Por Juan Ramón Martínez
La crisis, no es judicial. Por ello, no debemos actuar como jueces: absolviendo y condenando. A los amigos y a los amigos. Ni un partido de fútbol. Ni lucha de niños. Es una crisis política, en donde los orígenes están en la falta de un confiable escenario democrático, la ausencia de políticos honrados, respetuosos de la ley; y la imposición, como fórmula de valoración, de lo emocional sobre la razón. Por ello, el sectarismo, es la fórmula que orienta el juicio personal o grupal: “mis amigos son buenos”. Seguros candidatos a la santidad. Y mis adversarios “son delincuentes”, extraditables que viajarán a Nueva York, en donde se les aplicará la justicia. Por ello se ha impuesto la polarización, basada en la emotividad y en el olvido. Y el fin, destruir al otro, en la confianza de que ocurrido esto, saldremos ganando. El problema es el empate. Ninguno puede derrotar al otro. Con lo que no hay visos que, estemos al final del túnel.
Creer que la salida del uno, sustituido por el otro, nos traerá el bienestar, es falso. Estamos en una lucha política antidemocrática y fuera de la ley, en donde inevitablemente, habrán perdedores y perdedores. El primer escenario, ya lo anticipamos en el artículo anterior. Honduras, continuará en el ojo del huracán, con un régimen acosado, sometido a los dictados de los Estados Unidos y con la soberanía popular, desaparecida totalmente. En este escenario, el primer perdedor será Honduras y los hondureños. El país caerá en manos de narcos azules o rojos y negros, bajo la vigilancia de CNN y Univisión.
En el plano de lo puramente político-partidario, hay varios perdedores. En primer lugar, el Partido Nacional, dividido entre la facción de JOH y la que encabeza Pepe Lobo. Como las diferencias son profundas, si las elecciones fuesen el próximo domingo, las perdería el partido gobernante. Cualquiera fuese su candidato. En segundo lugar, LIBRE que, pese a que se quiera esconder en la lucha por derribar a JOH, no podrá quitarse de encima, el mismo estigma que afecta a los líderes del Partido Nacional. Y en tercer lugar, el Partido Liberal que, mal conducido y solo levemente tocado por la MACCIH que, ha señalado a sus líderes, condenándolos sin enjuiciarlos siquiera como corresponde, será incapaz de ocupar el vacío dejado por LIBRE y el PN.
Como “ganador” falso, hasta ahora –además del ausentismo indiferente y los grupos que esperan que Estados Unidos mande a las tropas federales a gobernar al país– es Salvador Nasralla. Es el único de los políticos mayores que, no ha sido señalado por los encausados o condenados en la Corte de Nueva York. La acusación de haber celebrado y defendido narcotraficantes, es muy débil. Nasralla lo que ha hecho es, abogar por policías depurados, entre los cuales, hay algunos implicados en acciones de apoyo a la narcoactividad. Simple afán de desprestigiarlo e impedir que, en las próximas elecciones, conquiste la mayoría del electorado.
Nasralla, pese a sus limitaciones intelectuales y al ego que obscurece su razón, ha entendido que la oportunidad puede ser aprovechada para sus fines políticos. Por ello, más hábil que Orlando Zelaya Medrano, se ha distanciado de Zelaya que, anda con la espalda “sangrando”, evitando que el “torero” le dé la estocada final.
Nasralla, vuelve a su condición de luchador inicial en contra de la corrupción que, en un momento en que esta nos desborda casi totalmente, le convierte en el gobernante idóneo para muchos. El problema es que no tiene organización; carece de personalidades que le respalden, las que le sobran a Zelaya Rosales que ha conquistado a los izquierdistas. Por lo que, no tendría cuadros con qué gobernar. Como nunca ha sido funcionario de elección popular, no tiene conocimiento de personas idóneas, fuera de entrenadores y jugadores de fútbol. Lo que no es suficiente.
El panorama no es bueno. Lo razonable es un pacto para que JOH termine su período. Y que los partidos; se recuperen y puedan, en el caso de LIBRE y el PL, forjar un nuevo liderazgo para ganarle al PN, dañado por las acusaciones externas y por los conflictos internos. La alternativa de un golpe de Estado por los militares, es inadmisible. Y una sucesión presidencial, inaceptable para las fuerzas políticas que quieren sacar a JOH.