ENHORABUENA ¿Y EL PLAN URGENTE?

ENHORABUENA que alcanzaron el acuerdo ESAF con el tata Fondo y sus tías las zanatas. Por supuesto que sin ese certificado de buena conducta se disparan los factores de hostigamiento contra la salud macroeconómica. Ello es que a falta de confianza cesarían los desembolsos de los prestamistas internacionales. Y ya sin esos recursos los hoyos presupuestarios serían mayores. Las reservas débiles, más ahora que cobran precios de extorsión por las gasolinas que importamos y pagan precios de baratillo por el café que exportamos. Si bien los que recibieron dichos beneficios del perdón de la deuda los metieron en gastos de consumo –nada que ver con la estrategia de reducción de la pobreza elaborada por el gobierno que gestionó la gracia para que nos incluyeran en la iniciativa de los países altamente endeudados– Honduras, a partir de esa concesión pudo de allí en adelante endeudarse nuevamente en términos concesionales. Todos los gobiernos se han beneficiado de préstamos del BCIE –que a falta de promoción de imagen institucional pocos saben que tiene su sede en Honduras– del BID y del Banco Mundial. También de la comunidad de cooperantes que contribuye con recursos tanto en lo bilateral como a los fondos multilaterales.

Todo ello, gracias al borrón y cuenta nueva. Ello ha sido cómodo colchón con que han contado todas las administraciones que les permite, pese a la falta de esfuerzo interno, mantener la economía a flote. Aunque ya se están llegando a niveles superiores que pesaban antes de la condonación sobre las adoloridas espaldas hondureñas. El volumen de recursos frescos proviene de esos préstamos y de las remesas familiares. Eso nos lleva a otro tema. Si bien el acuerdo con las aves agoreras es menester por los motivos antes citados, dudamos que medidas orientadas a atacar la demanda de subsistencia –la que hay en estos pintorescos países acabados– en vez de incentivar la oferta, la producción nacional, con medidas de estímulo económico, vaya a generar los empleos que urgen al país. Hoy más que nunca, consecuencia de los tapones migratorios. La migración durante años fue la válvula de escape a la desocupación local. Con vuelto de chascada, ya que los que se fueron por no encontrar trabajo, aportan millonarios recursos a los parientes que quedaron atrás. Y eso es lo que está en juego ahora que México –para conjurar la amenaza arancelaria de POTUS– se ha convertido en muralla de contención, deteniendo y deportando a los peregrinos que hacen la tortuosa travesía hacia el norte. Pero además en cuasi “tercer país seguro”. De forma tal que ahora los que logran cruzar la frontera buscando asilo tienen que regresar a México a esperar el veredicto judicial a su petición.

Las nuevas medidas anunciadas por el Departamento de Justicia y Seguridad Nacional es más agua sobre mojado para los caminantes: “Un extranjero que entre o intente entrar en EE UU a través de la frontera sur sin haber solicitado protección en un tercer país fuera de sus países de ciudadanía, nacionalidad o de última residencia legal habitual que hubiese transitado en camino a EE UU, no es apto para asilo”. Para hacer efectiva la norma, Washington ocupaba, aparte de lo que ya obtuvieron de AMLO, que Jimmy Morales les prestara el territorio guatemalteco como “tercer país seguro”. Bueno, sería “cuarto país seguro”, ya que México se adelantó. Para eso era la reunión entre POTUS y el guatemalteco en la Casa Blanca, para firmar el convenio. Pero como en ambiente de chismosos nada es secreto, se filtró la pretensión y la Corte Constitucional guatemalteca apeó a Jimmy cuando ya tenía un pie en el avión. Con estos delicados giros a la realidad ¿no les parece que el gobierno y las cúpulas empresariales deben urdir, más volando que corriendo, un plan perentorio para crear fuentes masivas de empleo? Esa es la prioridad que no vemos del todo abordada dentro de las exigencias del acuerdo con las aves agoreras. Para dar trabajo al creciente batallón de desocupados, absorber a los deportados y emplear a los que se convenzan que a nada van al aciago trayecto, más que arriesgar sus vidas.