LA CREDIBILIDAD SOBRE CUALQUIER OTRA COSA

AUNQUE poco importa a las “chatarras” de los chats o a los zombis de las redes sociales hipnotizados en sus pantallas, afanados en su guerra de guerrillas contra contrarios que odian, se trata de noticias pertinentes que a todo lector bien informado debiesen interesar. Además, como más adelante contrastaremos, por lo ejemplar que esto tiene con temas de naturaleza política, relevantes al país. Fracasa la segunda tanda de investidura del actual presidente español. Ya solo ocupaba la mayoría simple –más síes que noes– pero solo consigue 124 votos a favor, 155 en contra y 67 abstenciones. Ha sido el bloque de Unidos Podemos que le frustra la elección. Con negociaciones hasta el último minuto que no fructificaron. PSOE le ofrecía a sus socios izquierdistas ministerios en un gobierno de coalición, pero ni cerca de la tajada reclamada por Iglesias quien además demandaba colocar a sus colaboradores políticos en las carteras administrativas.

La realidad es que el impasse lo que hace es dar dos meses más a las negociaciones. A no ser que el Rey pida a otro candidato formar gobierno, antes que se cumpla el plazo para disolver las cortes y convocar a nuevas elecciones, lo que luce improbable, ya que no hay ningún otro, excepto el actual líder de PSOE tiene posibilidades de hacerlo. Pedro Sánchez denunció que lo que Iglesias pretendía no era un gobierno de coalición de objetivos programáticos con participación de técnicos en algunos espacios disponibles, sino que “controlar el gobierno”. Demasiado el costo a pagar. No se trata de pactar el poder a cualquier precio. “Negocie con nosotros, no lleve a los españoles a nuevas elecciones” fueron las últimas palabras de Iglesias después de duros altercados con el candidato, pero aferrado a cogobernar. Con toda la presión puesta para conseguir lo demandado o de no lograrlo, hacer fracasar la investidura. “Usted –le respondieron– ha sido la segunda vez que impide un gobierno de coalición de las izquierdas”. La portavoz del PSOE fue lapidaria: “Usted no ha ganado las elecciones y quería tener un gobierno paralelo al PSOE”. Sánchez tampoco se quedó atrás achacando culpas: “Si tengo que renunciar a mis principios y no ser útil a mi país, está en lo cierto señor Iglesias, yo no seré presidente”.

“Si me obliga a elegir entre ser presidente y mis convicciones, elijo mis convicciones y defender a España… hace falta un gobierno coherente y cohesionado y no dos gobiernos”. Y para mayor escarnio: “No se pueden dar áreas de máxima complejidad y trascendencia a quien no tiene experiencia de gestión”. (Hasta aquí las citas del intercambio, un discurso del presidente de gobierno plantado en lo ético para no perder credibilidad).

Saquen sus conclusiones de lo que ello enseña sobre esas negociaciones legislativas, cuando al país –en esta crisis– solo le queda como ventana de esperanza que los políticos le devuelvan la confianza al proceso electoral y fundamentalmente a las instituciones que lo tutelan. Para tener fe que habrá luz a la salida de este túnel de tinieblas. No deja de ser, además, una lección para la política doméstica. Sobre todo a aquellos políticos resabidos que por la ambición de llegar a un cargo –para el cual no gozan de la idoneidad requerida– poco les importa poner en juego la credibilidad de la institución electoral con tal de enchufarse; a costa de las mismas argucias de repartición de la vieja política rechazada por la opinión pública. Y, como si fuera poco, del descrédito de un Consejo Electoral y Tribunal de Justicia. La buena imagen de ambas que se debe recuperar –como en el RNP– para que electores desencantados vuelvan a creer en las instituciones a las que le han perdido toda la confianza. Precisamente por lo mismo que mañosos quisieran repetir sin reparo al daño que ello haría a los procesos electorales. Menos mal que hasta el momento, pareciera que predomina la intención –pese al chantaje de grupitos que lo menos que les interesa es Honduras– de hacer las cosas distintas.