El Congreso Nacional, un nuevo palenque de un país anarquizado

Por Carlos Medrano
Periodista

Ver la última sesión del Congreso Nacional desarrollada en Gracias, Lempira, en la que el partido de gobierno contra “viento y marea” determinó realizar la sesión legislativa en Gracias, Lempira, ante la insurrección legislativa del Partido Libre, nos imagina algo así como un palenque donde dos gallos de pelean se disputan su propia subsistencia.

Anteriormente, Libertad y Refundación había boicoteado las últimas sesiones del Poder Legislativo, exigiendo que se nombre de inmediato a su representante en el recién creado Consejo Nacional Electoral, CNE y el Tribunal de Justicia Electoral, TJE.

El Partido Nacional exige al Congreso Nacional que proceda a aprobar las reformas electorales que regirán a los nuevos organismos electorales, lo que es considerado por la oposición política como una nueva táctica nacionalista para irnos con las mismas reglas del juego en las próximas elecciones.

El palenque, que es una valla de madera que sirve para defender un puesto, para cerrar o cercar un terreno es un término también atribuido a un atrio donde los gallos de pelea disputan la vida con filosos cuchillos en sus piernas.

Estos gallos de pelea son irracionales y están adiestrados para degollar el cuello del contrario, no escatimando cualquier esfuerzo para ganar la contienda.

Esa pelea de gallos es grotesca, de mal gusto, aunque siempre hay espectadores que aplauden el salvajismo, que gritan incentivando la violencia, que animan a un pobre animal a que mate sin misericordia y sin limite.

Este escenario de pelea de gallos pareciera replicarse en el soberano Congreso Nacional, que debería ser el oráculo del entendimiento, el recinto del diálogo y el consenso y la máxima expresión de llegar a acuerdos históricos en beneficio del país.

No hay nada de lo anterior, pareciera un ring en donde dos sordos, mudos y ciegos dicen a darse de trompadas en el cuadrilátero, hasta que gane el más fuerte o quien aseste un demoledor golpe.

Los diputados de Libre, al no poder ser escuchados en el hemiciclo, -por cierto, algunos intervienen por inmiscuirse en un tema que ni conocen, por hacer show o para decir estupideces y sandeces-, la única alternativa que tienen es provocar caos.

En el caos ellos se dan a conocer, han encontrado en los pitos y pitoretas su alternativa más racional, otros en medio de insultos y ataques han irrumpido en el estrado principal del Poder Legislativo, otros han tirado cohetes y los más violentos se han dado a los golpes.

El Congreso Nacional refleja lo que el país es, en este momento, hay una crisis a todo nivel, ingobernabilidad, caos, falta de credibilidad, falta de legitimidad y hay pesimismo.

Todos los hondureños deberemos orar por Honduras, por nuestras autoridades de gobierno, por nuestros empresarios, por nuestros congresistas, a nadie le conviene este curso de país, solo a aquellos que han hecho del caos su modus vivendi.

Pónganse de acuerdo políticos, no actúen como animales, dialoguen que están llevando a este país al despeñadero, están llevando al país a un profundo agujero que a lo menor nunca podremos salir.

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