LA cita en la Casa Blanca entre POTUS y Jimmy estaba montada. De pronto cancelan la reunión. Trascendió en medios norteamericanos que de allá amenazaron suspenderla salvo que el guatemalteco fuera a firmar el convenio convirtiendo su país en “tercer país seguro”. Sería “cuarto país seguro” ya que el AMLO se adelantó ofreciendo a México como “tercer país seguro” a cambio de interrumpir el castigo arancelario. Sin embargo, el gobierno guatemalteco negó que se pretendiera firmar un acuerdo de esos alcances. Dijo haber propuesto la reprogramación de la cita “debido a especulaciones surgidas y las acciones legales interpuestas, admitidas para su trámite por la Corte Constitucional”. Los jueces, un día antes de la proyectada cita, prohibieron temporalmente que Guatemala se convierta en “tercer país seguro”. Ello es que los migrantes que pretendan solicitar asilo en los Estados Unidos, tramiten en Guatemala su petición, no en la frontera norteamericana y esperen allí la resolución judicial a su trámite.
Según el boletín emitido por el gobierno guatemalteco “Guatemala es considerado por los Estados Unidos el principal aliado regional en las luchas contra las amenazas transnacionales”. La frustrada reunión la justifica el comunicado “con el propósito de dar seguimiento a la agenda bilateral”. Sin embargo, dudoso que POTUS concediera entrevista a Jimmy solo para la discusión de temas bilaterales –cuando otros jefes de Estado latinoamericanos no han tenido el privilegio de tales encuentros bilaterales– a no ser algo gordo e importante para el estadounidense, en términos de su campaña inmigratoria. Más pareciera que fueron los magistrados guatemaltecos que atajaron la intención cuando aceptaron de manera provisional tres amparos advirtiendo en su resolución: “Se previene al presidente de la República de Guatemala de acuerdo al artículo 171 de la Constitución, asumir la decisión, en nombre del Estado de Guatemala, de constituir al territorio nacional como un tercer país seguro”. Improbable que haya reprogramación de dicha reunión –o interés alguno de POTUS de sostenerla– una vez que la Corte Constitucional resuelva que la pretensión del Ejecutivo, si la tuvo, contraviene la Constitución de la República. Aparte de ello a Jimmy se le agotó el tiempo. La señora exesposa del otro expresidente por un pelito ganó la primera vuelta y la segunda tanda que dilucidará el resultado, se efectuará en 30 días. Así que al “outsider” que ganó la Presidencia bajo el influjo de las antorchas encendidas en las calles y de los twitter de la embajada, bajo el grito de campaña “no soy ladrón”, una vez que le cayó encima “Iván el Terrible”, hasta allí llegaron las ilusiones del cacareado cambio.
Quienes conocen lo que allá se transpira advierten que ya días el país vuela, a baja altura, con piloto automático, ya que dirección de gobierno es lo que menos existe. Una inmovilización administrativa, estancada en el temor de los funcionarios –desde el jefe para abajo– a ser procesados si la ruleta les canta su número de la suerte. En desquite –“por persecución selectiva, propiciar el terror judicial e intromisión en los asuntos soberanos de Guatemala”– Jimmy mandó a la CICIG a echar pulgas a otra parte. Allá en una catacumba de la Secretaría General de la ONU opera el temido fiscal colombiano, pero ya con oficinas bastante destartaladas. Con la descalificación de la fiscal alera del colombiano, que utilizó el cargo y la fama de trampolín para incursionar en política, cuando su partido no fue inscrito para participar en comicios, se extinguió la esperanza de la CICIG de retomar el poder. Los “anti sistemas” por ahora, quedaron proscritos del imaginario colectivo guatemalteco que, en las recientes elecciones, regresaron a probar con los mismos resabidos de la política tradicional.