Discurso sin patriotismo

Por Nery Alexis Gaitán

El discurso es una “reflexión, raciocinio sobre antecedentes o principios. Serie de las palabras y frases empleadas para manifestar lo que se piensa o se siente. Razonamiento o exposición de cierta amplitud sobre algún tema, que se lee o pronuncia en público. Doctrina, ideología, tesis o punto de vista”. El discurso, para que tenga calidad, deberá tener una cohesión de ideas en un orden establecido que refleje conocimiento sobre el tema tratado. A mayor capacidad analítica, el discurso tendrá un mayor impacto y arrojará luces de comprensión sobre el contenido que analiza.

El patriotismo es amor a la patria. Todo lo que el patriota pueda hacer por enaltecer el suelo patrio será escrito con tinta indeleble en el corazón del pueblo. El patriota ama intensamente al país y a sus compatriotas; busca el bien común, el bienestar para todos en sus acciones.

Discurso de calidad y patriotismo verdadero deben ir de la mano. Como “de la abundancia del corazón habla la boca”, el que ama a su patria enarbolará discursos que estén a favor de una mejor calidad de vida en todos los aspectos de la convivencia nacional. Promulgará por una educación gratuita y de calidad; por una salud pública eficaz que retorne la salud prontamente a los enfermos; porque se creen fuentes de trabajo; porque haya una mayor justicia social; etc.

Patriotas con discursos coherentes, honestos, que pasen de las palabras a la acción y sean parte fundamental en el desarrollo de proyectos sociales de todo tipo, a favor de las grandes mayorías, es lo que el país necesita urgentemente. Es decir, políticos honestos que en verdad amen a Honduras.

Pero, en el panorama político actual, notamos una ausencia casi completa de valores en los políticos. El discurso que impera, si es que se le puede llamar discurso, es vacío, soso, pleno de falsedad. Aparte de una extrema pobreza intelectiva, no contiene ninguna capacidad analítica; el entendimiento de nuestra realidad socioeconómica les es inaccesible.

Por lo general, el político hondureño no maneja ningún discurso que evidencie que está comprometido con el bienestar de los demás. Y más que discurso son frases entrecortadas, respuestas muy breves a preguntas que se le formulan. Y los que hablan hasta por los codos, manejan una agenda política de escaso o nulo valor para los pobres, que en este país son la mayoría.

La formulación de un discurso, sin importar la corriente política a que pertenezca, no es parte del accionar del político hondureño. Está acostumbrado a la diatriba, al menosprecio de los demás; al grito estridente, al bullicio de circo. Los integrantes del partido Libre, son un preciso y lamentable ejemplo de la ausencia de todo tipo de discurso. El simple diálogo no es parte de su cotidianidad, lo normal en ellos es que se comporten como energúmenos.

Su accionar en el Congreso Nacional refleja que son incapaces de estructurar hasta el discurso más elemental. Y se les puede catalogar de todo, menos de “padres de la patria” que legislan a favor de los pobres. Su actuar carnavalesco ya nos tiene hastiados.

El político hondureño debiese estar interesado en elevar el nivel educativo de la población. A fin de cuentas debe entender que educar implica desarrollo en todos los aspectos de la vida. El pueblo debe ser más beligerante y exigirles calidad en el desarrollo de sus funciones a todos los empleados gubernamentales. Y, sobre todo, no seguir eligiendo payasos a cargos de elección popular.

Si se sigue eligiendo a aquellos que solo están interesados en su bienestar personal, y de paso crear caos con su agenda antidemocrática, estamos listos y servidos. Debemos rechazar, en todo momento, estos políticos sin valor, que solo miseria y amarguras les han traído a los hondureños.

¡Honduras merece vivir en paz y en democracia!