Cardenal Rodríguez lamenta que niños en Honduras tengan que emigrar

Durante la homilía dominical en la Catedral Metropolitana de Tegucigalpa, el Cardenal Óscar Andrés Rodríguez, lamentó que hasta niños tengan que emigrar, ante tanta indiferencia y hasta el rechazo, al tiempo que exhorta a los hondureños a desprenderse del agobio, a “sincerarse” unos con otros y sentir la vida de Dios. 

Ante los feligreses el Cardenal dijo «el episodio de Abraham nos dice como esa hospitalidad tiene una respuesta inmediata de Dios, ya que tú nos has recibido te hacemos una promesa, el año próximo volveremos y ya Sara tu mujer habrá tenido un hijo lo que parecía imposible allí empieza a concretarse, la promesa del Señor para Abraham». 

El evangelio, también nos presenta otra escena de hospitalidad esta vez en una familia, la familia de Betania, la afirmación del Señor Jesús en el evangelio de hoy, María ha escogido la mejor parte donde nos enseña muchísimo, la escena del Evangelio en Betania nos presenta a dos hermanas que representan dos maneras distintas de recibir al Señor Jesús. 

Agregó que “María está sentada a los pies de Jesús escuchando su palabra, Marta se multiplica para dar abasto con el servicio, dice el evangelio: una mujer llamada Marta lo recibió en su casa, se trata de la casa familiar Marta, María y Lázaro, una familia que vivía en la aldea de Betania, eso quiere decir que es un encuentro personal con estas mujeres, tenía una hermana llamada María que sentada a los pies de Jesús escuchaba su palabra. 

La primera escena es María escuchando a Jesús, Marta por el contrario no se daba abasto con el servicio y ella está irritada, está molesta por el estilo de vida de María, porque mira a su hermana como aquella que debería estarle ayudando, sin darse cuenta, que ella pone en el centro lo que hay que hacer y pierde de vista lo más importante, la visita de Jesús a su casa y no el éxito de su comida. 

Está tan segura de sí misma, que se atreve a juzgar la conducta de su hermana y le planta la cara a Jesús, diciéndole: Señor no te importa que mi hermana me deje sola en las tareas de la cas9va, Jesús le responde con una advertencia, Marta, Marta andas inquieta y nerviosa con tantas cosas, solo una es necesaria. 

Comentó que el hecho que Jesús repita dos veces el nombre de Marta, es una muestra, al llamarla por su nombre, el Señor Jesús quiere introducirla en una relación personal con Él, para el Señor Jesús lo más importante es la relación personal con Él. 

“Hoy debemos pensar en eso, mucha gente piensa así yo quiero quedar bien con Dios y hago esto, pero lo más importante es nuestra relación personal con el señor Jesús, aunque muchas cosas en nuestra vida, si no tenemos esa relación personal con el Señor Jesús, ni hemos aprendido a orar, que es lo que no le va bien con Martha, Jesús se lo dice en pocas palabras, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas, que quiere decir, has perdido la paz. 

“Se ha desconectado de lo más esencial y muchas veces corremos el riesgo de vivir así, la primera pregunta es quien se toma tiempo para escuchar al Señor Jesús, Martha esta inquieta y nerviosa, quiere recibir a Jesús en la casa, pero no puede, porque está muy agitada y muy nerviosa. 

Fíjense que el Señor Jesús no está censurando la actividad de Marta, no, está censurando su activismo, está censurando su ansiedad, tiene muchas cosas que la absorben, la descorta, la descentra, todos corremos el riesgo de vivir así, agitados por tantas cosas y no tenemos el tiempo para darlo a escuchar a Jesús, a fijar nuestra mirada en él. 

Muchas veces la actividad, la prisa, hace que podamos vivir nerviosos y agobiado, en cambio la otra hermana María está en paz, sentada a los pies del Señor escuchando directamente su palabra, María es una mujer liberada, tiene el privilegio de escuchar a Jesús, tiene la mirada puesta en Jesús, ¿Por qué? Se pregunto, porque cuando nos miramos a nosotros mismos y no miramos a Jesús corremos el riesgo de quedarnos prisioneros de nuestras propias heridas, de nuestros propios resentimientos centrados en el egoísmo. 

Jesús resucitado nos trae liberación profunda en nuestra vida, no hay nada más hermoso que haber conocido al Señor en el Evangelio y escucharlo, para encontrarnos con él, entonces allí está la palabra clave solo una cosa es necesaria, María ha escogido la mejor parte, escuchar, recibir la novedad del mensaje del evangelio, es la mejor parte. 

Hoy necesitamos más que nunca esta palabra, tomar conciencia que lo que nos salva es una presencia, una presencia salvadora de Jesús en nuestras vidas, él regenera nuestra vida, nos da una fuerza sorprendente de compasión, él es como el agua que nos está faltando para nuestros campos, él es el agua que nos riega y nos mantiene vivos, con una frescura especial y con una fecundidad espiritual. 

Por eso necesitamos liberarnos de la prisa, necesitamos desprendernos del agobio, de tenernos en nuestro interior, sincerarnos con nosotros mismos, sentir la vida de Dios, sintonizar con las personas y escuchar la llamada de Dios.