Desarrollo asegura que un 60.80 por ciento de los entrevistados afirmaron que irán a votar, un 32.70 por ciento que no lo harían, mientras que 6.50 por ciento aún no sabe si asistirá o no. “Giammattei de Vamos, continúa teniendo una mayor intención de voto, 39.5%; no obstante, la candidata de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE) con el 32.4%, mantiene una tendencia de un voto más fiel”. La señora confía en su estructura y en la fidelidad del voto –sobre todo en áreas indígenas y rurales– para salir avante. El voto de Giammattei es más volátil. No hay que esperar mucho; faltan pocas horas para el veredicto.