Por Juan Ramón Martínez
Antes de Carías Andino, el iniciador del centralismo presidencial, el Congreso Nacional, vía moción de censura, podía remover del régimen a cualquiera de los secretarios de Estado. El último que dejó el cargo, por esta vía, fue Filander Díaz Chávez, en el régimen de Mejía Colindres el que, después de una moción de censura del Congreso dominado por el Partido Nacional, tuvo que presentar su renuncia como secretario de Hacienda.
Desde entonces, los gabinetes presidenciales, han tenido diferentes figuraciones, grados de eficiencia y cercanía con las necesidades populares.
Carías Andino, nunca reunió a los secretarios de Estado en un consejo general; y tampoco aprobó ninguna medida conjunta, porque al viejo guerrillero de mil batallas, le bastaba la conversación con el general Henríquez, pagador de Caminos y Obras Públicas, la opinión calificada de Rodríguez, administrador de la Casa Presidencial y la información de los 17 comandantes militares que, en cada una de sus zonas de influencia, cumplían la función de pequeños presidentes que tomaban todas las decisiones, en una descentralización contradictoria con la naturaleza del régimen que desconfiaba de los militares y solo tenía respeto por la Fuerza Aérea, por su capacidad de movilizar tropas, hacia aquellos lugares en donde los levantiscos liberales, alteraban la paz. Su sucesor, Gálvez Durán, tampoco tuvo secretarios de Estado que brillaran con luz propia por su atención a determinadas áreas de trabajo. Incluso, Julio Lozano, manejaba un perfil bajo y solo Gálvez se movía en el país, visitando ciudades, acompañado de Armando Velásquez Cerrato y otros amigos que mantenía en las diferentes regiones del país. Cuando lo sucedió Lozano, en carácter de vicepresidente, una vez que presentara su renuncia, el pueblo conoció un gabinete de integración. El primero de la historia del país. Los liberales tenían “ministros”, que algunos de ellos, se quedaron en el gabinete, una vez que los liberales le retiraron el respaldo a Lozano, cuando mostró sus ánimos continuistas.
Es hasta el gobierno de la Junta Militar, en que los secretarios de Estado empiezan a tener alguna figuración propia y particular, misma que se amplía en el gobierno de Villeda Morales, cuando cada uno de ellos asume tareas específicas, responsabilizándose por sus resultados. El presidente era el líder del gabinete; pero los integrantes del mismo tenían figuración. E incluso, con clara opción de atraer a la opinión pública, en la búsqueda de una candidatura para suceder a Villeda Morales. Óscar A. Flores, desde el Ministerio de Trabajo y Andrés Alvarado en la Cancillería, fueron ejemplo de cómo, los secretarios de Estado, eran figuras cercanas a la ciudadanía que, asumían responsabilidades y le informaban al presidente Villeda Morales de sus resultados.
En este proceso de significación del gabinete, cuyos secretarios habían asumido el carácter de ministros, –sin serlo porque el régimen político nunca ha sido parlamentario–, el punto culminante se alcanza con Oswaldo López Arellano. Este fue un hombre consciente de sus limitaciones; pero con habilidad para rodearse de destacadas personalidades, que le permitieron la cómoda dirección del país, sin involucrarse en las tareas cotidianas de la administración pública. Posiblemente tuvo uno de los mejores gabinetes que presidente alguno ha tenido, en toda la historia. Azcona mantuvo la misma postura, aunque no contó con la calidad requerida, en vista de la tutela de los militares que, decidían quién debía ocupar cargos, como había ocurrido con Suazo Córdova. En cambio Callejas es el presidente que conduce su gabinete con más espíritu moderno. Son ciudadanos responsables que cada semana le rinden informes de sus resultados, en tanto que él maneja la globalidad del gobierno. En cambio Carlos Flores es el gobernante que, menos se ha ocupado de conducir a su gabinete. Esta tarea, se la entrega a Gustavo Alfaro, –un primer “ministro” de hecho– para dedicarse a moldear la imagen de su régimen y dirigir las percepciones de la opinión pública.
JOH, en un golpe de timón, en cambio, asume la dirección del gobierno y concentra en sus manos todas las tareas, convirtiendo su gabinete en entidad clandestina, porque sus miembros, más que secretarios, son servidores que no asumen responsabilidades, porque todo lo hacen en nombre de JOH. Al que, en la crisis que vivimos, se le atribuyen todas las responsabilidades. Nadie exige cambio de gabinete. Se reclama la remoción del Presidente. Cosas de estilo, verdad.