A la Conferencia sobre Venezuela que se realizó en Lima, declinaron asistir los gobiernos de Rusia, China, Turquía y Cuba que estaban invitados. Acudió la representación de Estados Unidos, y como vocero el asesor de POTUS de mayor influencia en materia de seguridad nacional, expuso sobre los alcances del bloqueo impuesto a Venezuela. Lee la parte toral de la resolución: “Todos los bienes e intereses relativos a los bienes del gobierno de Venezuela que se encuentran en EE UU, que en lo sucesivo se encontrarán en EE UU, que pertenecen o están controlados por cualquier persona de EE UU, están bloqueados y no pueden ser transferidos, pagados, exportados, retirados o tratados de cualquier otra manera”. Ya cuando iban a entrar en materia, las delegaciones de México y de Uruguay salieron intempestivamente del local.
La conferencia internacional fue convocada por Perú para analizar una salida a lo que Lima considera “una ruptura del régimen democrático” en Venezuela. Los anfitriones del evento no invitaron a representantes de ninguno de los dos gobiernos de Venezuela. Sin embargo, el sorpresivo ingreso al cónclave del representante del autodenominado “presidente encargado”, provocó la estampida de México y Uruguay. Estuvieron los de hierro: Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, EE UU, Guatemala, Guyana, Haití, Honduras, Panamá, Paraguay, República Dominicana y San Cristóbal y Nieves. De otras latitudes, Australia, Vaticano, Bélgica, Corea del Sur, Dinamarca, España, Francia, Grecia, Israel, Italia, Japón, Nueva Zelanda, Países Bajos, Polonia, Portugal, Reino Unido, Suecia y Suiza. Ah y la Unión Europea. Quizás el único consenso obtenido fue en “aplicar mayor presión diplomática sobre el régimen de Nicolás”. Aunque dudoso que ello, a corto plazo, vaya a desestabilizar a una banda sin escrúpulos que cuenta con la lealtad de generales obedientes y el respaldo de otras potencias. Los intereses rusos y chinos son fuertes en Venezuela. El asesor de seguridad nacional norteamericano les advirtió a esos dos países que no sigan apoyando a Maduro ya que “el próximo gobierno que llegue, cuando caiga el dictador, podría considerarlos países hostiles y no pagar toda la gigantesca deuda que el gobierno chavista tiene con ellos”. En otro frente, Nicolás no envió delegados al diálogo que en Barbados, bajo la mediación de Noruega, tenía con la oposición.
“He propuesto que se establezca una agenda permanente de diálogo –declaró la autocracia– pero esta semana el imperialismo norteamericano se volvió loco y metió una puñalada trapera al alma de Venezuela (…) y ellos (la oposición) salieron a hacer fiesta, a aplaudir”. El fracaso de la intentona contra Nicolás –cuando el general Padrino se le dio vuelta en lo parejo a los halcones y más bien jugaba llevando información a su jefe sobre el complot– ha desanimado a los opositores. Las convocatorias recientes del autoproclamado han contado con una débil presencia. La gente resignada, que no ve un cambio ya que revierta su sufrimiento, está perdiendo la fe.
Ello ha obligado a la oposición a aceptar pláticas con el régimen dictatorial. Sabiendo que esos diálogos a nada condujeron en el pasado. Remoto que Nicolás vaya a aceptar largarse o practicar elecciones transparentes y observadas internacionalmente, desmontando su turbio aparato que cuenta los votos a su antojo. Esta vez, en represalia por el bloqueo norteamericano, dejó a la delegación de Guaidó plantada, con los colochos hechos y los platos servidos, esperando en Barbados que llegara la contraparte “chavista”. O sea –como castigo a sus opositores– se da el lujo de malograr un diálogo que más bien funciona a su favor, ya que le ofrece una tregua para entretener a la comunidad internacional mientras consigue dividir y desalentar más a la oposición.