Por: Mario Hernán Ramírez
En la vida republicana de nuestra querida Honduras han sobresalido relevantes hombres y mujeres que con su actuar le han dado mucho lustre, prestigio y lucidez que han servido para insertarnos en el ámbito de los grandes valores universales.
Solamente tenemos que leer un poco sobre la vida y obra de un José Cecilio del Valle o de un Francisco Morazán Quezada, para llegar hasta un Ramón Oquelí Garay, para citar en esta introducción un ejemplo viviente del talento hondureño.
Pero, vamos a referirnos en estas líneas a esas figuras relevantes de la cultura, que en diferentes cónclaves han representado a la patria con decoro y sabiduría.
Iniciemos con Juan Ramón Molina, Froylán Turcios y Fausto Dávila, quienes a comienzos del siglo pasado participaron con excelentes notas en el III Congreso Panamericano de Poetas y Escritores de América, evento celebrado en Río de Janeiro en 1906, oportunidad en la que los tres hondureños aprovecharon para conocer otras metrópolis como Nueva York y algunas de Europa en donde sembraron la simiente del conocimiento hondureño. Muy cerca de ese período figuró otro hondureño connotado como fue el doctor y general Miguel Oquelí Bustillo quien en 1908 fue designado por el presidente Miguel R. Dávila como embajador en una misión confidencial ante los gobiernos de El Salvador, Guatemala y Nicaragua, en la que incluso, estuvo a punto de perder la vida en Guatemala, país en el que entonces gobernaba uno de los tiranos más sanguinarios que ha sufrido Centroamérica a través de su historia como fue Rafael Estrada Cabrera, quien tergiversó completamente la presencia del distinguido hondureño y lo obligó a asilarse en la embajada de México en aquél país, para salvar su vida.
Más acá en el tiempo, es el doctor Policarpo Bonilla Vásquez, quien asiste a la célebre conferencia de notables en el Palacio de Versalles, Francia, acompañado posiblemente de Alfonso Guillén Zelaya o de Rafael Heliodoro Valle, dos prominentes figuras también de la intelectualidad nacional, que no precisamos en este momento, pero que sí, con su apoyo el doctor Bonilla Vásquez destacó el nombre de Honduras en aquella cumbre de carácter mundial, en la que según la historia, mocionó por la abolición de la pena de muerte y le salvó así la vida al Káiser de Alemania.
Es infinitamente grande el cartel de sucesos agradables que han envuelto a nuestra querida Honduras en rigurosos estándares de prestigio.
Es a mediados del pasado siglo, cuando comienzan a descollar otras figuras sobresalientes que recorrieron con su talento, numerosos países del planeta y que con cuya presencia dejaron bien plantado el nombre de esta tierra que los vio nacer; por supuesto, faltaron muchos, al mencionar algunos de esos grandes embajadores que ha tenido nuestro país, verbigracia doctor José Antonio Peraza, abogado e historiador Juan B. Valladares, políglota Rafael Heliodoro Valle, doctor Céleo Dávila, escritor y periodista Víctor Cáceres Lara, abogado Manuel Luna Mejía, arquitecto Gilberto Bendaña, abogado Alejandro Valladares Lanza, abogado y escritor Eliseo Pérez Cadalso, poeta y escritor Óscar Acosta Zeledón, abogado e historiador Max Velásquez Díaz, licenciado e historiador Rafael Leiva Vivas, doctor Julián R. Cáceres y los embajadores que Honduras designó ante la Corte Internacional de La Haya para defender nuestros derechos territoriales durante las célebres discusiones que finalizaron dándole la razón a nuestros juristas, entre quienes figuraron Julián López Pineda, Ramón Ernesto Cruz, Roberto Martínez Augustinus, José Ángel Ulloa, Pedro Pineda Madrid, Roberto Perdomo Paredes, Carlos Roberto Reina y otros distinguidos hombres del foro nacional.
Entre las damas que también han figurado en este campo, aparecen: abogada Albertina de Zelaya, doctora Elsa Palou, licenciada Lizzy Flores Flake y una que otra cuyos nombres lamentablemente olvidamos en este momento.
Aquí queremos destacar la presencia de un embajador nato, que durante su larga carrera diplomática ha sobresalido como el mejor en los países en donde le ha tocado representarnos, básicamente en el otrora Reino Unido de Gran Bretaña, hoy la inmortal Inglaterra de William Shakespeare y Winston Churchill, el irrepetible Iván Romero Martínez, decano del cuerpo diplomático de América Latina en aquella gran nación europea, quien ha sido condecorado en múltiples ocasiones y honrado con toda clase de distinciones que lo han encumbrado por lo más alto de la diplomacia mundial y que realmente constituye un legítimo orgullo para este difícil campo en el que la cultura y el talento juegan un papel decisivo para el éxito deseado.
Honrar-honra, reza un antiguo proverbio, que en el caso particular de nuestro buen amigo, con mucho orgullo y satisfacción Iván Romero Martínez, creemos que a estas alturas merece la designación de un embajador 5 estrellas, ya que ha honrado por lo más alto del prestigio el nombre de nuestra querida Honduras, a tal extremo que creemos, ha sido enaltecido con el rango de sir con que la realeza de aquella gran nación, estimula a sus mejores hombres y a los extranjeros que han marcado huella indeleble, durante su permanencia en esas ubérrimas tierras por las que transita el famoso Támesis.