Por: José Luis Núñez Bennett
I. La consolidación de la conquista y la defensa ante corsarios, filibusteros, piratas, y otras potencias
Para 1542, casi consolidada la conquista, con escasos reductos rebeldes en la provincia de Honduras y de Costa Rica, los conflictos de la época colonial fueron de poca magnificación y más se concentró en sofocar unas cuantas rebeliones indígenas, así como la defensa contra ataques de piratas. Ya para 1572 se registran la presencia de piratas como Francis Drake en Puerto Caballos, y más adelante en 1579, en el Pacífico, donde se afirmaba tenía su base en la isla del Tigre. En enero de 1579 el corsario William Parker saquea e incendia Trujillo. Tres años después en 1585 cuatro bergantines atacan Puerto Caballos y 30 saqueadores se adentran hasta San Pedro de Sula, ahí son atacados y derrotados por tropas españolas que incluía arrieros, vaqueros y flecheros indígenas de Ulúa. Uno de los ataques y resistencia más fuerte se dio en el año 1600, en Puerto Caballos, cuando 180 tropas se enfrentaron a 350 ingleses, que luego del desembarco fueron obligados a replegarse, no sin antes sufrir 47 bajas. Las incursiones de piratas continuaron hasta bien entrado el siglo XVII1. En Honduras, no escaparon a estos ataques los puertos y ciudades de Cortés, Omoa, Trujillo, Roatán, y Amapala2. Es durante este período cuando la corona española se embarca en la construcción de instalaciones fortificadas para detener los ataques piratas, así se construyen los fuertes de San Fernando de Omoa (1775), y la fortaleza de Santa Bárbara en Trujillo.
El hecho más relevante de este período es la alianza militar y operacional entre los ingleses y los misquitos (Sumos) de Honduras y Nicaragua, que a partir del año 1689 comenzaron a atacar varias poblaciones por tierra, mares y ríos: Aguan y Trujillo en 1689; en 1720 (500 zambos y 250 piratas) navegando por río Chamelecón atacaron Ticamaya y Candelaria; los piratas y zambos, establecidos en la desembocadura del río Tinto atacaron en Olancho a Catacamas y el Pataste3. Merece destacarse las tropelías de los misquitos por el hecho de que, con la ayuda de los piratas ingleses, vía marítima y fluvial, asolaron el Caribe centroamericano desde el golfo de Honduras hasta el Golfo del Darién (Panamá).
Durante ese período sobresale la figura del Capitán General Matías de Gálvez y Gallardo quien en 1778 recibió el mando de las fuerzas militares coloniales. Matías de Gálvez, un reformador, de inmediato restructuró las fuerzas militares mediante la creación y organización de guarniciones en todas las provincias, particularmente en Chiquimulilla, San Salvador y Comayagua. Su principal preocupación fue mejorar las defensas del territorio centroamericano amenazado por los británicos. La guerra estalló en junio de 1779, Matías de Gálvez asumió el mando y al frente de las tropas dirigió brillantes campañas militares hasta expulsar a los ingleses de las costas caribeñas de Centroamérica y de Belice, objetivo que logró para el año de 1783, luego del reconocimiento por parte de Inglaterra y Francia de la independencia de los Estados Unidos de América4. Su acción más brillante fue en el sitio de Omoa en el año 1779, luego de que el amanecer del 20 de octubre tropas del jefe inglés Bene Huelhe tomaran el Castillo de Omoa, capturando a sus doscientas tropas. Matías de Gálvez, al mando de 577 soldados y 34 oficiales, el 29 de noviembre, luego de cruentos combates, recuperó el castillo luego de que los ingleses se hiciesen a la mar. En esta acción se destaca la presencia de tropas de Comayagua al mando de Cayetano de Anzoátegui, quienes al tener noticias de los hechos, se movilizaron a marcha forzada y arribar a San Pedro Sula el 23 de octubre5.
Más adelante en marzo de 1782, Gálvez por órdenes del Rey de España, inicia las operaciones para desalojar los piratas de la isla de Roatán; en esta acción se destaca la presencia de milicianos de Tegucigalpa, Comayagua, Olancho y Gracias, al mando del Cnel. Manuel Machado. Se estableció una base de operaciones en Trujillo y solo se embarcaron 500 milicianos (entre ellos algunos de Gracias), la fuerza consistía de dos fragatas, una corsaria y una corbeta (con 56 cañones), además cuatro lanchas, dos balandras y cuatro goletas. Ante la negativa de rendición de los ingleses, se inició el ataque el 15 de marzo que duró hasta el 17, fecha en la cual los ingleses, esclavos y funcionarios británicos decidieron entregar la plaza6. Luego de esta victoria, Matías de Gálvez ya con el grado de Mariscal de Campo se dirigió a la desembocadura del Rio Tinto (actual Palacios) para desalojar las posiciones que los ingleses mantenían en ese sitio y expulsarlos definitivamente. Matías de Gálvez falleció en la ciudad México en el año 1784.

A. Los negros, mulatos y pardos en la milicia colonial
Sobre la disponibilidad de milicias de negros en Honduras, para los años 1739-1743 y 1767, la historiadora Mélida Velásquez, en un proyecto de investigación titulado El “Comercio de Esclavos en la Alcaldía Mayor de Tegucigalpa, Siglos XVI al XVIII” nos dice:
Tegucigalpa, Choluteca y Danlí fueron reportadas en el informe del alcalde mayor don Baltasar Ortiz de Letona (1739–1743), con ciertas cantidades de negros, mientras que a Orica, Cantarranas y Nacaome se les calificó como “absolutamente negras”. La participación militar de este componente fue muy importante. Ortiz de Letona registra la existencia de 12 compañías milicianas que, según Marielos Chaverri, tenían al menos 1,500 hombres armados de una población calculada en 300,000 habitantes. Para 1767, el número de enlistados en las armas se habría incrementado, pues solo en la jurisdicción de Nacaome, Goascorán y Aguantequerique se habían organizado diez compañías de milicianos conformadas por mulatos y pardos. Para el mando de aquellas diez compañías fue designado y nombrado el coronel Eusebio Laínez, por considerar que “no hay otro más desente para coronel por componerse dos partidos de negros y mulatos”8.
Según el historiador Zamora Castellanos, para mediados del siglo XVII, Honduras apenas contaba con una milicia de 150 ciudadanos para la defensa de Trujillo, en 1744 se le ordenó al gobernador de la provincia don Tomás H. de Arana que organizará cuatro compañías de 50 hombres cada una, exclusivos para la defensa de Trujillo. Las armas asignadas fueron 200 fusiles para defender el territorio. Para 1752, Omoa tenía unos 3,000 fusiles, piedras de fuego, balas, 16 cañones de hierro y 6 de bronce, ya para 1775 constaba con 43 cañones (entre culebrinas, cañones y morteros). Por su parte Trujillo, para 1642 contaba con 17 cañones y para 1782 se le agregaron 39 cañones capturados a los ingleses en Roatán9.
Las primeras milicias permanentes de Honduras se organizan en 1759, nombrándose como capitanes a Gregorio Osorio y Juan B. Nieto.
B. Herencia militar del período colonial
La herencia militar de este período fue la inclusión de indios, ladinos, negros y mulatos, con la posibilidad de adquirir el título de oficial en los grados inferiores al de capitán10 (en algunos casos, como en el partido de Tegucigalpa en el año 1735, una compañía de pardos exigían que se les nombrase un oficial de su mismo color)11 un gran avance, por cuanto en algunas leyes se prohibía a los indios montar a caballo y la Cédula Real del 19 de diciembre de 1682, prohibía portar armas a los zambos y mulatos12.
En Honduras, para 1642 se contaba con un Ejército (improvisado) de vecinos para defenderse de las incursiones piratas y ya para los años 1730 a 1734 existía el cargo de gobernador de las Armas13. A la par del crecimiento de las milicias también lo hacían los sistemas de justicia militar (administradas por medio de un auditor de Guerra), leyes y ordenanzas militares, ya para 1611 había un Código Militar, para 1701 una Ordenanza Militar y para 1786 mediante Real Orden del 15 de junio de 1786, se incluyó a los militares de alta en el fuero eclesiástico castrense.
La milicia tradicional o milicia cívica, consistía en compañías sueltas integradas por los vecinos y moradores aptos para el servicio militar. Por lo general no se les impartía ningún tipo de adiestramiento militar y eran responsables del mantenimiento del orden y seguridad solo en sus pueblos y distritos aledaños. Los oficiales y tropa gozaban de los privilegios del fuero militar solo durante períodos de campaña activa14. Hubo buenas intenciones para mejorar las cosas y establecer una fuerza militar profesional, se heredaron todos los sistemas de leyes y reglamentos, se le dio continuidad en la organización y políticas de defensa, sin embargo, el alto déficit heredado en el presupuesto nacional no les permitió invertir para fortalecer una fuerza permanente y proyectar su poder15.
Este ejército tenía como único propósito defender los bienes de la corona y el gobierno colonial por lo que muchos de los feudales y encomenderos lo miraban como una fuerza para mantener bajo control el creciente resentimiento de los mestizos, indios, negros, pardos y zambos. Lo anterior permitió desarrollar una fuerte relación entre los miembros de la alta clase económica y los que administraban, por encargo político, las armas de las provincias y aseguraban la preeminencia del Clero en los asuntos del estado provincial y del Reino.

1 Zamora Castellanos, Pedro: Vida Militar de Centroamérica. Guatemala. Segunda edición. Editorial del Ejército. 1966. Tomo I, página 71-72.
2 Ídem. pp. 69-78
3 Ídem.
4 Núñez Bennett, Jose L.; “Identidad Nacional y Fortalecimiento del Estado Nación en Centroamérica: Su influencia en la Defensa Nacional”. Tesis de Master para optar al título de Master en Defensa y Seguridad Centroamericana. Colegio de Defensa Nacional (CDN) y Universidad del Salvador, Buenos Aires, Argentina. 2008. Tegucigalpa, Honduras.
5 Zamora Castellanos, Pedro: Vida Militar de Centroamérica. Guatemala. Segunda edición. Editorial del Ejército. 1966. Tomo I, páginas 81-87.
6 Ídem. Tomo I, página 90-92.
7 Fuente: https://cologanvalois.blogspot.com/2011/07/matias-de-galvez-y-gallardo-y-sus.html
8 Velásquez, Mélida. El Comercio de Esclavos en la Alcaldía Mayor de Tegucigalpa, Siglos XVI al XVIII. © MESOAMÉRICA 42 (diciembre de 2001), Págs. 217. Disponible en: https://dialnet. unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2442835
9 Zamora Castellanos, Pedro: Vida Militar de Centroamérica. Guatemala. Segunda edición. Editorial del Ejército. 1966. Tomo I, páginas 100-111.
10 Barbosa Miranda, Francisco. Síntesis de la Historia Militar de Nicaragua. De las guerras intertribales precolombinas al ejército de Nicaragua. Managua. Editorial ARDISA. 1a. Edición, 2007. Nicaragua
11 Chaverri Mora, María de los Ángeles. Elementos de lo Político Administrativo en la alcaldía Mayor de Tegucigalpa durante la década de los cuarenta en el siglo XVIII. Publicación de la Carrera de Historia de Universidad Nacional Autónoma de Honduras. Tegucigalpa, junio de 1997. Página 11.
12 Zamora Castellanos, Pedro Gral. “Vida Militar de Centroamérica”. Tomo I. Guatemala. Editorial del Ejército, Segunda Edición. 1966, página 101.
13 Chaverri Mora, María de los Ángeles. Elementos de lo Político Administrativo en la alcaldía Mayor de Tegucigalpa durante la década de los cuarenta en el siglo XVIII. Publicación de la Carrera de Historia de Universidad Nacional Autónoma de Honduras. Tegucigalpa, junio de 1997. Página 11
14 González Alzate, Jorge. (Plumsock Mesoamerican Studies). Las Milicias y La Preservación del Dominio Español en los Altos de Guatemala, 1673-1821. Conferencia en el VII CONGRESO CENTROAMERICANO DE HISTOR
15 Pérez Brignoli, Héctor. (Editor). Historia General de Centroamérica. Tomo III. De la ilustración al Liberalismo. Sociedad Estatal Quinto Centenario y FLACSO. Ediciones Siruela, Madrid, 1993. Pp. 106-107