DE esto hace ya mucho tiempo, casi el medio siglo, pero lo recuerdo como si hubiera sucedido ayer. Era yo alumno del tercer grado en la humilde escuela primaria de mi pueblo, un pueblecito triste y un tanto desolado que a mí me parecía, y sigue pareciéndome, el más bello del mundo. La maestra, una mujer joven y bonita con unos grandes ojos color de aceituna, que no ocultaba su afecto hacia mí porque, así se lo dijo a mis padres, yo llegaría a ser un gran hombre, me preguntó una vez en clase de Educación Cívica y Moral: -Diga usted, Juancito ¿qué es Patria? La pregunta me tomó por sorpresa. Fui sincero y le contesté: -No sé. Señorita. No sé que es Patria. Ella explicó entonces el hondo significado de Patria, pero en palabras tan difíciles, por lo menos difíciles para un niño de nueve años de edad, que no entendí. Habló de la geografía: sus valles, sus montañas, sus lagos y sus ríos, sus huertos y jardines; habló también de su historia: héroes, tradiciones, leyendas y hombres ilustres; nos explicó el significado de los símbolos patrios: el escudo, el himno y la bandera. Finalizó diciéndonos que todos los hombres deben amar a su Patria, defenderla y enaltecerla, y que ese sentimiento se llama patriotismo…
Cuando terminó la explicación, dirigiéndose de nuevo a mí volvió a preguntarme: -¿ahora sí sabes que es Patria, verdad? -Sí, señorita, ahora sí… Quizás leyó en los ojos que no había dicho verdad y para no exponerme al ridículo de mis compañeros, dijo: -A medida que vayan creciendo, cuando ya sean hombrecitos, entenderán el significado de ciertos valores éticos como ese de Patria… ¡Ya es hora del recreo… Pueden salir! Agitó en sus manos una pequeña campanilla y salimos corriendo al patio de recreo. (Prosigue el cuento relatando que tuvo que trabajar para sostenerse, no prosiguió sus estudios, se dedicó al comercio, se quedó soltero, y tuvo que educar a sus 2 hermanos menores como si fueran sus hijos. Sin que la rutina de trabajo intenso le diera tiempo de pensar en la Patria). Hace algún tiempo –prosigue– Honduras fue invadida por el ejército de una nación vecina. Jaime y Lisandro, aquel de 20 y este de 22, se inscribieron en las oficinas de reclutamiento de voluntarios y se fueron a la guerra. Los dos cayeron, como héroes, peleando en feroces combates contra el enemigo que se vio obligado a renunciar a sus propósitos de conquista territorial ante la muralla de fuego y de valor que allá, en la frontera, levantaron nuestros soldados. Cuando supe la noticia, no voy a negarlo, lloré porque eran, por sangre, hermanos, pero por el amor eran mis hijos. Lloré de sentimiento y de pena. Pero también de orgullo. Y entonces mi recuerdo voló hacia el pasado lejano, casi medio siglo atrás en el reloj del tiempo, como envuelto en las brumas del olvido: mis padres, mi pueblo, mi maestra, la escuela humilde y sencilla…Lisandro y Jaime en esa época aún no habían nacido: ellos vinieron al mundo cuando yo ya era hombre…
Me pareció estar oyendo la dulce voz de mi maestra, joven y bonita, con unos grandes ojos color aceituna: “A medida que vayan creciendo, cuando ya sean hombrecitos, entenderán el significado de ciertos valores éticos como ese de Patria… Ya es hora del recreo… Pueden salir”. Quisiera saber si mi maestra vive todavía. Iría a buscarla. Y al encontrarme a una dulce y bondadosa ancianita con la cabellera blanca de canas y sus ojos color aceituna ya casi apagados por la edad, decirle: -Señorita, ahora sé lo que significa Patria: es el orgullo de morir por ella o tener a uno o dos entrañables afectos familiares que inmolaron sus vidas defendiéndola, como el hijo amoroso que, con bravura de león, defiende a la madre de la furia de un bandido que quiere asesinarla… (Hasta aquí el cuento de Óscar A. Flores, director fundador de LA TRIBUNA, “PATRIA”, a propósito de los 50 años del cese de hostilidades con el vecino. Haciendo la salvedad que guerras entre países hermanos son inútiles y aborrecibles, cuando siempre, sobre cualquier otro motivo subalterno, debe prevalecer el insondable espíritu de hermandad y la firme voluntad del trabajo compartido en torno a los intereses comunes).