Así recordamos…

Hola amables lectores. Otra vez a su servicio para el relax y la lectura del mundo de un ayer y la evolución en donde nuestras ciudades no pueden ser la excepción.

Imelda Sauceda, una inquieta damita de unos 19 años pasa apresurada frente al portón del edificio de la Secretaría de Finanzas. Luce una faldita corta a cuadros y camisa blanca, bolso pequeño, rosado. Cuando es abordada pone cara de ser sorprendida, al comienzo. Nos identificamos.

Dice no saber cómo se llama la avenida que transita ni el nombre del edificio en donde se maneja el “biyuyo”. (en el argot ). Estamos frente a este. Cuando le mencionamos la palabrita que se usa popularmente, sonríe. Ya se le nota más tranquila. La gente anda a la defensiva.

PARTE DE LA HISTORIA

No creemos que alguna vez- como la mayoría con sus problemas económicos y de inseguridad a cuestas- se detuvo a pensar que por esta zona que recorre a diario camino a su casa en Barrio Abajo, también transitó la historia de Tegucigalpa. “Si no conozco como se llama ahora, peor como se llamaba esto antes, usted ”, añade.

Le decimos que está sobre la histórica avenida Cervantes y en cuanto al edificio, antes funcionó como Ministerio de Hacienda y Crédito Público. Desde hace algún tiempo tornándose a Finanzas. “Ahhh… pues ya han de haber muerto todos aquellos que trabajaron aquí cuando lo inauguraron , verdad…(¡) je,je,je, (se tapa la boca).

Distintas épocas. Mismo ángulo1914 y hoy 2019. Prolongación de la avenida Cervantes. Un “cachito” de la acera (izquierda) del antiguo Ministerio de Hacienda. Al fondo, la casa del doctor Tiburcio Carias Andino.

Luego se confunde entre el bullicio de esta ciudad que sigue mimando parte del tiempo. Porque algunos legendarios edificios – que bien hoy servirían para dar a conocer la historia- los han reformado para dar paso al “modernismo” en el llamado “casco histórico “.

“Es que están muy jóvenes y a estas chavalas que les va a interesar. Ni se la enseñan en los colegios. Solo piensan en “roliar” (divertirse) y en el celular para chatear, nos dice uno de los parroquianos que no reparamos, escuchaba todo.

Creímos involucrarla a ver si conocía parte de la historia de su ciudad, pero rápido se esfumó. Seguro no le importó el tema.

EN OTRO…

Nos fuimos a otro rincón de la capital. Aquí donde el puente La Isla pierde su dominio y da paso camino al centro. Ismael Fonseca de unos 55 años viene del barrio Morazán a pie. Cruzó el puente. Al ser abordado y enterado de lo que estamos haciendo detiene su marcha. Dice conocernos y ello facilita la plática.

¿Recuerda qué quedaba aquí antes? Le preguntamos señalando mastodontes de cemento a los lados de la calle.

“Ahhh -se pasa la mano por el cabello – como no acordarme, hombre, de mi Instituto Central. Ese –señala- es el muro que rodeaba el cuarto patio, cuando éramos cipotes ahí jugábamos potras en recreos con todo y aquel saquito gris que después salía todo negro ,ja, ja, ja ¿se acuerda?

Este-señala- era un portón de salida por aquí. Y continúa la plática vestida de reminiscencias.

Caminamos juntos unos pasos hacia el centro. Sigue recordando cuando las broncas entre alumnos se dirimían a “sopapos” (golpes) fuera de clases. DecíamosM-nos vemos en el Olvido- y señala la entrada al barrio del mismo nombre, al frente, que luce reforzado con un portón de vigilancia.

“Qué tiempos aquellos. Ahora esta papada está fea…” Saca su “rosario” de maldiciones y enumera tantas cosas de las que hoy –usted sabe- sufre la capital en todos sus órdenes.

Le hablamos que aquí antes del Central fue la Escuela Militar de Honduras, de la cercanía de oficinas del Congreso Nacional. Parece no escucharme. Se quedó “ido” – como decían las abuelas- ¿Cuántos recuerdos en segundos pasaron por esa mente? De eso se trata.

SI HAY UN HOY…

Histórica. Infinito. Famosa disco y drive inn en los setentas. ¡Ups! ¡Con los aviones rozando! Una de sus “atracciones”. ¿Bailaste aquí? Complacidos todos los que no la solicitaron.

Si hay un hoy, hubo un ayer. Doris e Ismael nos hablan de sus tiempos de novios. ¿A dónde se conocieron? Les preguntamos. “En el Infinito” – contestan . Y no es que viajaron a las galaxias.

Se trató de una disco muy famosa que quedaba en una lomita frente al aeropuerto Toncontín, en los años setentas. Con el tiempo, después de pasar por muchos nombres, fue demolida para dar mejor visión a los pilotos para el aterrizaje.

Se rieron cuando les comenté si vieron pasar aviones por sus cabezas .Ese era uno de los “atractivos” del lugar que también fue drive inn.

Sí- contestaron. La amena plática tuvo su chongito de regalo cuando nos preguntaron si teníamos fotos de este lugar. Cuando les afirmamos que sí ¡y hasta con los aviones encima! y prometer publicarla , sus risas siguieron. Mismo como sus pasos al hogar.

A contarles a los hijos y quizá a nietos. Llevaron consigo –como ustedes hoy- los gratos recuerdos de un pasado que no volverá. Así recordamos un ayer. De eso se trata.

Y por hoy hasta aquí. Hemos dejado otra huella en el devenir histórico de nuestra ciudad capital.

Modernismo. Cae la tarde en Tegucigalpa. Todas las ciudades crecen, evolucionan. Todo es cambiante. Se vuelven cosmopolitas. Pero el centro, sí se le llama histórico, tiene que permanecer y conservarse histórico.

QUE DIOS NOS CUIDE A TODOS.